FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

GUSTÓ CONDE, TRIUNFÓ POR FIN "EL JULI" Y EMOCIONÓ TEJELA

La excesiva y desigual corrida de Juan Pedro Domecq dio opciones a la terna por manejable aunque no brava. Solo Julián López logró una oreja mientras Javier Conde y Matías Tejela las perdieron con la espada

Pamplona. Plaza Monumental. Décima y última de feria. Calor y llenazo. Seis toros de Juan Pedro Domecq, sobrepesados y excesivamente altos en desigualdad de hechuras, pelos y cornamentas. Por más claro y completo destacó el más vareado quinto y por más encastado aunque algo descompuesto el sexto. Javier Conde (blanco y azabache): Sartenazo y descabello, aviso y vuelta al ruedo. Cuatro pinchazos a paso de banderillas y sartenazo de igual guisa, silencio tras algunos pitos. "El Juli" (amapola y poco oro): Dos pinchazos y estocada contraria, silencio tras leve división. Estoconazo muy trasero caído, oreja. Matías Tejela (turquesa y oro): Estocada desprendida y descabello, palmas. Estocada corta y cuatro descabellos, aviso y división con predominio de las palmas. Muy bien Carretero en palos.

La última tarde de la feria traía su morbo por adelantado. El genial Javier Conde había sido designado como sustituto de Enrique Ponce y todo el mundo hacía cábalas sobre si encajaría o no en los gustos taurinos de Pamplona ante uno de los corridones que aquí sueltan. "El Juli", por su parte, llegaba imperiosamente obligado a triunfar tras su gris e incomprendida primera actuación. Y el nuevo valor Matías Tejela también cumplía su feria tras la anterior jornada en pos de ratificar su incipiente estrellato. Total, mucha expectación en medio del ambiente que siempre rodea el alegre a la par que triste final de la gran fiesta sanferminera. Hubo suerte a medias con los toros para los tres matadores y cada cual a su modo y manera cubrió felizmente el compromiso aunque con desigual acierto a espadas, razón que declaró vencedor a "El Juli" y limitó el éxito que podrían haber alcanzado sus compañeros.

El más sorprendente lo podría haber conseguido Javier Conde que, digan lo que digan, cautivó a los espectadores, incluso a los del sol, nada más aparecer en la puerta de cuadrillas enfundado en un original y precioso vestido blanco y azabache que le cae pintiparado a su figura y semblante dignos de un Laurence de Arabia del toreo… Pero es que con el primer toro, Conde estuvo sembrado aunque prudente y distante con la muleta que manejó templado, desinhibido y con notorio desparpajo con la mano derecha – el lado izquierdo solo lo aceptó en los de pecho de remate – hasta que, repentinamente y sin complejos, se atrevió a citar en su versión Niyinski para dar un pase cambiado e inmediatamente, ligar tres redondos ya ajustado y hundido. Tanto entusiasmó el malagueño en su particular creación, que repitió el hallazgo logrando que la gente se arrancara en ovaciones tanto o más que el inspirado artista. Desde luego que si llega a matar a la primera y no tan en los bajos como lo hizo, hubiera cortado una oreja y le habían pedido la segunda. La prueba es que dio la vuelta al ruedo más celebrada de la tarde. Después, con el tremendo, hermoso, incierto y casi parado jabonero cuarto, Conde no se atrevió aunque lo intentó sobre la zurda y poco faltó para pegar un mitin con la espada sin que el gentío se enfadara demasiado. En definitiva que, fuera como fuese, Conde debutó entrando en el corazón de los pamplonicas. Enhorabuena y, a quien le pique, que se arrasque.

La oreja que le cortó "El Juli" al quinto toro de Juan Pedro – el más completo y fácil del lote – le gustó tanto al torero que la sostuvo con firmeza en su mano mientras la paseó en la vuelta al ruedo. No era para menos. La ganó en toda lid muleta en mano con una faena redonda, intensa, templada y propia de la maestría que ostenta la gran figura. Ni un pero. Alegría en el semblante del matador, de los que estaban entre barreras y de los aficionados. A todos, a la Fiesta misma, nos hacía mucha falta que "El Juli" triunfara en Pamplona y, menos mal, porque con su primero anduvo tan soso como el toro y tan distante y friote como anteayer.

Me interesaba ver de nuevo a Matías Tejela, uno de los toreros que más ilusionan últimamente. Tibio, sin echar todo el carbón que hacía falta con el manejable y poco repetidor tercero, no hallé ocasión de congraciarme con el de Alcalá de Henares por demasiado conformista. Reconciliación que me había llegado antes, cuando toreó con el capote a la verónica, y con el encastado sexto cuando hizo lo mismo en pie tras hacerlo inconvenientemente de rodillas. También en su valiente faena de muleta encarando embestidas posibles aunque algo descompuestas. Aunque no hubo unidad ni siempre temple, muchos muleltazos resultaron hondos a la par que emocionantes. Claro que si hubiera adelantado siempre la mano al citar, el trasteo lo hubiera resuelto más redondo y, sobre todo, más limpio. Lamentablemente, falló repetidamente con el descabello por no sacar la espada antes de agredir con el estoque de cruceta.