José Aº del Moral

Jadmpc@terra.es

2ª DE SAN MATEO EN LOGROÑO

GRAN PRINCIPIO Y BUEN FINAL CON TRES NOBLES TOROS DE JUAN PEDRO

PONCE CORTÓ LA OREJA DEL PRIMERO TRAS UNA ELEGANTE E INTELIGENTE FAENA, "EL JULI" PINCHÓ UN IMPORTANTE TRASTEO AL SEGUNDO Y CESAR JIMÉNEZ CORTÓ OTRO APENDICE AL MEJOR SEXTO PERDIENDO EL SEGUNDO CON UN FEO ESPADAZO

 

LA OPINION DE

QUIEN DICE

LO QUE PIENSA

Logroño. Plaza de la Rivera. 22 de septiembre de 2003. Segunda de feria. Calor y llenazo. Seis toros de Juan pedro Domecq, muy bien presentados y de vario juego, destacando por mejores el primero que resultó soso y de escaso brío, el segundo por su profunda embestida por el lado izquierdo y el sexto por más bravo y alegre. Tercero, cuarto y quinto se vinieron abajo en la muleta. Enrique Ponce (celeste y oro): Estocada desprendida, oreja. Estocada caída y descabello, ovación. "El Juli" (añil y oro): Pinchazo, estocada corta y descabello, aviso y gran ovación. Pinchazo y estocada caída, palmas. Cesar Jiménez (marfil y oro): Pinchazo y casi entera caída, silencio. Bajonazo, oreja y petición de otra con bronca injustificada a la presidencia por no concederla.

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Los coleccionistas de orejas se quedaron con las ganas de que "El Juli" cortara las dos que merecía su gran faena al segundo toro y el doble trofeo que sin duda hubiera tenido que dar la presidencia a Cesar Jiménez por su habilidosa y alegre faena al sexto, sin duda el mejor ejemplar de los tres buenos toros que trajo Juan Pedro Domecq a Logroño dentro de una corrida magníficamente presentada que, por lo demás, no pudo completar en juego, precisamente por el poco que dieron los toros que ocuparon los lugares centrales del festejo, razón de que a la gente le supo a menos la corrida de lo que en realidad fue. Un gran principio y un buen final a cargo de las dos máximas figuras del toreo y del más destacado entre los nuevos valores. De tal modo y nada más iniciado el espectáculo, los riojanos pudieron disfrutar con un Enrique Ponce profesoral y exquisito en una faena que no habría sido tan limpia ni tan brillante ni tan completa de no haberle correspondido a él este primer animal. Un toro con calidad pero soso y venido a menos nada más iniciado el trasteo del valenciano. La mayoría del público se calentó pronto con la faena poncista pero la música tardó en amenizarla aunque cuando lo hizo sonó nada menos que el impar por sinfónico y coral himno de Valencia, joya de la música regionalista que Ponce logró encajar con cada uno de los compases de su preciosa e inteligentísima obra. No le sobró nada ni tampoco le faltó aunque a algunos recalcitrantes de la antigua y brutal afición logroñesa les pareció un dispendio la oreja que le concedieron al gran torero hasta el punto de sufrir un berrinche que los demás celebramos. De haber tenido más brío el toro, Ponce podría haber ligado más los pases y seguramente haber salido a hombros en la única plaza del mundo que aún no ha podido abrir su puerta grande. Luego, con el parado cuarto, no tuvo más opción que brindárselo al gran peón y mejor persona Emilio Fernández, uno de sus más fervientes y nunca secretos partidarios. Tendrá Ponce que repetirle el brindis porque Emilio merece un triunfo a tono con su excepcional calidad humana.

Quien sí tenía la puerta grande asegurada fue "El Juli" por su gran faena al segundo toro. Pletórico y mayestático Julián, sobre todo por naturales, logró hilvanar varias tandas sobre ambas manos en las que intercaló suertes menos fundamentales pero no menos enjundiosas hasta reventar los tendidos a su favor. Pero un pinchazo previo a la estocada y un postrer descabello dejaron la cosa en fortísima ovación. Mal el público porque la faena por sí misma merecía una oreja ya que las tres agresiones con los aceros fueron correctas. El quinto perdió las manos tras la suerte de varas y "El Juli" se negó en principio a banderillearle, pero a petición insistente del público accedió a colocar tres pares que fueron lo mejor que hizo en este toro al que también metió en la muleta hasta que el bicho se negó radicalmente a colaborar con el joven maestro.

También tuvo asegurada salida a hombros Cesar Jiménez tras su faena al sexto, tan alegre como el toro. La habilidad del torero de Fuenlabrada, sus arranques y finales de faena con las rodillas en tierra, su fresco sentido de la improvisación y de la oportunidad encantaron a los tendidos pero un garrafal espadazo impidió la concesión del un segundo trofeo que la presidencia se negó a conceder en toda lógica aunque mucho público se enfadó por la negativa del palco. Con el tercero, muy mermado tras una voltereta, Jiménez intentó su fórmula muletera habitual sin sentido ni razón porque las condiciones de esta res no fueron las idóneas para que el ya clásico trasteo de Cesitar tuviera posible solución.