FERIA DE SAN MATEO EN LOGROÑO

José Antonio del Moral

LUMINOSA FAENA DE CASTELLA EN MEDIO DE UN INSUFRIBLE PETARDO

FUE UNA PENA QUE EL ESPADA FRANCÉS PINCHARA LA ÚNICA GRAN OBRA DE ESTA DESGRACIADA FERIA. LA LLEVÓ A CABO CON EL SEGUNDO TORO DE "PUERTO DE SAN LORENZO", TAMBIÉN EL ÚNICO QUE SE PRESTÓ AL MEJOR TOREO. LA NULA FUERZA DE LA MAYORÍA DE LAS RESES Y LA DESLUCIDA MANSEDUMBRE DE ALGUNAS, DIERON AL TRASTE CON EL ATRACTIVO FESTEJO EN EL QUE A ENRIQUE PONCE SE LE VIO SIN SITIO Y MUY CAUTELOSO A SALVADOR VEGA

Logroño. Plaza de la Ribera. 23 de septiembre de 2005. Cuarta de feria. Tarde medio calurosa con algo más de dos tercios de entrada. Cuatro toros de "Puerto de San Lorenzo", bien aunque desigualmente presentados y muy débiles cuando no apagados, manos e incluso con peligro como el cuarto. Por devolución del inválido primero, se corrió un enorme sobrero de "Ventana del Puerto", manso integral y muy brevemente manejable en la muleta. Y por devolución del muy basto u asimismo inválido sexto tras ser masacrado en varas, otro sobrero de la extensa familia Charro, también manso aunque noble pero completamente rajado. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo, otro hondo, media tendida, otro pinchazo y descabello, silencio. Pinchazo y bajonazo, leve división. Sebastián Castella (salmón y oro): Pinchazo, media estocada y tres descabellos, gran ovación. Dos pinchazos y estocada, silencio. Salvador Vega (verdina y oro): Buena estocada, silencio. Estocada corta caída atravesada, silencio

Tarde de desolación y de pena tan solo compensada con la luminosa faena que Sebastián Castella llevó a cabo con el segundo toro. También con sus verónicas de recibo al mismo ejemplar, el único que valió de la floja, mansa, deslucida, intolerable y mal diezmada corrida de "Puerto de San Lorenzo". Pongamos, por ello, el primer y único acento grato en esta obra del espada francés, que cada vez que le veo le veo mejor y me gusta más. Asombra su total seguridad que basa en un valor enormemente tranquilo que se manifiesta por la cercanía y por la firmeza con que torea, casi siempre dulcemente templado cualquiera que sea la velocidad de su oponente y acoplándose según convenga en el sitio y el lugar que más convenga. Distanciado en los cites cuando hace falta, más cerca cuando los toros lo piden o en lugar de angustia para terminar metido entre los pitones. Por cierto, lo único que le sobró a la dichosa corrida, sus muy largos y astifinos cuernos. Y cuando parecía que Castella iba a cortar dos orejas , pinchazo al canto, media insuficiente y tres descabellos recetados ya sin interés del espada, sin duda disgustado por su inoportuno fallo con los aceros. La miel en los labios y a esperar el quinto que esta vez sí fue malo y no hubo casi nada. Tan malo como todos los demás, incluidos los dos sobreros.

Dejemos el disgusto para la brevedad y para el olvido que bastante lo fue para los presentes y no quiero que lo sufran los lectores aunque sin olvidar algunas sensaciones que nos disgustaron tanto o más que el pobre juego del ganado. Vi a Ponce sin sitio. Aparte su habitual y ya asumido y catastrófico desastre con la espada, queriendo sin querer del todo con el manso sobrero y fatal con el increíblemente brindado cuarto. Muy mal toro pero no tanto como para que Ponce pareciera un cualquiera a la deriva. Después de que la corrida terminara, me enteré que actuó infiltrado por un gran dolor que padece en la cadera como consecuencia – dicen - de pisar mal e inseguro tras su cornada del gemelo. Sea como fuere, pocas veces por no decir ninguna he visto a Ponce tan mal como ayer en Logroño. Irreconocible. Como para irse pronto a casa…

Y Vega creyendo que se gusta sin gustarse. Mirando desplantado y orgulloso a los tendidos tras cerrar vulgares tandas recetadas sin cruzarse una sola vez. Este chico necesita unos ejercicios espirituales dirigidos por alguien que le descubra que este año no está toreando como sabe y como aún creo que podría volver a torear. Porque sería tremendo que se conformara con lo que está haciendo.