José Antonio del Moral

FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

 

SALVADOR CORTÉS, ÚNICO AUNQUE INSUFICIENTE TRIUNFADOR EN UN HISTÓRICO CORRIDÓN DE FUENTE YMBRO

 

Del bravo y muy encastado tercer toro le regalaron la segunda oreja, y del sexto - que fue de rabo - sólo cortó un trofeo por una faena más templada que la anterior aunque muy por bajo de su gran clase pese a rajarse al final. Por lo demás, la extraordinaria corrida fue inadmisiblemente masacrada en varas y lamentablemente desperdiciada por Antonio Ferrera, que reapareció precipitadamente y en consecuencia sin facultades tras el percance que sufrió hace días en Teruel. Como también e incomprensiblemente por Matías Tejela que dio un recital de incompetencia frente a un lote de revolución.

 

Plaza Monumental de Pamplona. 9 de julio de 2007. Quinta de feria. Tarde muy fresca con el llenazo habitual. Seis toros de Fuente Ymbro, magníficamente presentados, bravos, encastados y nobles en distintos grados, sobresaliendo el jabonero quinto por su bella estampa y por más completo, además del sexto por su gran clase aunque se rajó al final de la faena. Varios deberían haber sido premiados con la vuelta al ruedo en su arrastre pese a que, por excesivamente castigados en varas, no llegaron a la muleta con el brío que hubieran tenido de haber sido lidiados a favor y no a la contra sin más razón, imagino, que su imponente trapío que asustó a los encargados de lidiarlos. Antonio Ferrera (lirio y oro): Pinchazo y estocada casi entera desprendida, silencio. Pinchazo y estocada trasera caída, palmas. Matías Tejela (verde botella y oro): Dos pinchazos y un tercero hondo, silencio. Dos pinchazos y estocada baja, silencio. Sebastián Cortés (corinto y oro): Estoconazo caído, dos orejas, excesiva la segunda. Buena estocada, oreja tras enorme ovación para el toro en su arrastre. Cortés salió a hombros. Mal la presidencia por conceder la segunda oreja del tercer toro a Cortés y mal el público que solo reaccionó a favor de los toros al final del festejo, sin que el palco accediera a conceder la vuelta que el público pidió, esta vez sin toda la razón aunque, por el conjunto de la corrida, deberían haber sacado a saludar al mayoral e incluso al ganadero que se encontraba en el callejón.         

 

Aunque la tarde contó con el primer triunfo grande de esta feria, el logrado por Salvador Cortés que hasta fue sacado a hombros al cortar tres orejas, el meollo de esta crónica debo dedicarlo a la corrida de toros que trajo Ricardo Gallardo, de la que estoy por decir que va a ser la corrida del año por presencia, esencia y potencia en grados superlativos y hasta diría que imposibles de superar. Ya hace años se lidió aquí en Pamplona otra memorable de su ganadería hermana, Jandilla, y creo recordar que con más suerte que la de ayer de Fuente Ymbro porque, aunque no del todo, aquella se aprovechó mejor.

 

En cualquier caso y aún reconociendo que no todos los aficionados son capaces de descubrir las buenas condiciones de la reses de lidia cuando los toreros que se enfrentan a ellas se muestran incapaces de lucirse como debieran o actúan por bajo de la calidad de sus oponentes - unos por circunstancialmente miedosos y otros porque en tal menester no tienen remedio - debo afirmar que los toros de Fuente Ymbro de ayer tuvieron muy mala suerte con los toreros. Y en tal lamento incluyo al único triunfador del festejo aunque, en su caso, también quepa afirmar que dio de sí lo que el chico puede dar. No se pueden pedir peras al olmo aunque sí dolernos porque si los dos toros que le cupieron en suerte a Sebastián Cortés hubieran caído en manos más expertas y, sobre todo, en las de un gran torero, a estas alturas estaríamos toreando todos por las calles.      

 

La alegría, la prontitud, los muchos pies y la picante casta del tercero no fue totalmente domeñada por la irregularidad con que Cortés lo templó en su también desigual faena que remató pronto y eficazmente con la espada, lo que provocó se desbordara definitivamente el entusiasmo del público, ya desde antes emocionado por lo mucho que el toro trasmitió. De ahí la petición alocada de la segunda oreja que el palco no debió conceder de ningún modo. Desafuero que luego, con el sexto, no se repitió pese a resultar la faena de Cortés más sosegada y más templada que la anterior aunque no tan emocionantemente terminada – la primera con unas giraldillas angustiosamente cambiadas, la segunda por circulares ya en tablas en donde el toro terminó refugiado una vez rajarse – y ello aparte la gran clase del animal en su dulce, obediente y largo embestir, condiciones que pedían a voces otro torero asimismo con más largo y cadencioso, más sabroso y sentido toreo de muleta. ¿O no? Pero bueno. Dejemos en paz y feliz a Cortés que tiene motivos para estar satisfecho aunque muchos de nosotros, no.

 

Lo demás fue más que lamentable, inadmisible. Porque señores, con todos los respetos para empezar con Antonio Ferrera a quien ni yo ni nadie querrá restar méritos por el tremendo esfuerzo que tuvo que hacer al matar este corridón sin estar totalmente repuesto de su grave percance en Teruel, hay que señalarle también la inoportunidad de reaparecer tan precipitadamente con las consecuencias que le trajo. No estar con la seguridad y la firmeza debidas frente a dos toros que en su aún delicado estado físico – al cuarto lo lidió desvestido de la chaquetilla –, no tuvo más remedio que dejar que se los picaran malintencionadamente para dejarles a modo de un viejo y acabado matador, sin que ni siquiera tan alevosa “prudencia” le valiera para banderillear medio bien – desde luego no como sabe y puede en su mejor versión - y menos aún para enfrentarse a ellos con la muleta, cosa que Ferrera hizo intentado vendernos una mercancía infinitamente menos valiosa que la que pretendió sin resultados de cara al público que, ésta vez, no tragó ni una mirada del ibicenco-extremeño quien, cariacontecido, hizo gestos de sentirse incomprendido sin razón. De sobra sabía él que aquello que estaba haciendo no era ni de lejos lo que hubiera logrado de haber actuado en mejor situación. Sobre todo con el cuarto toro que fue mejor que el que abrió plaza, quizá el menos bueno del histórico corridón.  

 

Y en cuanto a Matías Tejela, peor. Mucho peor. Porque Matías no tenía ningún motivo ni edad pasada para que le mataran a los toros en el caballo como lo hicieron sus picadores y, luego de cometida la masacre, intentar hacernos creer que quería torear sin lograrlo en serio y de verdad ni una vez. Con el segundo, muy noble aunque algo gazapón, el de Alcalá de Henares gazapeó tanto o más que el toro. Y con el sensacional jabonero quinto, mejor no entrar en los detalles de su increíble e incalificable castigo en varas. El pelaje del toro se tiñó de sangre derramada a borbotones que fue haciendo charcos por donde el animal pasó y, pese a estar muerto, siguió embistiendo aunque dando la impresión de doliéndose por dentro por no poder hacerlo de no haber sido demolido con tan infame carnicería. Una vergüenza de la que deberían dar explicaciones no solo el propio matador. También sus dos apoderados, sus consejeros más cercanos y los periodistas de su muy especial camarilla que llevan meses y meses intentando convencernos a los demás que estamos ante un torero de los caros. Pues ya vieron ayer a donde llegó la pretendida carestía en uno de los grandes escenarios del toreo mundial. A una situación de inapelable dimisión.