José Antonio del Moral

FERIA DE SAN ANTOLÍN EN PALENCIA

 

GENIAL CONDE Y PERERA SUPERIOR AL MÁS CELEBRADO JOSÉ TOMÁS

 

Con una corrida enormemente desigual de Criado Holgado, el de Badajoz salió a hombros al cortar una oreja de cada uno de sus toros aunque del sexto le debieron dar las dos. Otra cortó Manuel Díaz El Cordobés del cuarto – su primer toro se echó y tuvo que matarlo nada más iniciar la faena –, y el malagueño cayó de pie en su presentación con dos trasteos marca de la casa, sobre todo el del quinto toro dejando boquiabiertos a los palentinos que no podían imaginar que alguien pudiera hacer algo tan distinto y tan genial. Conde dio una vuelta al ruedo a tono con lo hecho tras perder un más que ganado trofeo con la espada.    

 

Palencia. Plaza de los Campos Góticos. 6 de septiembre de 2007. Tarde agradable aunque ventosa con menos de media entrada. Seis toros de Criado Holgado, muy desiguales en presencia y en juego. El veletillo y claudicante primero se echó nada más iniciado el trasteo muleteril y hubo que matarlo rápidamente tras ser levantado. El más feo segundo, muy noble pero asimismo tullido, duró y sirvió más que el anterior aunque también se echó al final. El mejor hecho tercero sacó genio y hasta pareció ya toreado. El bonito cuatro, noble aunque sin gas. El más basto quinto, justo de fuerza pero con mucha fijeza y clase. Y el mejor presentado sexto, noble de salida e intermitente en la muleta por incierto, tan pronto obediente como queriendo coger. Manuel Díaz El Cordobés (nazareno y oro): Estocada, silencio. Media estocada, oreja. Javier Conde (calabaza y azabache): Pinchazo, estocada envainada que hizo guardia y tres descabellos, aviso y silencio. Atravesada que hizo guardia y estocada, aviso y vuelta al ruedo tras leve petición. Miguel Ángel Perera (turmalina y oro): Estoconazo trasero, aviso y oreja. Estocada, oreja. Salió a hombros.

 

Gran e inesperado final de la última corrida de esta feria, pues fue con los toros quinto y sexto cuando acontecieron los dos momentos más felices – realmente sensacionales aunque en versiones absolutamente diferentes - de una tarde que empezó de muy mala manera. Tanto, que comenté a mis vecinos de localidad que si la corrida seguía desarrollándose como en los dos primeros toros, renunciaría a escribir una sola línea sobre ella. Y eso que Javier Conde se sintió insólitamente cómodo delante del segundo y hasta pidió música estirándose con la especial personalidad torera que le distingue de todo el escalafón, sorprendiendo al personal que nunca le había visto y menos en tan buen plan. El Cordobés no había podido hacer absolutamente nada con el inválido animal que abrió plaza y como el tercero salió arrollando en oleadas de manso y haciendo cosas de estar reparado de la vista o incluso de ya toreado hasta el punto de que por poco se lleva por delante a un peón de Miguel Ángel Perera y al propio matador, nadie salvo quien tuvo que matarlo creyó que tan peligroso animal pudiera dar lugar al primer éxito de la jornada.

 

Pero así sucedió por el valor sin tacha, más bien espeluznante, que le echó Perera en una faena de infarto en la que nunca desistió de pisar esos terrenos de los que tanto se habla cuando torea José Tomás y casi nunca cuando los pisan otros como ayer, por cierto, el torero de Badajoz que lleva un mes de agosto arrollador y bien que lo demostró en esta corrida final de la feria de San Antolín. Dejo para el final de esta crónica mi comentario sobre su actuación con el sexto para que muchos de mis lectores desafectos tarden al menos unos segundos en llevarse un soponcio con lo que voy a escribir.          

 

Pues bien, con la simpatía que siempre aporta a cuanto hace, anduvo Manuel Díaz El Cordobés frente al cuarto toro que, asimismo, colaboró noblemente sin mayores alegrías con el ya veterano diestro al que se le nota su gran oficio y hasta un sentido del temple que para sí quisieran muchos tenidos por fenómenos. Y como además dio rienda suelta a sus ranazos tras muletear por lo clásico y mató de media estocada efectiva, segunda oreja de la tarde al canto.

 

Otra o incluso dos podría haber cortado Javier Conde del mejor toro de la corrida, el quinto, de haberlo matado pronto y bien. También le gustó a Javier este toro desde que salió y recibió sembrado con templados lances y media recortada de su exclusiva especialidad, muy bien recibidos por el público que estaba deseando verle otra vez y, si fuera posible, mejor. Tal y como sucedió tras brindar su faena a los tendidos que en seguida se metieron en las creaciones del malagueño, ora con la derecha despatarrado o a pies juntos, ora con la izquierda siempre puesta por delante y conducida hasta el final, en pases de pecho inimitables, tenso como una ballesta o flexible como un junco en esos cambios de mano que solamente él da con la muleta cogida por el extremo contrario del palillo y, ¡cómo no¡, en sus pasos de ballet tantas veces calificados por mí como propios de Vaslav Nijinski en plena representación teatral que a unos les parecerán ridículos, a otros insólitos y a la mayoría algo realmente genial, arrancándose por peteneras antes de citar para un pase  cambiado que liga a otro del desdén absolutamente irreal. Vamos, que en Palencia cayó ayer el gordo de la lotería de Conde y ni una palabra más.

 

Y vamos con la faena del soponcio que les refería antes de Miguel Ángel Perera con el sexto tras lucirse plenamente en el recibo con lances apretadísimos y templados a pies juntos y en un precioso y ajustadísimo quite por chicuelinas rematadas con revoleras que pusieron la plaza boca abajo. Más boca abajo aún la puso luego con su faena de muleta que enjaretó en un palmo de terreno sin apenas moverse entre tanda y tanda porque en cada una toreó metido en el terreno del toro, firmísimo y sin pestañear tanto con la derecha como al natural y en los ligados de pecho sin que le importara sufrir no pocos avisos del toro que por poco le hiere – era muy incierto y astifino – en más de cinco ocasiones. Y toda ella, interpretada con la desenvoltura y la soltura de quien sabe lo que está haciendo y lo hace con total satisfacción. Estando tan valiente como acostumbra y sintiéndose feliz al mismo tiempo que es en lo que Perera ha cambiado tanto del año pasado a este.

 

Si la primera faena de Perera había sido de infarto, en esta superó en sitio, en temple y en mayor intensidad a las más celebradas de este año del adorado José Tomás. Lo digo porque así lo sentí como muchos de los que me rodeaban en el tendido que comentaron lo mismo. Pisar ese sitio que algunos creen sagrado y, además, toreando como quien lava es lo que hizo ayer Perera sin que nadie gritara desaforadamente ni se rompiera la camisa que es lo que hubiera ocurrido de haber hecho lo mismo el señor Tomás. Y no solo eso. Si lo hubiera hecho el de Galapagar, seguro que le habrían dado hasta el rabo. A Miguel Ángel solo le dieron una oreja pero ya verán lo poco que va a torear en las corridas que lo siga haciendo José Tomás si es que el año que viene se decide a hacerlo más veces que éste, en plazas de respeto y ante esos toros que todavía no ha querido ver ni por casualidad. Pero que no le importe a Perera porque si continúa haciendo faenas como esta que desde ahora yo llamaré del “soponcio”, se va a cansar de torear con los demás toreros que estarán encantados de alternar con él porque va a llevar a mucha gente a las plazas. Y ahora, esperemos ver si se atreven los de la tomatosis y sus sabios de Grecia a reconocer lo de Perera. Les apuesto lo que quieran que pasarán de largo y ni siquiera se darán por enterados.