José Antonio del Moral

FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMLONA

 

TRAS EL PEOR DE LOS FIASCOS DE VICTORINO EN PAMPLONA, DEBERÍAN DARLE VACACIONES

 

De gran e infumable saldo podemos calificar la corrida del famoso ganadero. Desde luego impropia de la categoría y del carácter torista de esta feria y más desde la responsabilidad que debería aceptar el todavía tenido como mejor criador de reses bravas en España. Con semejante ganado, Pepín Liria anduvo sin sitio y sin el fuelle que tantos éxitos le dieron fama en esta plaza. Tampoco Antonio Ferrera anduvo fino ni bien tal y como en su primera tarde pese su actuación pueblerina de cara a la galería que le valió dar una vuelta al ruedo por haber levantado la atención en banderillas, mientras que el más sincero y verdaderamente dispuesto de la terna, Fernando Cruz, se estrelló contra dos imposibles.

 

Plaza Monumental de Pamplona. 14 de julio de 2007. Décima y última de feria. Tarde muy calurosa aunque con mucho viento. Seis toros de Victorino Martín, muy desigualmente presentados desde el pequeñísimo aunque cabezón tercero al tremebundo sexto en auténtica escalera impropia de la categoría de la feria. Ninguno se prestó al lucimiento y dos de ellos, segundo y quinto, sin fuerza alguna. Los dos manejables por decir algo positivo, fueron el primero y el quinto. Imposibles los demás, sobre todo el tercero y el sexto que desarrolló mucho peligro hasta parado. Pepín Liria (cobalto y oro): Dos pinchazos y media caída, silencio. Pinchazo, otro hondo y cuatro descabellos, silencio tras algunos pitos. Antonio Ferrera (amapola y oro): Buena estocada, silencio. Pinchazo y buna estocada, petición de oreja desatendida y vuelta algo protestada con división de opiniones para la presidencia por no conceder el trofeo. Fernando Cruz (grana y oro: Pinchazo y estocada caída, aviso y silencio. Dos pinchazos, estocada y tres descabellos, silencio tras algunos pitos.

 

El buen y hasta en algún caso magnífico nivel ganadero de esta feria – la por todo memorable corrida de Fuente Ymbro además de otras salvo la horrible de Miura y la catastrófica de Bañuelos - se cerró ayer con un inapelable petardo de Victorino Martín quien, por tercera vez consecutiva, ha defraudado a la afición aquí concentrada como cada año para presenciar los festejos sanfermineros. Si letal e inesperado fue su debut, el año pasado se tapó con solo un gran toro, el sexto, que fue el del rabo de Ferrera tras las dos cogidas que sufrió. La incruenta, y la verdadera de la que resultó gravemente herido que desató pasiones. Pero en esta tercera oportunidad, el famoso ganadero debería haberse esmerado para corresponder a la confianza de los organizadores y a fe que volvió a defraudar. Los comentarios al respecto iban desde los que opinan que Victorino no cumple como cumplía hasta no hace mucho en las ocasiones más importantes, a los que afirman que la ganadería ya se le ha ido de las manos tras ampliar descompasadamente las camadas. Y es que últimamente no vemos apenas corridas de tres y hasta de cuatro toros bravos, encastados y nobles. La mayoría y, a lo sumo, se arreglan gracias a un solo toro. Y en las demás, no le sale ni el salvador. De tal modo, no estaría de más que a Victorino le dieran vacaciones en Pamplona porque, además, lo que cobra por cada envío en estas plazas es una enorme cantidad de dinero. Ayer, estoy por afirmar que más que lo que ganaron juntos los tres espadas actuantes.   

 

Nada o casi nada interesante sucedió en la lidia de los seis victorinos de ayer. Pepín Liria intentó aparentar que quería por todos los medios posibles menos por los estrictamente toreros. Salió sin sitio, se notó, y no pudo convencer a casi nadie aunque en el inicio de su faena al primer toro, que fue de rodillas bajo los tendidos de sol, se escucharon los gritos de “!!Pe-pin¡¡, !!Pe-pin¡¡” con los que otras muchas veces le corearon las peñas volcadas con el aguerrido murciano en tantas tardes de triunfo. Luego, solo medios pases sin ponerse delante del toro, sino al lado, y sin apenas firmeza de pies. Y, para colmo, fatal con los aceros.

 

Antonio Ferrera salió a ganarse el contrato del año que viene que no será de dos tardes y quizá se lo ganó para una sola con el quinto al que banderilleó más lucido y certero que al segundo toro con el que pegó un mitin con los garapullos. Este toro segundo fue malísimo y lo poco que pudo hacerle Ferrera, peor. Pero con el quinto metió en la talega a no pocos espectadores deseosos de que, al menos uno de los tres matadores, tocara pelo. El subterfugio de ofrecer la muleta al toro para quitársela acto seguido y mirar al tendido desafiante al tiempo que cambiaba de posición habilidosamente, sirvió para que muchos creyeran que estaba toreando. Lo mejor de Ferrera, sin embargo, fue cómo mató a sus dos toros. Al segundo de muy buena estocada atracándose, y al quinto de pinchazo y otro buen espadazo. Pero la presidencia se negó a concederle la oreja que, de haber caído en las manos del extremeño, hubiera sido la más ratera de las muchas otorgadas de parecida guisa en esta feria en la que solo El Cid con un toro en su primera tarde y Castella con los dos que pinchó en las que compareció, han estado como deben los buenos toreros.

 

Lamentar, finalmente, que Fernando Cruz se estrellara con dos imposibles, sobre todo el sexto toro que fue el más grande o ofensivo de la corrida y también el peor. Hubo que castigarle muy fuerte en varas porque salió con las del veri y a pesar de quedar casi parado en la muleta, Cruz resultó cogido y de milagro no resultó herido. Apostó mucho con el tercero y hasta le sacó una tanda con la mano derecha de clara exposición. Pero con el sexto, ni un pase pudo dar hasta desistir y matar como malamente hizo entre el enfado del público que se quedó por ver si las peñas celebraban el final de las fiestas lanzándose y embadurnándose con harinas de colores. Nos quedamos con las ganas.

 

Porque para colores, ya habían tenido bastante con la inaguantable exhibición que en estas corridas han hecho cada tarde blandiendo banderas republicanas, ikurriñas desafiantes, rojas con la hoz y el martillo, piratas con la calavera y las tibias cruzadas, y hasta con la amarilla del águila negra. No saben estos mozos lo que tendrían que padecer bajo un régimen político en el que mandaran dictatorialmente los que aman dichas y terribles enseñas. Como tampoco deben saber cuantos antituarinos se han manifestado estos días contra la Fiesta Nacional que ocurriría si lograran lo que pretenden. Si no hubiera toros, los Sanfermines desaparecerían sin remedio y ellos también, arruinados por completo. De todos modos, gritemos como cada año y bien fuerte para que nos escuchen: ¡Viva San Fermín!. ¡Viva Navarra¡. ¡Viva España¡.