José Antonio del Moral
FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA
DECEPCIÓN Y ABURRIMIENTO PESE A LA OREJA QUE CORTÓ EDUARDO GALLO
Presentada en intolerable escalera, blandorra y mal repartida la corrida del Marqués de Domecq que no dio mayores alegrías que un trofeo sin fuerza para el diestro salmantino en su presentación en Pamplona. Gallo la cortó del toro más pequeño del envío aunque también el más entero y noble. Los demás flojearon demasiado aunque al primero y al cuarto no les templó debidamente Serafín Marín, mientras José María Manzanares, que también se presentó, tuvo que contentarse con dar los mejores aunque casi siempre aislados muletazos de la tarde frente a los toros más deslucidos por enclenques y renqueantes. Lo más grato de la jornada fue lo muy pronto y eficazmente que mataron los tres espadas y lo poco que duró el festejo, menos de dos horas.
Pamplona. Plaza de la Misericordia. 7 de julio de 2006. Tercera de feria. Tarde calurosa con lleno total y las peñas presentes a pleno e incesante pulmón de canciones y de murga en ocasiones francamente ofensiva para la Alcaldesa que, como es costumbre, presidió el primer festejo mayor del ciclo. Seis toros del Marqués de Domecq, muy desigualmente presentados y casi todos demasiado flojos por lo que en su mayoría resultaron deslucidos pese a su general nobleza. Por más enteros destacaron el primero y, sobre todo, el también más terciado tercero. Y por más derrengados y por ello menos lucidos, segundo y quinto. Serafín Marín (verde doncella y oro): Estocada trasera desprendida, palmas con saludos. Bajonazo, silencio. José María Manzanares (prusia y oro): Estoconazo tendido, silencio. Estocada trasera desprendida, silencio. Eduardo Gallo (oliva y oro): Estocada trasera tendida, oreja. Pinchazo hondo y bajonazo trasero, silencio. Destacaron en palos Curro Javier y Domingo Siro.
A tarde aburrida, crónica breve. Aunque no falte comentar lo que viene siendo malísima costumbre en la corrida del día 7 de julio desde que la alcaldía y el festejo los preside Yolanda Barcina. Los intolerables y gravísimos insultos que le gritan a la alcaldesa desde los tendidos de sol, se tradujeron ampliados este año en dos grandes y ofensivas pancartas. Aunque los espectadores de sombra compensan las afrentas con encendidas ovaciones, el incidente ya está tomando tintes realmente peligrosos. Cualquier año puede armarse aquí la marimorena por lo que alguien debería intentar que las peñas no se politicen. Mientras sucedía el vocerío contra alcaldesa, un amigo me comentó que había visto la exposición de las pancartas que siempre llevan las peñas cuando desfilan y que en casi todas había alusiones al dichoso "plan de paz" y en defensa de la rendición ante ETA. No hace falta hacer más comentarios.
La corrida apenas tuvo momentos de brillo y de verdadero interés. Increíble que en una feria que se llama del toro, traigan una escalera de reses tan distantes en trapío, en hechuras y en pesos. De ahí, imagino, la dificultad en hacer los lotes. Imposible emparejar toros tan distintos, a la proverbial buena o mala suerte se añadió además la falta de fuerza de la mayoría, lo que arruinó la general nobleza de casi todos. De tal modo, solo dos toros de los seis se prestaron al toreo limpio y ligado.
El bonito y cuajado que abrió plaza fue uno de ellos y por el lado derecho. Serafín Marín apenas logró templarlo como era debido y aunque algún muletazo fue bueno - las trincheras y alguno de pecho sobre todo - la mayoría resultaron enganchados. En consecuencia de ello, tanto enganchón fue estropeando, acortando, dificultando los viajes del burel, lo mejor dio paso a lo malo y el trasteo terminó diluido por completo. Menos mal que Marín lo mató con eficaz prontitud. Cosa que, por cierto, también consiguieron sus colegas, lo que abrevió el festejo.
El otro toro que sirvió para el triunfo fue el tercero. La mitad de los dos primeros en tamaño. Feo y esmirriado, sin embargo dio notable juego tras ser perdonado en varas. Le correspondió al debutante en Pamplona Eduardo Gallo y a fe que lo aprovechó técnica y anímicamente hablando. Gallo ya venía anunciando una cierta recuperación y ayer lo vimos claramente aunque en tan benéfico asunto no pueda torear con la soltura, con el ritmo y menos con el arte que no tiene. La vulgaridad del trasteo fue patente. Pero su limpio y en ocasiones ligado trazo y el eficaz espadazo con que mató al toro, le valieron una oreja que Gallo paseó sin fuerza ni ovaciones unánimes.
En lo demás, Marín y Gallo se tropezaron con peores por más flojos toros en sus segundos turnos y ninguno de los dos logró dar pie con bola. Muy acelerado vimos a Serafín Marín como también muy retórico en mirar continuamente al tendido en busca de aquiescentes palmas que nunca llegaron. El violento muñecazo que pegó para despedir al toro en casi todos los pases, fue nefasto. Y el bajonazo más aunque al menos resultó certero. Respecto a Gallo con el sexto, someterlo tan por bajo en el inicio de la faena perjudicó al toro. Molesto el animal, empezó a defenderse y no cesó de hacerlo hasta doblar muerto del trasero espadazo que propinó el salmantino.
Los dos toros más serios y más cornalones, también los más flojos - ambos derrengados - se los llevó José María Manzanares. No hubo modo ni manera de ligar los pases. Si los llevaba por arriba, derrotaban. Si por abajo, se caían. Únicamente citándolos en muy corta distancia respondieron brevemente. Algunos pases del alicantino tuvieron la clase y el aroma que le son propios - los mejores de la jornada - pero no pudo ligarlos y la gente apenas atendió a los ímprobos aunque infructuosos intentos del joven espada.