José Antonio del Moral

FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

APOTEOSIS DE UN INSUPERABLE PABLO HERMOSO DE MENDOZA Y PRECOZ MAGISTERIO DE SERGIO GALÁN

Ambos salieron a hombros el loor de multitudes. El navarro, tras cortar cuatro orejas y un rabo, segundo que logra en la plaza de su tierra. Y el madrileño dos al último toro de una mansa y deslucidísima corrida de Murube que puso a prueba la destreza de los caballeros. Aunque la actuación de Hermoso resultó histórica, también llamó poderosamente la atención cómo Galán superó con inusitada brillantez las enormes dificultades que le presentaron los dos toros de su lote, el peor del envío. Abrió plaza el veterano rejoneador portugués, Antonio Riveiro Telles, que se fue de vacío por fallar con los rejones de muerte tras dos labores sobrias, precisas y elegantes.

Pamplona. Plaza la Misericordia. 6 de julio de 2006. Segunda de feria. Tarde fresca con rachas de viento y lleno total. Seis toros de Murube de muy fea y desigual presentación. Dieron pésimo juego por mansos y distraídos cuando no rajados por completo como el sexto. Hubo tres lotes. El menos malo le correspondió al espada portugués. El medio al navarro y el casi imposible al madrileño. Antonio Riveiro Telles (vestido a la federica con casaca mahón bordada con flores): Pinchazo hondo sin soltar y medio rejonazo, silencio. Rejonazo muy contrario atravesado, silencio. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Rejonazo contrario de rápidos efectos, dos orejas. Rejonazo fulminante, dos orejas y rabo. Sergio Galán (de corto con chaquetilla gris claro): Medio rejonazo, leve petición y ovación. Rejonazo fulminante, dos orejas. Hermoso y Galán salieron a hombros.

Con ganado tan inapropiado para el lucimiento del toreo a caballo, pocas veces y hasta podría decir que ninguna como ayer habíamos visto lograrlo con tanta perfección y brillantez. Si a ello añadimos el muy especial entusiasmo que Pablo Hermoso de Mendoza despierta en la impresionante plaza de toros de Pamplona, llena hasta los topes, el espectáculo adquirió caracteres al mismo tiempo épicos y líricos. En tan radiante acontecer se sumó el muy joven caballero madrileño Sergio Galán quien, emulando a su maestro, progresó en el mismo escenario y pudo disfrutar el parecido apoyo de los espectadores pamplonicas al que, como ya estamos en fiestas, se sumaron los cientos de aficionados de afuera que estos días inundan la ciudad.

Fiestas que, por cierto, también se iniciaron ayer con el famoso chupinazo que este año intentó alterar en su tradición un concejal llamado Xavier Eskubi, negado a pronunciar el tradicional "!Viva San Fermín¡" por ser agnóstico, según venía anunciando para llamar la atención. Tan ridícula como irrespetuosa decisión no obtuvo el apoyo de la mayoría de los miles de jóvenes que había en la plaza del Ayuntamiento. Gritando a coro sin cesar y a pleno pulmón el "viva San Fermín" que el sujeto no había querido repetir, anularon la imbecilidad. Grito que la Alcaldesa también repitió con admirable y oportuno ímpetu nada más vocear su colega lo que apenas pudo oírsele. Bien por la Alcaldesa y bien por los mozos de Pamplona. Así está esto aquí como antecedente de lo que en Pamplona podría ocurrir si los socialistas y los nacionalistas se empeñaran en que Navarra se integrara en el País Vasco.

Pero, por el momento, volvamos a la plaza de toros donde Pablo Hermoso de Mendoza se coronó una vez más como emperador del toreo a caballo. !Vaya año que lleva don Pablo!. Afortunado testigo de sus últimos e históricos éxitos en México y Madrid, éste de ayer en su Pamplona también lo fue y en mayor grado por cómo consiguió sujetar de sus continuas huidas a los mansos que le correspondieron y luego templarlos hasta el milímetro para dar rienda suelta después a la imponente exhibición de doma de sus maravillosos caballos sobre los que Hermoso dio un verdadero recital de todas las habilidades que le han hecho famoso.

Si pletórica resultó su actuación con el segundo toro, contundente y aún más completa la del quinto. Muy especialmente, el cómo logró fijar a este animal fue algo inaudito. La sabiduría, la calma, la inspiración y el poder unidos en las manos del excepcional jinete o más bien centauro. Salvo en un último quiebro al quinto cuando su caballo resbaló y a poco estuvo de ser arrollado, todo le salió a la perfección. Rara, extraña, increíble cuestión que en el toreo ecuestre jamás nadie consiguió.

Peores toros que los de Hermoso le correspondieron a Sergio Galán y ante tanta dificultad se creció el madrileño. Lejos de amilanarse por la aplastante actuación del maestro, el más aventajado de sus alumnos le emuló sin abandonar su personalidad juvenil que, con gestos de elegante chulería, envolvieron su capacidad de concentrarse y hasta de ensimismarse en su quiebros, pasadas, recortes y precisos braceos de sus corceles para adornar los prolegómenos de sus rejoncillos, farpas, banderillas largas, cortas y rosas.

Resistida en principio la presidencia a premiarle como mereció, no hubo más remedio tras matar al sexto que hacerlo por partida doble. Y es que quien preside en Pamplona las corridas de rejones fue en su día primer apoderado de Hermoso. Un dislate que se suba al palco para esta ocasión.

Abrió la tarde el portugués Antonio Riveiro Telles al quien se le cayó el corcel nada más ser alcanzado por el primer toro en una de sus oleadas, obligando al jinete a correr y a saltar al callejón para librarse de otro arreón. Ciertamente difícil y sorprendentemente alocado este toro, empezó por llevarse colgado de un cuerno a un viejo peón que permanecía dentro de un burladero. De allí lo sacó el toro y lo arrastró.

En tan inesperado como dramático principio, el veterano jinete lusitano logró serenarse y clavar con sobriedad sin que su clasicismo algo antiguo lograra despertar los aplausos del público. Cosa que sí logró Riveiro Telles con el cuarto, al que toreó y puso varias banderillas con notable precisión y elegancia. Pero un feo rejonazo mortal quebró sus deseos de triunfar.