FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA

LO QUE PUDO SER Y NO FUE

Con la plaza casi llena y por el mal juego que dio el ganado colombiano de "El Paraíso", no se cubrieron las expectativas del cartel más esperado de la temporada limeña pese a las bellas verónicas y a la media faena señorial de "Finito de Córdoba" que cortó la única oreja del festejo negándose a pasearla ante las protestas de parte del público. Muy celebrado, variado y sabroso aunque demasiado largo trasteo de Juan Carlos Cubas frente al único toro que valió la pena del envío. El nuevo matador perdió las orejas con la espada y Javier Conde, que debutaba en Acho, quedó prácticamente inédito con el peor lote

Lima (Perú). Plaza de Acho. 28 de noviembre de 2004. Sexta de feria. Tarde soleada y más de tres cuartos de entrada. Seis toros de "El Paraíso", propiedad de Jerónimo Pimentel, bien presentados con bella estampa y variado pelaje. Salvo el noble por el lado derecho cuarto, que se rajó por completo a mitad de faena, y el sexto que resultó el mejor y más completo del envío colombiano, los cuarto restantes apenas dieron juego por mansos, flojos o desrazados. "Finito de Córdoba" (rosa y azabache): Pinchazo y estocada, palmas. Estocada, oreja protestada negándose el matador a pasearla a cambio de recibir una gran ovación con saludos desde los medios. Javier Conde (carmelita y plata): Dos pinchazos, estocada y ocho descabellos, silencio. Estocada trasera, silencio tras leves pitos. Juan Carlos Cubas que tomó la alternativa (blanco y oro): estocada desprendida saliendo rebotado, aviso y ovación. Tres pinchazos y estocada, vuelta al ruedo. Muy bien en la brega, Paco Peña, y en palos Curro Molina.

La gran entrada que registró ayer la plaza de Acho correspondió a la expectación que había despertado el penúltimo festejo de la feria. Interés que recaía, sobre todo, en la alternativa del joven diestro peruano Juan Carlos Cubas tras su triunfal despedida novilleril de hace días en esta misma plaza. Un doctorado de lujo, además, porque las reses anunciadas llegaban precedidas de los éxitos del ganadero afincado en Colombia, Jerónimo Pimentel, y nada menos que "Finito de Córdoba" y Javier Conde, que hacía su presentación en Lima, actuando como padrino y testigo del evento.

Hasta mediado el festejo las cosas no pudieron desarrollarse como todo el mundo quería. Primero por el mal el juego del ganado y, consecuentemente a ello, por el poco lucimiento que logró la terna con los tres primeros ejemplares. De tal modo, Cubas pareció la sombra de sí mismo con el toro que abrió plaza. Un animal jabonero sucio que, muy violento, tardó en romper a manejable en parte por su propia condición y en parte por lo mucho que el toricantano se demoró en descubrir su escondido mejor fondo. Muy largo el trasteo y aunque los tendidos siempre estuvieron a favor del nuevo matador, solo en su segunda mitad consiguió Cubas despejar alguna incógnita aunque ya con la parroquia cansada y ajena a la premiosa labor que terminó con aviso y a punto de que sonara el segundo.

Tampoco "Finito" logró levantar los decaídos ánimos de los espectadores con el segundo toro que, por acusar cierta cojera, fue protestado por el público sin que el bicho acabara de reponerse pese a los esfuerzos técnicos del cordobés en conseguirlo. Sus muy bellos y templados lances de recibo por verónicas y el proverbial gran porte de "Finito" en sus breves intentos muleteros, supieron a poco. Y menos que a poco los personalísimos chispazos del genial Javier Conde con el tercero, un toro tardón y sin el más mínimo brío con el que el malagueño demostró que venía a triunfar y hasta anduvo empeñoso y con más ganas de las que suele en casos parecidos. Lástima, porque ya que estamos con Javier, tampoco con el quinto – aún peor por más incómodo – logró destapar el indudable atractivo de su misterioso, arrebatador y personalísimo toreo. La gente respetó tanto al artista como él a la plaza. Razón de más por la que Conde merece venir el año que viene a Lima y el público tener otra oportunidad de disfrutarlo

La corrida, sin embrago, tuvo sus momentos felices. El primero con los lances de "Finito" y con su señorial faena por redondos frente al cuarto toro hasta que, rajado por completo el animal, no hubo manera de continuar la preciosa y honda obra, sin duda lo de más calidad en lo que va de feria. Muy a gusto y entregado "Finito", y acorde con lo que el bicho dio de sí, no me explico lo que tardó la presidencia en dar la oreja que muchos pedían tras una buena estocada y menos las protestas de varios espectadores cuando se concedió con las mulillas ya en viaje hacia el patio de arrastre. El señorío de "Finito" quedó también patente con su elegante actitud al negarse a pasear el anillo con el despojo que entrego a uno de sus peones. La ovación de gala que recibió luego en los medios puso paz y gloria gestual al polémico capítulo.

Y finalmente, Juan Carlos Cubas con el sexto. Por fortuna el mejor y más completo del encierro que sirvió para que el ganadero salvara su honor y para que el nuevo matador ratificara lo mucho que de él esperan sus paisanos. Importante, variado, inteligente, valiente y hasta inspirado anduvo Cubas con este toro en una faena que levantó al gentío de sus asientos y que por su demasía en pos del entusiasmo que tuvo el peruano, resultó demasiado larga hasta pasarse en lo debido para poder entrar a matar con más seguridad. Pinchó Juan Carlos tres veces antes de enterrar el acero y ello le privó de cortar dos orejas y de salir a hombros aunque no de ocupar el puesto que se merece en la última corrida de la feria.