José Antonio del Moral
FERIA DE SAN
MATEO EN LOGROÑO
Nada menos que siete orejas
se cortaron en la corrida mixta. Tres Hermoso de Mendoza, dos con petición de
rabo El Juli que estuvo cumbre con su primer toro y otras dos Eduardo Gallo del último de la tarde. Sobraron las
segundas del primer toro de rejones y la del sexto. Pero como embistieron los
toros – tanto los despuntados de Bohórquez como tres de los cuatro de Zalduendo – el precioso segundo resultó extraordinario – y
los toreros se aplicaron sin reservas, el público que llenó la plaza lo pasó en
grande.
Logroño. Plaza de
El gran acierto de sustituir a Ponce con El Juli y la suerte que éste tuvo con el segundo toro, primero
de los de Zalduendo, resolvieron por primera vez esta
feria que venía resistiéndose demasiado con tantas ausencias y otra tantas
sustituciones que no siempre resultaron positivas. Vivimos y gozamos así el
momento culminante de una corrida que, como no podía ser de otra manera, empezó
y medió triunfalmente gracias a la infalibilidad de Pablo Hermoso de Mendoza
que cuajó sendas obras marca de la casa aunque de distinto nivel en función de
diferente aunque manejable juego que dieron sus dos toros de Bohórquez. La
espectacular maestría del jinete navarro ya no hay quien la ponga en duda y
solo cabe matizar que su primera faena solo debió premiarse con una oreja
porque el toro quedó bastante mermado en su brío por lo que no pudo profundizar
ni extenderla y, además, pinchó antes de recetar el rejonazo definitivo. Tal y
como al cuarto que toreó y banderilleó con mayor excelencia pero también lo
pinchó, cortando exactamente lo que mereció, un solo trofeo.
Pero claro, la muy superior actuación de El Juli en su turno de la primera parte del festejo pesó tanto
que forzosamente fue aplicado el término de la comparación. Y ello a pesar de
lo demasiado bonito que fue este toro de Zalduendo,
imagino que elegido para que, con suerte, cayera en las manos del también caído
Cayetano. Inevitable fue pensar en tal elección cuando el toro saltó al ruedo,
como también lo fue ver a un Juli dispuesto a
demostrar quien es en el toreo actual, revuelto con el triunfalismo que
acompaña a José Tomás y con las barbaridades que se están escribiendo a
propósito de las cogidas que suele sufrir en todas sus actuaciones.
Y es que El juli hasta
se dejó coger en pleno faenón cuando inesperadamente se
le paró el toro, le miró, y en vez de “tocarle” para que volviera a mirar a la
muleta, se quedó inmóvil y resultó alcanzado y volteado, afortunadamente sin
consecuencias. Y como todo lo que había llevado a cabo antes había sido
perfecto, la emoción de la cogida sumada a cuando hizo después con aún mayor
perfección y ajuste, sumado a la gran estocada con que mató, desataron el
entusiasmo del público que hasta pidió el rabo. Trofeo que debería haber sido
concedido si la presidencia hubiera querido distinguir lo normal de lo
excepcional.
Luego no anduvo listo Eduardo Gallo por
demasiado ansioso con los pases de rodillas en su arranque de faena frente al
tercero, forzando el embestir de un toro no sobrado de fuerza, por lo que su
trasteo se vino abajo tras una tanda simplemente estimable con la mano derecha.
Como tampoco El Juli debió brindar la faena al quinto
a sabiendas de lo manso que fue y del genio que evidenció desde que lo recibió
con el capote. El empeño de El Juli resultó baldío.
Pero faltaba el sexto y como tanto Eduardo Gallo
como el público quisieron que la corrida terminara con los tres toreros a
hombros, el salmantino se arrimó una barbaridad en la segunda parte de su antes
templada aunque distante faena, se entregó en la estocada y la gente
correspondió emocionada y finalmente volcada para que la tarde culminara con
todos felices y contentos.