FERIA DE OTOÑO EN MADRID

José Antonio del Moral

LA IRREMEDIABLE PLAZA DE LAS VENTAS

EN MEDIO DEL ASTÍO POR LOS YA INEVITABLES E INSUFIBLES GRITOS E INSULTOS DEL TENDIDO 7 Y EL IGNORANTE CONFORMISMO DE LA MAYORÍA DEL PÚBLICO, ANTE UNA MUY AGRESIVA Y DESLUCIDA CORRIDA DE NUÑEZ DEL CUVILLO, SEBASTIÁN CASTELLA ASUSTÓ AL MIEDO CON TRES TOROS DE IMPOSIBLE LUCIMIENTO, MIGUEL ÁNGEL PERERA CORTÓ UNA OREJA GRACIAS A LA GRAVE CORNADA QUE SUFRIÓ EN PLENA FAENA FRENTE AL ÚNICO TORO QUE MEDIO EMBISTIÓ Y SERAFÍN MARÍN SE LA JUGÓ COMO SUS COLEGAS AUNQUE SIN MAYORES ALEGRÍAS QUE UNA MERITORIA Y ESPESA ACTUACIÓN

Madrid. Plaza de Las Ventas. 8 de octubre de 2005. Penúltima corrida de la mal llamada Feria de Otoño. La nublada tarde a plaza casi llena y con el ambiente previo por todo lo alto, solo merece un breve comentario porque, una vez más y quizá ésta con mayor motivo que nunca, salimos haciendo ascos y echando pestes de la plaza. Hartos, ahítos, hasta el mismísimo gorro de los ya inevitables e insufribles energúmenos del tendido 7 y ad-láteres que no pararon de chillar, de insultar, de vociferar estúpidas consignas y, ¡cómo no¡, de intentar por todos los medios que el espectáculo fracasara y, sobre todo, que se hundiera el torero que más expectación había despertado de la terna, el francés Sebastián Castella. Cosa que no consiguieron gracias al valor suicida del espada, ayer más dispuesto que nunca a jugarse la vida, de lo que se libró por puro milagro. En todo caso, la incondicional disposición de Castella frente a tres toros que apenas se movieron y que, cuando lo hicieron, fue quedándose muy cortos O rebañando – impresionantes por increíbles los dos naturales que le sacó al cuarto toro -, fue lo más sobresaliente del festejo junto al irreprochable volapié con que mató a su segundo enemigo. Tras una petición de oreja que solo por la excelencia de la estocada debió serle concedida, Castella dio una vuelta al ruedo entre ovaciones mientras los del 7 se desgañitaban en su contra y un aficionado recriminaba al presidente por no otorgar el merecido trofeo: "Esta es la tercera oreja que le quitas a Castella después de evitar que saliera dos veces por la Puerta Grande en San Isidro. ¡Qué vergüenza!". Cuantos estaban alrededor del que así se quejó subrayaron lo que acababa de decir con nutridos aplausos.

El pobre juego de la mayoría de los imponentes astados – nunca mejor empleado el término por la enorme y astifina cornamenta que exhibió la mayoría – contribuyó al desastre de un festejo en el que solo medio embistió un toro, el tercero. Pese a mansear en el caballo, este toro metió la cara en los engaños y propició la única faena digna de tal nombre, la que le hizo Miguel Ángel Perera con la firmeza y el temple que le caracterizan hasta ser corneado secamente cuando intentó ligar un natural al anterior sin estar cruzado como correspondía hacer en vez de quedarse quieto en el sitio donde había dado el anterior muletazo. El toro vio al torero al quedarse por las afueras y le atizó el navajazo. Rajado el animal en ese preciso momento, Perera continuó su intento después de que le hicieran un torniquete y, como el bicho no quiso colaborar más, se tiró a matar con enorme entrega, consiguiendo una estocada de rápidos efectos y una emotiva oreja que el extremeño no pudo pasear por pasar de inmediato a la enfermería donde fue intervenido de una cornada de 20 centímetros en la cara interna del muslo izquierdo, por fortuna limpia.

Serafín Marín tuvo que matar un sobrero inválido de Martín Lorca tras ser devuelto el anunciado, por cierto bastante menos flojo que el que se lidió, y un quinto asimismo débil que embistió sin apenas recorrido y con la cara por las nubes, razón por la que pinchó repetidamente a la hora de matarlo.

La sensación de coso taurino irremediable con que abandonaron la plaza los pocos buenos aficionados y profesionales que asistieron fue notoria en cuantos comentarios escuchamos: "Una gran y maloliente mierda". El único cartel verdaderamente atractivo de esta mal denominada feria, al garete. Si esto es lo que quieren los del 7 y sus cantautores más o menos oficiales, es lo que se merecen como también cuantos les aguantan sin rechistar. Con su pan y con sus muertos se lo coman.