José Antonio del Moral
FERIA DE SAN MATEO EN LOGROÑO
PUNDONOR Y TORERÍA AUTÉNTICA DE PONCE, EL FANDI Y CASTELLA
La respuesta de las tres figuras a quienes pretenden serlo frente a reses sin respeto alguno, se produjo con una corrida de impresionante trapío, astifinas defensas y muy dura de pelar. No importó que por el mal uso de la espada Ponce perdiera las dos orejas del cuarto toro, ni que Castella perdiera tres por lo mismo. Aunque el único que logró un trofeo del toro más noble del encierro fue El Fandi, los tres fueron despedidos con encendidas ovaciones por el público, entusiasmado ante la grandeza torera que, cada uno en su estilo y medida, lograron con sus respectivos oponentes.
Logroño. Plaza de la Ribera. 18 de septiembre de 2006. Segunda de feria. Tarde veraniega con tres cuartos de entrada. Siete toros de Javier Pérez Tabernero incluido el sobrero que reemplazó al primero, devuelto por flojo. Fue el único que se cayó. Todos de impresionante trapío y abundantes defensas en diversidad de tipos. Los dos primeros y el que se lidió en último lugar, exageradamente pesados y gigantescos. Con mejores y más armónicas hechuras los demás. Tan solo el segundo se comportó con inequívoca nobleza. Por el contrario, los de la segunda mitad se comportaron con progresión de dificultad, sobre todo el quinto, que desarrolló peligro, y el sexto por distraído con genio y acentuada mansedumbre. Enrique Ponce (corinto y oro): Pinchazo hondo y dos descabellos, silencio. Metisaca en los bajos de rápidos efectos, enorme y sostenida ovación con ligeras discrepancias. El Fandi (negro y azabache con golpes dorados): Casi entera trasera desprendida, oreja. Estocada caída, ovación. Sebastián Castella (marfil y oro): Pinchazo, otro hondo perpendicular y tres descabellos, dos avisos y palmas. Seis pinchazos y tres descabellos, dos avisos y gran ovación. Muy bien en palos y en la brega Curro Molina.
A medida que iban saliendo los toros de Javier Pérez Tabernero, resultaba inevitable compararlos con los del día anterior de Capea en Salamanca. ¿Cuándo y en donde veremos a Cayetano con un corridón así?. Dejemos la respuesta en el aire. Por el momento no tendrá necesidad alguna de ponerse delante de reses tan agresivas y en su mayoría tan difíciles. Aunque tampoco lo tienen Ponce, El Fandi y Castella y ahí estuvieron cual héroes dispuestos a todo con tal de mantener su alto honor torero en lo alto y, no sólo eso, poniendo además empeño en triunfar a cualquier costa.
Pasado de peso y de hechuras el primero - 634 kilos - aunque tan flojo como dócil, si no lo hubieran devuelto a los corrales, Ponce hasta se hubiera divertido con él. Pero tuvo que hacerlo en breve trámite con el sobrero, otro impresionante animal - !671 kilos! - algo más fuerte que el anterior y menos claro del que sacó partido el valenciano entre el ya calmado gentío hasta que lo mató de pinchazo hondo y dos descabellos. ¿Serían así los cinco que faltaban?.
No todos. Porque el segundo pareció pequeño si lo comparamos con los que le precedieron pese a los 569 kilos que pesó. Bien hecho, proporcionado y de armónica cabeza, este segundo fue un toro realmente noble, lo que dio ocasión a David Fandila de explayarse en los tres tercios con inusitada perfección. Muy buenos y templados lances, excelente brega, tres pares de banderillas marca de la casa y una faena de muleta tan intensa, calmosa y sentida que muchos se frotaron los ojos al contemplar como El Fandi era quien la estaba haciendo y no otro cualquiera. Irreprochables las tres tandas por redondos ligadas a sendos de pecho, de menor belleza la que dio al natural porque por el lado izquierdo protestó algo en animal, y enseguida otra cabal con la mano diestra hasta matar y cortar la que iba a ser única oreja de la tarde.
Hasta dos podría haber cortado Sebastián Castella del tercero gracias a la quizá demasiado abundante demostración de valor y de temple con que se prodigó con el capote y, sobre todo, en una faena de muleta realmente importante, muy por encima de las condiciones del animal, manejable en las manos del francés. Tanto quiso agradar Castella que se pasó de tiempo y de faena, se puso el toro difícil para entrarlo a matar y se esfumó el buscado triunfo.
También el que podría haber logrado Ponce con el muy difícil y fortísimo cuarto de no haberle liquidado de horrendo metisaca. Pero, señores, !qué lección más grande del maestro¡. Muy castigado en varas como correspondía hacer aunque algunos no terminaran de entender por qué Quinta se aplicó en el intento de que el toro humillara, Ponce lo quiso brindar al público y, los mismos que habían chillado al picador, protestaron la cortesía del gran torero que, de inmediato, desistió de ofrecer al público la obra que llegó a continuación.
Un derroche de paciente sapiencia y de precisión que terminó cambiando embestidas ariscas prácticamente imposibles por otras aparentemente dóciles y obedientes por cuanto y cómo Ponce llevó a cabo, primero a media altura y finalmente por bajo mientras pudo, una vez obrado el milagro con su prodigiosa muleta. Una pena que no matara bien porque, de haberlo conseguido, Ponce podría haber terminado con el maleficio de ser la de Logroño la única plaza del mundo en donde no ha salido a hombros.
Con otro toro temible por enorme y progresivamente peligroso, El Fandi hizo lo posible por redondear el éxito ya logrado, resultando finalmente imposible conseguirlo aunque no protagonizar un extraordinario tercio de banderillas en el que, una vez más, demostró el granadino que en tal menester no tiene par y que hay Fandi para mucho tiempo. Mientras continúe poniendo los tendidos boca abajo, todos los que le niegan valor y méritos, seguirán quedando en ridículo.
Y, finalmente, otra vez Castella en plan de ofrecerse al sacrificio frente al quizá más incómodo toro de los seis que se lidiaron. Por cierto, tan excelente en la brega Curro Molina, que hizo creer que el toro sería para la muleta mejor de lo que fue. De ahí el tremendo mérito de Castella al sortear tarascadas y continuos amagos de cogida sin osar moverse lo más mínimo. Rajado el torazo, que no el torero, fue imposible matarlo por arriba y, en tal intento, se eternizó pinchando Castella, con lo que perdió otra posible oreja pero no el respeto de los espectadores, volcados con su entrega. Lo mismo que con Ponce y con El Fandi, que fueron despedidos entre un mar de ovaciones.