José Antonio del Moral
FERIA DE SAN
FERMÍN EN PAMPLONA
DOLORES AGUIRRE: CINCO TOROS DE SEIS.
TOREROS: CERO PATATERO
Mejor lidiados y con toreros más
dispuestos, valientes y duchos que Uceda Leal, Iván Vicente y Serafín Marín,
cinco de los seis toros de la ganadera bilbaína hubieran deparado una tarde
triunfal para todos. Muy especialmente las reses corridas en primero, tercero y
quinto lugares fueron de puerta grande. Pero lo peor no solo fue que la terna
desperdiciara un encierro tan noble. Lo peor es que la mayor parte del público
de sombra y, me cuentan, los que comentaron la corrida en directo, tampoco se
enteraron.
Plaza Monumental de Pamplona. 7 de julio de
2007. Tercera de feria. Tarde calurosa con lleno total. Seis toros de Dolores
Aguirre, muy bien presentados, descarados de cuerna y nobles en distintos grados.
Pese a lo que mansearon al recibir el castigo en
varas aunque casi todos cumplieron y hasta fueron picados excesivamente, salvo
el muy rajado y huidizo cuarto que fue el único feo de hechuras, dieron sobrado
juego por su movilidad y franquía, sobresaliendo por su clase el que abrió
plaza, y por muy nobles, el tercero y el quinto. El segundo empezó haciendo
cosas feas en el capote pero mejoró notablemente en la muleta. Y si el sexto
llegó con algunos problemas a la muleta, fue por haber sido masacrado en varas
aunque al final se hizo el amo y hasta desbordó a su matador. José Ignacio
Uceda Leal (lila y plata con remates negros): Casi entera y descabello, palmas
con saludos. Buena estocada, pinchazo y estocada, silencio. Iván Vicente (rosa
y oro): Pinchazo echándose fuera y estocada, silencio. Media trasera tendida
caída que escupe, palmas con saludos. Serafín Marín (salmón y oro): Estocada
trasera en dos tiempos y dos descabellos, palmas. Pinchazo saliendo perseguido
y estocada, silencio.
La supuesta buena afición que va quedando en Pamplona, en su
mayoría ocupando localidades de sombra – los del sol, ya se sabe, apenas
prestan atención y se dedican a cantar, comer y beber si los toreros no terminan
de lucirse con amplitud – no se percibió ayer del buen y hasta el sobrado juego
que dieron los toros de Dolores Aguirre que ayer se sacó la espina con creces
de su corrida de Madrid. Ni siquiera al salir de la plaza escuché comentarios
favorables. Tampoco los hicieron los supuestos entendidos que comentaron el
festejo en directo según me dijeron poco antes de ponerme a escribir esta
crónica. E ignoro lo que dijeron los toreros tras matar cada uno de los toros,
si bien algunos fueron brindados al público, supongo que en la certeza de que
podrían aprovecharlos. Pero sea por demasiado cautos o por incapaces
profesionalmente, lo cierto y verdad fue que los tres actuantes perdieron una
gran oportunidad de triunfar. Sobre todo con los toros primero, tercero y
quinto. O sea, uno para cada uno de los actuantes.
Cuentan que Belmonte dijo un día que los toros solo se
definen claramente cuando también se definen decididos los toreros y así debió
suceder ayer porque es caso fue que ninguno de los tres matadores apostó de
verdad para lograr lo que, no dudo, llevaban en la cabeza antes de hacer el
paseo. Sobremanera el más veterano Uceda Leal quien, con el primer toro – res
de excelentes hechuras y con un pitón derecho de revolución aunque también
sirvió por el izquierdo – no fue capaz de salirse a los medios ni de dar más de
dos o tres pases seguidos en cada tanda que ligó a los de pecho. Supongo que
cansado de seguir sin eco, cortó la faena antes de lo debido y, aunque algunos
muletazos tuvieron buen corte, no osó prorrogar el trasteo quizá por
satisfecho. Como sería la cosa que ni siquiera su única y eficaz estocada con la
que mató al toro, le valió un solo pañuelo en demanda de una oreja del
excelente animal que fue de dos. Luego, con el huidizo y rajado cuarto, no paró
de perseguirlo de un lado a otro del ruedo, incapaz de fijarlo hasta doblarse
finalmente con el bicho que es por donde tenía que haber empezado.
Iván Vicente no terminó de decidirse con el segundo que
empezó frenándose en el capote y terminó cambiando a mejor en la muleta aunque,
tras entrampillar contra la barrera a Serafín Marín cuando perseguía a un
banderillero, el toro pareció ponerse imposible. Cuestión que, por el buen
fondo del toro, no ocurrió sino todo lo contrario. No obstante, tampoco le
resultó fácil aquietarse y menos sosegarse al matador. Pero es que con el
quinto sí que tuvo Iván una clara oportunidad de triunfar porque este toro
llegó con un gran pitón derecho a la muleta pese a la poca fuerza con que quedó
tras ser también molido en varas y tampoco Vicente fue capaz de exprimirlo
asentado y firme como merecía, quedándonos con las ganas de ver como iba el
toro por el lado izquierdo, zurda mano que por lo visto Iván solo usa para
llevar el reloj.
Aunque aisladamente, tanto en los recibos de capa como en
algunos muletazos, lo mejor de la tarde corrió a cargo de Serafín Marín. Lances
a la verónica muy bien iniciados aunque no siempre debidamente rematados;
trincherazos con hondura; redondos mecidos; y algunos – pocos – naturales en los
que pareció embarcar como se debe. Tal frente al también excelente tercer toro
que, no obstante, tampoco logró redondear ni cuajar el diestro catalán con la
intensidad que requería la ocasión. Y peor con el también buen sexto que
permitió demoler en varas y luego toreó envarado y sin la flexibilidad que
requería el manejo de la muleta. Hasta fue desbordado por el toro cuando hizo
hilo y persiguió a Marín tras pinchar antes de agarrar la estocada definitiva
de una tarde en la que, verdaderamente, terminamos imaginando lo mucho que no
pocos toreros actuales hubieran logrado con esta misma corrida. ¿Verdad, Ponce,
Juli, Castella, Manzanares…?
Y hasta varios más.