José Antonio del Moral

FERIA DE SAN ANTOLÍN EN PALENCIA

 

“EL JULI” Y “EL CID” A HOMBROS CON UNA DESIGUAL CORRIDA DE FUENTE YMBRO

 

A cada uno de los tres espadas les correspondieron uno de los tres toros mejores y otro de los tres peores. A “Finito de Córdoba” le echaron al corral el manso declarado que abrió plaza pero pudo desquitarse con el muy noble cuarto logrando los muletazos de más calidad de la tarde al final de una buena aunque cautelosa faena que pinchó antes de agarrar una defectuosa estocada, cortando una oreja que fue protestada. “El Juli” anduvo muy por encima de su lote – el peor en conjunto – y cortó sendas orejas. Y “El Cid” otras tantas por una faena de muy más a menos con el buen tercero y por otra valentísima con el peligroso sexto.

 

Palencia. Plaza de los Campos Góticos. 5 de septiembre de 2007. Tarde progresivamente fría con viento y dos tercios de entrada. Seis toros de Fuente Ymbro, bien sin excesos aunque desigualmente presentados y de vario juego. Muy manso y probón el primero. Manejable el segundo aunque sin romper nunca tras mansear también en varas. Bravo y muy noble aunque a menos el tercero. Flojo aunque muy noble por el lado derecho el cuarto. Lastimado de remos tras derribar estrepitosamente el quinto que podría haber sido un buen toro. Y con incierto genio el sexto que terminó sacando peligro. Finito de Córdoba (berenjena y oro): Diez pinchazos huyendo, tres avisos y toro al corral entre una bronca que fue decayendo. Pinchazo y estocada muy trasera desprendida, oreja que el matador no quiso pasear porque fue protestada. El Juli (encarnado y oro): Buena estocada, oreja. Buena estocada, oreja. El Cid (gris perla y oro): Estocada muy trasera tardando en doblar, oreja. Estocada ligeramente contraria ladeada y descabello, oreja. El Juli y El Cid salieron a hombros.

 

Sinceramente, esperábamos mucho más de la siempre esperada corrida de Fuente Ymbro. Aunque también cabe decir a su favor que, si no hubiera molestado tanto el viento y si el quinto toro no se hubiera lastimado de remos tras derribar estrepitosamente y pegarse luego un volantín al acudir con mucho brío desde lejos a una chicuelina del quite que quiso hacerle El Juli, habría mejorado el desigual envío que tuvo dos garbanzos muy negros, los que abrieron y cerraron el festejo porque el primero fue un manso irremediable y el sexto un animal con genio que desarrolló peligro.

 

De otra parte y entre los aspectos negativos, la corrida no pudo empezar peor con un inesperado manso integral que dejó vivo Finito de Córdoba, creo que por primera vez en su larga carrera. Tan infamante acontecimiento no se debió a que Finito anduviera aperreado con la muleta – el toro no tuvo un pase y el cordobés abrevió sin contemplaciones – sino a que no se  atrevió a pasar por la cara del toro, ni siquiera para pegar un golletazo en vez de pinchar hasta diez veces a paso de banderillas sin que ninguna de las agresiones resultara mínimamente efectiva por lo que a la presidencia no le cupo más remedio que ordenar los tres avisos. El último, pedido inclementemente por parte del público que, la verdad, se pasó tanto en los insultos personales contra Finito que, luego de ser devuelto el toro a los corrales, la bronca perdió fuerza hasta casi desaparecer porque antes ya le había dicho de todo.

 

Menos mal que, con el cuarto, la suerte le cambió radicalmente para bien a y a pesar de que en la primera parte de la faena Finito toreó demasiado cauteloso aunque sobrado de técnica, poco a poco fue confiándose, relajándose y el trasteo fue ganado en calidad hasta desembocar en dos tandas por redondos realmente soberbias en las que intercaló trincherillas de verdadero primor reconciliándose así consigo mismo y con el público que, aunque no mayoritariamente, pidió una oreja que finalmente fue protestada, pienso por no haber matado Finito a la primera ni del todo bien en su segundo envite. Por mi parte, comentar que estos muletazos finales de Finito fueron, con mucho, los más bonitos y mejores de la tarde. Y es que Dios aprieta pero nunca ahoga.

 

Tanto El Juli como El Cid salieron a triunfar a cualquier costa lo que honra a ambos y, además, lo consiguieron con los cuatro toros sin que ninguno de los dos toreros ahorrara esfuerzos por conseguirlo. En tan indeclinable propósito, El Juli tuvo que tirar de los recursos que le sobran, de la inteligencia que le caracteriza y de la torería que casi nunca le falta para sacar partido de sus dos oponentes. Ninguno fácil aunque el quinto toro podría haber sido mejor de lo que fue de no haberse lastimado como ya ha quedado dicho y explicado en la ficha de esta crónica. Si importante y torerísima resultó su primera labor, magníficamente terminada con sucesivos muletazos con la derecha que, uno a uno ligó sin moverse a los de pecho tras ir metiendo al toro en su privilegiada muleta, meritísimo fue verle superar los problemas que accidentalmente le planteó el derrengado quinto que restauró hasta hacerle embestir como si no le hubiera pasado nada. También de menos a más para que el buen final del trasteo quedara fijado en la retina de los espectadores, finalmente entusiasmados a la hora de la verdad. Que tanto a este quinto como al segundo, los mató El Juli a ciencia cierta y contundentemente.        

 

El Cid nos obsequió como suele con un estupendo recibo por verónicas al tercero. Lances a los que el toro obedeció humillando y hasta planeando lo que cantó su gran clase, luego puesta de manifiesto en los primeros compases en redondo de una faena que, al contrario de las buenas de Finito y de El Juli, transcurrió de muy más a menos porque el toro no resistió la pureza y la hondura de los primeros muletazos de El Cid y, de pronto, empezó a hacerlo remiso, lo que impidió que el trasteo de El Cid terminara con tan buen corte como lo había iniciado. Inconvenientes de emplear la pureza a toda costa desde el principio. Algo que debería servirle a El Cid para que, de ahora en adelante, no abuse con tan buena voluntad de salida y vaya administrándose para atacar más a final que es lo que tan bien saben hacer los mejores toreros en estos casos. No obstante, el empeño del torero, la estocada con que mató y a pesar de lo mucho que tardó el toro en doblar, le fue concedida una oreja aunque creo que si hubiera planteado la faena con más picardía, podría haber cortado dos.


Y como había que salir a hombros con El Juli y a El Cid no le importaron las malas condiciones del sexto toro para jugarse el físico como si tal cosa. Incluso demasiado porque el toro no paró de mirarle y en varias ocasiones le avisó de cogida. Pero este torero está ahora así de vozalón y no hay quien le pare. Fue tras cinco o seis veces de estar al borde de la cogida cuando Manuel se decidió a terminar la angustiosa labor con otra estocada que por imperfecta necesitó del descabello. Pero a la gente todavía de duraba en su aprecio el admirable valor de El Cid y la oreja cayó por su propio peso y a favor de obra.