José Aº del Moral

Jadmpc@terra.es

4ª DE SAN ANTOLÍN EN PALENCIA

OREJA PARA UN ESTRAFALARIO LUGUILLANO Y DISPLICENCIA PARA LA MAJESTUOSA CALMA DE MANZANARES

EL DE VALLADOLID SE LLEVÓ EL MEJOR LOTE DE UNA FLOJA Y DESRAZADA CORRIDA DE "EL TORREÓN" EN LA QUE NAUFRAGÓ SU PROPIETARIO, CÉSAR RINCÓN

 

LA OPINION DE

QUIEN DICE

LO QUE PIENSA

Plaza de toros de Palencia. 3 de septiembre de 2003. Cuarta de feria. Tarde fría y muy ventosa con media entrada. Cinco toros de "El Torreón" bien aunque desigualmente presentados y nobles aunque muy flojos y desrazados, salvo segundo y quinto que tuvieron movilidad y encastada nobleza. En tercer lugar se corrió un sustituto de Juan Pedro Domecq, bonito con cara y noble aunque muy tardo. Cesar Rincón (avellana y oro): Estocada baja, silencio tras algunos pitos. Pinchazo sin soltar saliendo perseguido y estocada delantera, silencio tras algunos pitos. David Luguillano (negro y oro): Pinchazo, estocada atravesada que escupe y descabello, silencio. Buena estocada a un tiempo, oreja. José María Manzanares (celeste y oro): Pinchazo y buena estocada, palmas con saludos. Pinchazo y estocada, silencio. Bien en la brega y en palos Alvaro Oliver.

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La minoría de aficionados que hubo en la plaza salieron en gran parte defraudados tras presenciar otro incómodo festejo por el frió y el viento que sopló en el que los espectadores que hicieron mayoría celebraron como acontecimiento las dos estrafalarias faenas que llevó a cabo David Luguillano con los dos mejores toros de los seis lidiados mientras se mostraron incapaces de reaccionar ante lo único verdaderamente estimable que ocurrió: un muy templado, calmado y elegante trasteo de José María Manzanares con el tercer toro de la tarde. Contrasentido provinciano que a muchos nos dejó patidifusos, sobre todo cuando Luguillano respondió al hijo del maestro con el más veloz y esperpéntico toreo que le hayamos visto nunca y que, en conjunto, pareció exagerada caricatura de quien suele hacer alarde gesticular de un pretendido clasicismo en la mayor parte de las corridas donde actúa. La buena estocada con que remató la increíble obra aumentó el entusiasmo del gentío que incluso pidió la segunda oreja para del vallisoletano. El presidente, claro está, sólo concedió una, a la postre único trofeo de esta insólita jornada en la que, por lo demás, Cesar Rincón sufrió el doble disgusto de tener que enfrentarse a dos reses muy deslucidas de su propia ganadería con las que apenas logró algunos discretos muletazos. Porque al primero no le pudo pegar ni uno, incomodado por la cortedad de sus embestidas, por el viento y por sus limitadas facultades. Mala, muy mala suerte, pues, tuvo el colombiano en su reaparición palentina aunque quepa elogiar el esfuerzo que hizo con el quinto en su intento de no salir escaldado por completo.

Lo de Manzanares Jr con el tercer toro de Juan Pedro fue una demostración más de las virtudes que atesora. Toreó para sí mismo y para los que saben paladear exquisitos manjares. Buena colocación, toques imperceptibles, sosiego a raudales, ninguna precipitación ni violencia, temple ajustado a la velocidad de su enemigo al embestir, remate hondo de los pases, cintura mecida a compás de los viajes del toro y tanto gusto como clase en su toreo y en sus andares. Bien es cierto que el toro no repitió nunca por lo que no pudo haber ligazón ni ritmo en el trasteo, lo que le restó emoción. Pero no lo fue menos que el aroma que desprendió cuanto hizo deleitó a los pocos que supieron detectarlo. ¿Cómo no quedar confundidos cuando antes y después de gozar con este toreo eterno tuvimos que soportar los acelerados nervios del electrizado Luguillano, traducidos en veloces y retorcidos telonazos sin orden ni concierto?.

Para colmo, el último toro de "El Torreón" llegó casi parado al último tercio y aunque Manzanares le sacó medios pases aislados, tuvimos que conformarnos con el recuerdo de lo que hizo antes, desgraciadamente eclipsado por el ya citado y bochornoso suceso.