José Antonio del Moral
FERIA DE SAN
FERMÍN EN PAMPLONA
UN GRAN APERITIVO CON
DEMASIADO HIELO
Seis de los siete novillos
de Miranda de Pericalvo pusieron a prueba a los
cuatro debutantes. Con un lote de revolución, Pérez Mota se mostró sobrado
dentro del buen corte que adorna sus maneras aunque sin acusada personalidad y
por bajo de la calidad de sus oponentes a los que cortó oreja por lo que salió
a hombros. Como también el más joven de la terna, Rubén Pinar, tan solvente y gran
matador todo terreno como vulgar. Con el peor lote, Pepe Moral gustó con el
capote, a medias con la muleta aunque anduvo por encima del quinto novillo y
desastroso con la espada. En el intermedio, un nuevo y aún sin rodar rejoneador
navarro, Roberto Armendáriz, hizo el ridículo por su absoluta falta de
preparación. Deberá esperar.
Plaza Monumental de Pamplona. 5 de julio de
2007. Primera de feria. Tarde agradable con tres cuartos de entrada. Siete
novillos de Miranda de Pericalvo, bien aunque
desigualmente presentados en tres y tres por más cuajados los de la segunda
parte. Salvo el segundo que se defendió mucho por su debilidad, muy nobles en
distintos grados de fuerza y casta, destacando por más completos y con más
clase, el primero y el cuarto que fue premiado con la vuelta al ruedo en su
arrastre. Pérez Mota (Amapola y oro): Estocada desprendida, oreja. Pinchazo y
estocada, oreja. Pepe Moral (marino y oro): Tres pinchazos, metisaca, tres
pinchazos más y cuatro descabellos, dos avisos y silencio tras algunos pitos.
Metisaca, dos pinchazos y otro hondo tendido, aviso y silencio. Rubén Pinar
(rojo y oro): Gran estocada, dos orejas. Estoconazo
trasero, oreja. Pérez Mota y Pinar salieron a hombros.
Ya es tradicional que en el aperitivo de los Sanfermines se lidie una magnífica novillada de Miranda de Pericalvo. No falla. Año a año y así llevamos varios
seguidos. Es un acontecimiento ganadero asegurado aunque no siempre lo
aprovechan los aspirantes, casi siempre seleccionados entre los punteros del
escalafón menor. Ayer, además de la terna de matadores, se apuntó al convite el
nuevo rejoneador navarro natural de Noaín, Roberto
Armendáriz al que despachamos con las líneas que le hemos dedicado en la
síntesis del festejo que subtitula esta crónica. Ni una palabra más o, si a
caso, repetir que debería haber esperado a estar más preparado para comparecer
en esta plaza, por otra parte templo tantas veces glorioso del mejor torero a
caballo de todos los tiempos. Por elemental respeto a su - imagino - maestro,
no debió atreverse a actuar.
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Al contrario el primer espada del cartel, Pérez
Mota, ya más que preparado para doctorarse próximamente en Santander. Pero
aunque este sevillano de tan buen corte artístico como de corriente
personalidad, ayer tendría que haber saldado su tarde con cuatro orejas en vez
de las dos que logró tan sendas buenas actuaciones en las que anduvo por bajo
de la extrema calidad de sus dos novillos. Especialmente del cuarto que resultó
de verdadero lío. Nos acordaremos más de cómo embistió este animal que de cómo lo
toreó Mota y con eso está todo dicho.
A la par entre novillos y novillero en mi
opinión se saldó la doble actuación del otro triunfador del festejo, el más
joven Rubén Pinar, al que vimos tan solvente y dispuesto como ratonero y vulgar
con dos cualidades sobresalientes, su capacidad para quitarse en casi
imperceptibles décimas de segundo y su gran espada. Al menos ayer, se tiró a
matar como un virtuoso de la suerte suprema y dejó dos espadazos
de campeonato, lo que añadió méritos a sus anteriores intervenciones con
capote, banderillas y multa, dignas de un todo terreno en su indisimulable intención
de imitar a El Juli. Con el capote es variado
y vistoso. Con las banderillas, uno más. Con la muleta, muy habilidoso, fácil y
a su modo valiente. Y con la espada, un eficaz cañón. Vamos, que no está mal el
chico aunque figura… ya veremos. Por hoy no quiero aventurarme más.
Quizá algunos se echen las manos a la cabeza si
digo que lo que más me interesó ayer fue
lo que hizo con el quinto toro muleta en mano el que no triunfó ni mató nada
bien a sus dos novillos, Pepe Moral. También, por cierto, con el capote en los
recibos. Fatal con el único malo de la corrida, el segundo, con el que no pudo
hacer nada y lo mató tarde y muy mal. Pero con el quinto, que tuvo poca fuerza
y medios viajes, me gustó su empaque, su parsimonia y la acompasada manera de
torear con la muleta, ganando siempre un paso a cada pase y sin dejarse nunca
enganchar. Yo no había visto a este Pepe Moral que, aunque no es mi primo, me
gustaría verle más. Una pena que no le hubiera correspondido al menos uno de
los dos novillos de Pérez Mota. Otro día será. Y en definitiva, que el
aperitivo ferial de estos sanfermines fue estupendo
aunque servido con demasiado hielo torero y, en vez de sabernos a gloria
bendita, tan solo no nos supo mal.