José Antonio del Moral

FERIA DE SAN FERMIN EN PAMPLONA

DESPERDICIO NOVILLERIL

Un público en su mayoría formado por mujeres y niños sin el más mínimo sentido del toreo ni del conocimiento de sus reglas, concedió benévolas orejas a David Esteve y a Oliva Soto tras sendos bajonazos mientras Angel Teruel Jr. perdió otra por pinchar en demasía tras lograr lo mejor de la jornada. De una manera u otra, los tres anduvieron por bajo de la excelente novillada de Miranda de Pericalvo.

Pamplona. Plaza de la Misericordia. 5 de julio de 2006. Primera de feria. Tarde nublada con rachitas de viento, llovizna intermitente y dos tercios muy repartidos de entrada. Seis novillos de Miranda de Pericalvo, desigualmente presentados aunque de bonitas hechuras en su mayoría y muy nobles en distintos grados de fuerza. Por su mayor clase destacaron segundo y quinto. Y por más alegre y fuerte el sexto, finalmente inédito tras ser masacrado en varas. David Esteve (lila y oro): Estocada muy caída, petición y vuelta al ruedo. Bajonazo y descabello, aviso y oreja. Oliva Soto (turquesa y oro): Estocada baja a toro arrancado, leves palmas tras ovación al novillo en su arrastre. Bajonazo, oreja. Ángel Teruel (salmón y oro): Estocada atravesada que hizo guardia, cinco pinchazos y estocada, palmas. Estocada, silencio.

Siempre ilusionan las novilladas por ver si alguno de los actuantes destaca o, aún mejor, anuncia que puede ser gente importante en el toreo. Se espera, sobre todo, entrega. Y luego, lo demás. Pero últimamente lo que priva es lo demás y lo que falta es lo primero, la entrega. Los chicos salen sobrados de esa técnica que sirve para que los novillos no les cojan. "Que no os pase ná", les suelen decir en casa. Y, claro, así no aprenden a torear con emoción y no pasan de la raya que separa lo corriente de lo que verdaderamente significa la difícil apuesta del toreo. La gente, además, no exige porque no sabe, los chicos se acostumbran a triunfar fácilmente y así no hay manera.

De los tres de ayer en la primera cita de Pamplona - importante ocasión pese a la escasa calidad y afición de los espectadores - el que mejor estuvo fue el hijo de Angel Teruel a quien no veíamos desde su presentación en las Fallas. Independientemente de los resultados orejófilos, volvió a dar buena impresión por su natural destreza e innato sentido del toreo. Soltura en la brega, quietud en los lances aunque algo acelerado al recetarlos, ligazón perfectamente impuesta como norma en las tandas y ese saber entrar y salirse del toro con cara y a la vez sencilla torería. Esto por lo que respecta a sus virtudes.

¿Los defectos?. Cierta frialdad quizá por su excesiva suficiencia, sus fallos con la espada - fue una pena como mató al tercer novillo - y algo que no cabe achacar al interesado y que ocurrió en la lidia del sexto novillo cuando su picador se pasó bastante más de lo debido en un primer puyazo que arruinó por completo su fuerte aunque muy claro embestir. No sé quien decidió tanto castigo. Lo que sí sé es que tanta prudencia fue precisamente la culpable de que Angelito perdiera la ocasión de mostrar lo que parece llevar dentro. Seguro que a su padre en sus principios nadie se atrevió a demolerle un novillo tan proclive al éxito.

Los otros dos novilleros cortaron una oreja. Y yo me digo: bueno, ¿y qué?. Pues nada. Porque fueron orejas concedidas más al socaire de la alegre víspera de las fiestas y del nulo conocimiento del toreo y de sus reglas de la mayoría de los espectadores - mujeres y niños como en las mañanas del bombero - que de lo que ambos espadas hicieron en su entusiasta demostración. David Esteve - indudablemente puesto por muy toreado - lo hace casi todo sin decir casi nada y le da igual matar donde sea con tal de que sea a la primera. Y otro tanto Oliva Soto aunque el fuerte de este sevillano sean las formas aflamencadas que le adornan en su continuo e imparable ir y venir con capote y muleta, sin apostar ni

cruzarse una sola vez y más pendiente de la galería y de vender su "arte" que de torear con verdad. Y si digo verdad es porque sus dos novillos la exigían. fueron con mucho los mejores del envío salmantino y la verdad es que les dejó escapar.

Esteve gustó mucho a la parroquia presanferminera. Y es que fue quien más se prodigó e insistió aunque, repito, sin aportar nada artísticamente hablando. Uno más del nuevo supermercado del toreo. Con el primero - muy mirón y algo remiso - sin terminar de estar a gusto porque el bicho se le revolvía enseguida. Y con el cuarto, por su faena de creciente acople cuando finalmente descubrió que en la cercanía el novillo iba mejor.