José Antonio del Moral
FERIA DE SAN
FERMÍN EN PAMPLONA
EL MORBO CEBADA-TALAVANTE
QUEDÓ REDUCIDO A UNA OREJITA Y DE REGALO
Se la dieron tras una firme aunque
volandera faena de muleta que cerró con descabello tras atravesar al tercer
toro que, además, fue uno de los dos buenos de una desigualísima corrida de la
famosa ganadería gaditana. El quinto fue el otro toro bueno – más bien,
buenísimo - y le correspondió a Juan Bautista Jalabert
quien, pese a tener el triunfo en la mano en tal o cual pasaje muletero, lo
dejó escapar quedando inédito. López Chaves, por su
parte, volvió a evidenciar que sigue sin confianza en sí mismo y, por tanto, en
prolongado mal momento.
Plaza Monumental de Pamplona. 10 de julio de
2009. Sexta de feria. Tarde cambiante con el lleno habitual. Seis toros de
Cebada Gago, el último con el hierro de Hermanos García Cebada. Recortados
aunque con cara los tres primeros y mucho más cuajados los demás que exhibieron
espectaculares cornamentas. También dieron juego muy desigual con el predominio
de los faltos de fuerza y sin clase alguna salvo el muy bonito tercero que
resultó muy noble y, sobre todo, del hermoso jabonero quinto, el más fuerte,
noble y a más del envío. El cuarto desarrolló mucho peligro. Y el sexto, tan
serio como manso, distraído y complicado, se rajó y terminó echándose aunque lo
levantaron para ser estoqueado. Domingo López Chaves
(marino y oro): Dos pinchazos y media estocada, aviso y silencio. Casi entera
desprendida, silencio. Juan Bautista Jalabert
(almirante y oro): Estocada atravesada a todo arrancado y seis descabellos,
silencio. Pinchazo, casi entera tendida y cuatro descabellos, silencio.
Alejandro Talavante (ciclamen y oro): Estocada
travesada que hizo guardia y descabello, oreja de regalo. Dos pinchazos y estocada
corta, silencio.
Reconozcamos que el mayor interés de este quinto
festejo de San Fermín recaía en la presentación de Alejandro Talavante, nada menos que anunciado con la corrida, siempre
temible, de Cebada Gago. La fama de que venía precedido el fenómeno extremeño,
tan pronto genial como otras tantas veces inexplicablemente alelado o incapaz,
daba para todo el morbo del mundo. ¿Cómo estará?, ¿se dejará matar como
proclaman sus panegiristas y hasta el propio torero en sus sorprendentes y
misteriosas declaraciones?, ¿triunfará?, ¿fracasará? Se hacían apuestas en
todos los sentidos aunque, como es lógico, predominaba la ilusión por verle
como en Fallas o en la pasada feria de Sevilla. No ocurrió nada de lo previsto.
Porque lo que se dice fracasar, no sucedió. Pero tampoco triunfó pese a la
oreja que le dieron del tercer toro, un precioso y bien construído
aunque terciado colorao, muy en tipo Núñez, que por
sus hechuras no tenía más remedio que embestir. Lo hizo con pronta alegría y
sobrada nobleza aunque sin humillar del todo.
Entonces, ¿cómo anduvo Talavante?
Pues bien en la brega al recibirlo sin dejarse enganchar el capote hasta
recetar muy quieto tres lances y media en los medios, dispuesto gestualmente en
su brindis, también desde los medios, donde se quedó impertérrito para dar
cinco estatuarios seguidos sin mover una pestaña mientras el toro iba y venía
obediente, de nuevo muy firme tanto por redondos como después al natural pero…
Pero sin que bajara casi nunca la mano en cada pase y, por tanto, llevando casi
siempre la muleta volandera, a su aire, a la altura de los ojos del burel y,
por tanto, sin terminar de someter al toro ni de convencernos a los que le
hemos visto bien y sabemos de lo que es capaz cuando este torero está en vena.
Cosa que no ocurrió con los demás presentes, la inmensa mayoría, entusiasmados
finalmente y en tan alto grado con las manoletinas que dio para rematar su
obra, que a muy pocos les debió importar un comino que recetara un horrible espadazo, tan atravesado por entrar a matar echándose fuera,
que la punta del estoque asomó por un costado del toro y no resultó efectivo
por lo que necesitó usar el descabello aunque en una sola y definitiva vez. Flamearon
entonces los pañuelos, el presidente sacó raudo el suyo, y orejita de regalo al
canto. Tengan la seguridad tanto los que pidieron el trofeo como quienes lo
concedieron, que esa faena que premiaron a Talavante
no fue ni de lejos como las mejores que ha hecho y que ayer estaba obligado a
hacer con el magnífico toro que tuvo que enfrentarse por delante. Pues eso y
santas pascuas.
Quedaba el sexto. También en los corrillos de la
mañana se había comentado que este
torazo tenía un par de guadañas como para asustar a cualquiera. Y la verdad es
que, cuando apareció en el ruedo, se cumplieron las previsiones aunque solo por
el serio aspecto del burel. Pero no por lo que llevaba dentro. Pura
mansedumbre. No era del principal hierro de la casa y se notó. Distraído,
yéndose una y otra vez a tablas, y embistiendo sin celo ni codicia alguna. Nada
de nada pudo hacer en serio Talavante con semejante
animal que, encima, terminó echándose por su cuenta junto a los tableros. Lo
levantaron y volvió a echarse. Lo volvieron a levantar por segunda vez y Talavante aprovechó para entrarlo a matar, necesitando de
tres agresiones para conseguirlo. Una pena y nada más. Veremos qué pasa en la
próxima corrida que le queda en Pamplona.
El otro buen toro de la corrida de Cebada fue el quinto.
Jabonero de pelo y muy en la línea de con lo que han cruzado últimamente de Cuvillo. Aunque no pasó nada con el capote, le dieron muy
seriamente en el segundo puyazo y el hermoso animal se fue arriba en
banderillas. En este ir siempre a más destacó el toro sobre su buen hermano
tercero y también por su gran y profundo lado derecho aunque tampoco desmereció
el izquierdo. Juan Bautista, que había quedado a la par en sosería y nulo
lucimiento con su primer toro aunque también se dejó, empezó muy bien su faena
frente al jabonero por bajo. E inmediatamente también bien por redondos que
ligó a un sensacional pase de pecho. Y nos fuimos arriba a la vez que el toro
siguió a más y a mejor. Que no la faena porque la segunda tanda por redondos
decayó. Como asimismo por irregular traza al natural aunque los último y el de
pecho volvieron a gustar. Un pase de las flores ligado a otro redondo cosido al
de pecho tras cambiarse la muleta de mano, volvió a reconciliarnos con el
diestro de Arles y cuando parecía tener en la mano
una oreja aunque no las dos que el toro llevaba colgando, pinchó Juan Bautista,
repitió con más acierto la segunda vez y lo perdió todo con el descabello.
Lástima de oportunidad fatalmente perdida.
De Domingo López Chaves, decir
para acabar que cuando a un torero que lo basa todo en las agallas y en el
valor se le escapan, no le queda otro remedio que recuperar el ánimo como sea
porque no puede dar otra cosa. Ayer, para colmo, tuvo que enfrentarse al peor
de la corrida. Un cuarto realmente peligroso por el lado izquierdo que
acrecentó sus dificultades al descubrir indefenso y desanimado a su matador.
Así llevamos viendo a Domingo desde que sufrió su
última cornada y bien que lo sentimos. Grita mucho en cada cite, lo hace
siempre sin cruzarse ni ganar el paso que hay que dar tras cada pase, se le ve
a merced de los toros porque en ese sitio que se pone ahora, le ven. En fin. Que
así no hay manera y menos parecerse a lo que fue. Ojala que se recupere pronto
porque si no…