José Antonio del Moral

FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

 

PAMPLONA SE VUELCA CON “EL CID” EN UNA BUENA AUNQUE EXCESIVA CORRIDA DE JANDILLA

 

El diestro de Salteras se encontró con dos excelentes aunque diferentes toros y les cortó tres orejas por lo que salió a hombros. A ambas reses las mató de magníficas estocadas y, gracias a ello, logró una actuación casi redonda aunque con su primer toro no acabó de estar a gusto ni relajado pero sí con el quinto al que toreó divinamente a la verónica y cuajó el mejor toreo en redondo de la feria, por ahora. Al torero local, Francisco Marcos, le regalaron la oreja del noblote primero y a Salvador Cortés la del sexto pese a matar de estocada caída. Sin embargo, Cortés anduvo ayer más firme, asentado templado que en su triunfal actuación anterior que le valió sustituir a “El Fandi”.

 

Plaza Monumental de Pamplona. 11 de julio de 2007. Séptima de feria. Tarde nublada y progresivamente fresca con lleno total. Seis toros de “Jandilla”, sobrepesados y algunos (primero y sexto) gigantescos. Tales excesos influyeron negativamente en su comportamiento y en su buen fondo que les costó sacar aunque, a la postre y en su mayoría, exhibieron en cuanto a bravura y nobleza. Destacaron el más bravo segundo por el lado izquierdo y el algo desrazado quinto por el derecho que fue de lío grande. Noblote aunque soso el primero. Muy mermado de fuerza el tercero. Corto y brusco el más feo cuarto que salió con el hierro de Vegahermosa. E importante y a más el sexto pese a su poca fuerza inicial. Francisco Marco (corinto y oro): Casi entera desprendida, oreja pamplonica. Pinchazo y estocada, aviso y ovación. El Cid (gris perla y oro): Buena estocada, oreja. Gran estocada, dos orejas, excesiva la segunda. Salvador Cortés (turquesa y oro con remates negros): Estoconazo caído, petición insuficiente y ovación. Estocada caída, oreja alegre. En palos destacaron Alcalareño y Curro Robles.

 

Tarde muy entretenida por variada aunque con desigual fortuna para los actuantes. Arropado por sus paisanos, como siempre, el diestro navarro, Francisco Marcos,  hasta se llevó la oreja del primer toro con lo que la cosa se puso un tanto barata en cuanto a la concesión de trofeos. Salvo por la imponencia del ganado, la de Pamplona es ahora mismo una de las plazas más fáciles de España. Por eso no fue de chocar que a El Cid le dieran tres. ¿Cómo no iban a dárselas si estuvo infinitamente mejor que Marquitos? No obstante, habrá que matizar lo que hizo El Cid porque, si con el bravo y encastado segundo toro estuvo por bajo, en el quinto logró los mejores lances y muletazos de la feria pese a no redondear su faena más celebrada. Claro que, las magníficas estocadas que propinó a sus dos toros valieron por sí mismas sendos trofeos, que todo hay que decirlo. Y en cuanto al sustituto de El Fandi, Salvador Cortés, tengo que confesar que en mi opinión anduvo mucho más asentado, firme y sobre todo más templado que su triunfal actuación anterior. Y es que a estos toreros tan toscos como valientes – Cortés lo es sin ninguna duda – y no dotados de exquisitas maneras, les van más los toros con problemas que los de clase. A Cortés la pidieron la oreja del tercero y le dieron la del sexto un tanto alegremente aunque en estricta justicia si compramos su importante faena con la que había hecho Marcos.

 

Muy buen fondo tuvo la gigantesca corrida de Jandilla aunque es esta ocasión el exceso que kilos influyó negativamente en su comportamiento si bien no hasta el punto de resultar imposibles. En su mayoría, los toros se prestaron al lucimiento y algunos al triunfo claro. Como viene siendo costumbre, el mejor lote se lo llevó El Cid. Y no lo digo en demérito del torero de Salteras sino para dejar las cosas en su sitio. Como también que ayer me encantó en el recibo por verónicas a sus dos toros - soberbias las del quinto - y en su posterior faena de muleta que con la mano derecha alcanzó altas cotas de temple y hondura. Ese es el gran toreo que El Cid debe hacer cuando le sale un toro como este quinto de Jandilla y el que hay que exigirle aunque se enfade.

 

Con el segundo anduvo dispuesto pero un poco acelerado e incómodo, sin terminar de acoplarse ni de templarse. También creo que se equivocó al insistir por el lado derecho cuando el toro se había prestado más al natural. En ocasiones suceden estos pequeños misterios durante algunas faenas que uno, desde el tendido, no se explica. Pero así fue. Como también que a este segundo toro lo mató de maravilla El Cid. Y aún mejor de extraordinario volapié al quinto tras haber embestido dulcemente y con largura por el lado derecho e incluso abriéndose en cada pase, lo que tanto gusta a los toreros. Por eso se confió totalmente y, citando desde lejos, cuajó las tres tandas mejores, las más despaciosas – lentísimo e interminable cada pase - y cadenciosas que le he visto pegar en la presente temporada, por ahora. También anduvo templado aunque no tanto con su famosa mano izquierda con la que tampoco terminó de sentirse bien. Sin redondear totalmente, pues, esta faena de El Cid  ha sido la más encendidamente gozada por el momento en esta feria. Quede el dato para los que tanto me acusan de odiar al, por cierto, nada odiable sino gran persona que es Manuel Jesús. Enhorabuena.

 

De Francisco Marcos decir que anduvo simplemente discreto aunque queriendo mucho con el toro de la oreja que fue un animal noblote sin más. Se dejó y punto. Marcos suele quejarse de que en Pamplona siempre corta orejas pero que luego no le sirven para torear en otras plazas. ¡Pues claro¡. Como Marcos y aún mejores hay siete mil. Es el sino de los toreros locales que, dicho sea de paso, tanto tenemos que padecer las empresas y los aficionados en casi todas las plazas. Con el cuarto, que fue el peor de los lidiados ayer, se pasó en sus baldíos intentos hasta que, por fin, lo mató. Momento en que todos respiramos aliviados.

 

Ya he señalado que ayer me gustó más Salvador Cortés que su anterior actuación y así fue. Solo que, por ir detrás de El Cid, la gente aplicó el sentido de la comparación. El otro día sus colegas estaban asustados y Cortés no. Y en esta corrida de Jandilla, ciertamente tampoco. Muy, pero que muy valiente con sus dos toros anduvo Salvador. Dio el aire y la distancia que requería el flojo tercero hasta que terminó parándose. Y mejor aún con el sexto que entendió muy bien en la corta distancia que pedía hasta torearle casi a placer con ambas manos, lo que le valió el trofeo que cortó para no irse de vacío pese a lo caída que le cayó la espada.