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José Aº del Moral |
3ª DE SAN ANTOLÍN EN PALENCIA PESE A LA OREJA POR COLETA, TARDE INFUMABLE EN TARDE MUY FRÍA, VENTOSA Y FRENTE A UNA INDECOROSA E INVÁLIDA CORRIDA DE NUÑEZ DEL CUVILLO, "EL CALIFA", ABELLÁN Y VALVERDE LOGRARON TRIUNFAR CON LOS TRES ÚLTIMOS TOROS |
LA OPINION DE QUIEN DICE LO QUE PIENSA |
Plaza de toros de Palencia. 2 de septiembre de 2003. Tercera de feria. Tarde nublada, fría y muy ventosa con media entrada. Cinco toros de Nuñez del Cuvillo incluido el sobrero que sustituyó al cuarto, devuelto por inválido. Salvo éste último que se mantuvo más entero y embistió con raza pese mansear en los primeros tercios y aquerenciarse en tablas, muy justos de presencia y nobles aunque en su mayoría sin fuerza alguna. Por devolución del sexto, por cierto no pedida por el público, se corrió otro sobrero de Angel Sánchez, feo de hechuras y manejable. "El Califa" (carmelita y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Media estocada, oreja. Miguel Aballán (blanco y plata): Buena estocada y cuatro descabellos, silencio. Estocada caída, oreja. Javier Valverde (celeste y oro): Cuatro pinchazos y dos descabellos, aviso y silencio. Estocada a la trágala saliendo prendido sin consecuencias, oreja.
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Como bien decía mi amigo Juan Posada en su crónica sobre la suspensión - por lluvia y encharcamiento del ruedo - de la segunda corrida de esta feria, las tres horas que se consumen entre ir, presenciar y volver de un festejo taurino cubren el tiempo más tonto de las tardes de verano. Los ingleses lo pasan tomando el té y nosotros en los toros donde unas veces nos divertimos, otras no y en la mayoría encontramos motivos para la discusión y el comentario a propósito de lo que hacen toros y toreros aunque, como ayer, no encontremos demasiados motivos para la ilusión y el contento. Ver juntos a "El Califa" y a Miguel Abellán supone aceptar una especie de purga taurina para cuantos seguimos las ferias y fiestas taurinas del orbe y, si encima, hay que soportar sus respectivos entusiasmos capoteriles y muleteros con frío, viento y frente a una corrida tan indecorosa e inválida como la de Nuñez del Cuvillo, la purga es peor que aquellas de ricino que nos daban cuando éramos niños. Ambos, mas Javier Valverde, hicieron lo que pudieron con los tres primeros toros que se caían a chorros sin lograr tocar pelo. "El Califa" casi nada estimable a base de gritos tarzanudos, saltos y trapazos con el que abrió plaza; Abellán todo lo que es capaz de hacer con capote, muleta y espada con el muy noble segundo del que perdió una o dos orejas por repetir descabellos tras una contundente estocada al segundo; y Valverde aguantar con buenas intenciones y muchos enganchones al peor y también muy flojo tercero que tardó en matar.
Así las cosas y entre el desaliento de los orejófilos palentinos, la decoración cambió en cuanto a interés y trofeos en la segunda parte del festejo. Los paisanos perdieron la paciencia cuando se cayó el cuarto, por fin el presidente se decidió a devolver uno de los flojos, salió otro de Cuvillo más fuerte y el buenazo de "El Califa" pudo respirar triunfalmente sobre una de esas faenas que muy de vez en cuando logra y le sirven para concebir esperanzas de futuro. Sobre todo cuando las hace en Madrid, le dan el premio al triunfador de San Isidro y los empresarios de provincias se ven obligados a incluirle en sus ferias. No es de chocar que, viéndose "El Califa" tan a gusto y entregado en varios naturales de muleta baja y trazo largo y curvo, saltara de alegría al redescubrir su mejor faceta torera que en la mayoría de las tardes le parece perdida irremisiblemente. Tras la media y efectiva estocada y con el cartílago en la mano, "El Califa" se fue a los medios, tomó un puñado de arena, se lo llevó primero al pecho, lo besó después y dio la vuelta al ruedo como si le hubieran dado el Oscar de Holliwod. Embalada así la tarde y los espectadores ya felices por la primera oreja cosechada,
otra le dieron a Miguel Abellán a cuenta de su segunda actuación, tan completa y entusiasta o más que la de su primer toro - otro noble inválido - al que mató con más fortuna y prontitud.
Lo mejor, lo más serio tuvo lugar con el muy feo sobrero que sustituyó al sexto con el que Javier Valverde volvió a dar prueba de su sereno valor y de su solvencia muletera en la que la formal sobriedad de su estilo rompió los moldes estereotipados de sus colegas, ofreciendo una versión torera bastante más seria. Seriedad que, asimismo, demostró al tirarse a matar a toma y daca para no irse de vacío.