José Antonio del Moral
FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA
BIEN CON OREJA FERNANDO CRUZ Y OTRA DE REGALO PARA MARQUITOS
Ambos pudieron cortar otro apéndice más de haber utilizado mejor la espada y por idénticas circunstancias ambientales porque el público quiso regalarle otro cartílago del cuarto toro al diestro local mientras se mostraron muy fríos con el madrileño tras pinchar y agarrar una buena estocada al sexto después de cuajar la mejor lidia y la más importante faena de la tarde. Cruz ya había lidiado muy bien y toreado con notable pureza al tercero, uno de los más nobles que echó la corrida de Cebada, desigualmente presentada y algo floja pero interesante por variada en la que López Cháves se llevó lo peor aunque él no anduvo a gusto y además sufrió un ataque de pánico al matar al cuarto.
Pamplona. Plaza de la Misericordia. 10 de julio de 2006. Sexta de feria. Calor sofocante y lleno. Seis toros de Cebada, muy desigualmente presentados aunque algunos de muy bellas hechuras y bien encornados. Desmereció por falto de trapío el segundo aunque fue noble por el lado izquierdo. Por mejores destacaron tercero y sexto, resultando simplemente manejables los demás aunque por unas razones o por otras se vinieron abajo o desarrollaron peligro. Domingo López Cháves (botella y oro): Pinchazo y estocada, palmas. Metisaca envainado saliendo perseguido, pinchazo, estocada atravesada que hizo guardia y dos descabellos, silencio. Francisco Marco "Marquitos" (celeste y oro): Bajonazo, oreja de regalo. Estocada caída, petición injustificada y vuelta al ruedo. Fernando Cruz (blanco y azabache): Gran estocada, oreja. Pinchazo y buena estocada, ovación. Entre las cuadrillas destacaron Raúl Cervantes, Miguel Cubero y Juan Martín, éste muy especialmente en la brega del tercero.
Vaya por delante mi respuesta a los comentarios que suscitó considerar infumable la anterior corrida de Miura. Con todos los respetos, se equivocan quienes aducen que peor son los toros de Domecq que, en todas sus variantes, copan la mayoría del mercado desde hace mucho tiempo. ¿Cómo no van a coparlo si, salvo raras excepciones, su encaste Vistahermosa es el único capaz de sostener la Fiesta en toda su extensión?. Si la mayoría de las ferias y casi todas las corridas que se celebran en España y en Francia cada año tuvieran que organizarse en base a ganaderías de otras procedencias, no se podrían celebrar porque, como dijo El Guerra, lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible. Pues eso.
¿Entonces?. Pues que fue una pena que la corrida de ayer no fuera televisada. Por cierto, de Cebada Gago. Considerada torista desde que se puso imposible para hacer el toreo, mira por donde empezó a cambiar para bien el año pasado por regresar a sus orígenes - Torrestrella - gracias a los cruzamientos más convenientes que por fortuna para todos decidieron los hijos de don Salvador. ¿Y con quien cruzaron?. Pues con Cuvillo y con Jandilla. ¿Con quien iban a cruzar?, ¿ con un semental de Miura?…
Consecuentemente y pese al terrible calor que también reinó ayer en Pamplona, la Fiesta brilló porque, al menos con tres de los seis toros de Cebada, dos de los actuantes pudieron torear. Aunque una cosa es que lo consiguieran como se debe exigir o no. En el peor caso, los pamplonicas se empeñaron en regalar una oreja del terciado segundo al diestro navarro Marquitos. Aunque ganas y entusiasmo no le faltó en su deslucido capotear, tampoco consiguió templar ni llevar corriendo la mano al toro por su mejor lado izquierdo y, encima, le mató de un bajonazo que nada importó a los espectadores y a la presidencia para que se concediera el despojo más barato e inmerecido que se haya dado en la plaza de Pamplona últimamente.
Menos mal que luego tuvieron que pedir otra con sobrados merecimientos para Fernando Cruz tras matar muy bien al tercero, un bravo ejemplar que embistió con pronta alegría y encastada nobleza. Bien Cruz con el capote y mejor con la muleta, los aficionados que no le habían visto en Madrid, pudieron comprobar que Fernando es uno de los que actualmente torean con más pureza y hondura. Verle doblarse por bajo es un placer. Como también disfrutar cuando baja la mano al natural tras echar la muleta por delante para llevarla luego a su cadera en trayectoria circular.
Mejor aún anduvo Fernando Cruz con el sexto, otro magnífico toro de Cebada al que sujetó en los medios de su inicial huida - manseó de salida y en varas - con lances templadísimos. Como luego en su redonda faena como antes arrancada con magníficos doblones y luego nutrida por redondos de muy cara factura y notable por ligada intensidad. Lástima que por pinchar antes de agarrar otra buena estocada perdiera la oreja que tenía ganada aunque en durante esta faena vimos al público un tanto frío con el torero madrileño.
Temiendo, sin duda, que Cruz pudiera salir a hombros y no su torero Marquitos a quien quisieron premiar de nuevo con la oreja del quinto por otra labor no merecedora de trofeos aunque, en el recibo de capa y en quites, el torero de Estella anduvo bastante mejor que en su primero. La faena también la comenzó con más acierto y espectacularidad - de rodillas -, pero como no consiguió templar el calamocheo del burel, sucesivos enganchones terminaron por empeorar al bicho y, pese a su eficaz espadazo, esta vez la presidencia no quiso acceder al regalito.
Con peor suerte y ayer sin tanta disposición ni arrojo como en anteriores ocasiones, el salmantino Domingo López Cháves ni su sombra pareció. Claro que a su primer toro, al que abrió plaza, dos inoportunos peones le llamaron con tan poco cuidado desde un burladero que el animal se estrelló y, desde ese momento, no volvió a embestir como lo había hecho en las limpias verónicas de saludo de Cháves. En cualquier caso manejable por el lado derecho, la verdad es que Domingo no halló acomodo y, además, pinchó haciendo hilo el animal con el torero a la carrera para librarse de ser alcanzado.
Lo mismo o incluso con mayor susto y despavorido en su correr le sucedió en sus repetidos intentos de matar al cuarto, otro toro que se dejó por el lado de los naturales sin que el salmantino lograra aquietarse ni templarse suficientemente, dando muy mala impresión.