FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA José Antonio del Moral
CUBAS CALENTÓ AL ROJO VIVO SU PRÓXIMA ALTERNATIVA
Por su completa y brillante actuación cortó tres orejas y salió a hombros junto al debutante valenciano Juan Ávila que cerró la tarde con uno de los tres mejores ejemplares de una preciosa y noble aunque floja novillada de Roberto Puga en la que un muy verde Fernando Roca Rey se llevó el lote menos lucido
Lima (Perú). Plaza de Acho. 24 de octubre de 2004. Primera de feria. Cielo tamizado y ambiente fresco con brisa y más de media entrada muy repartida. Seis novillos de Roberto Puga de preciosa lámina, vario pelaje y desigual juego. Todos nobles en distintos grados de fuerza, escasa en su mayoría, sobresaliendo por su mayor entereza y recorrido segundo, quinto y sexto aunque dos de ellos se rajaron al final. Fernando Roca Rey (blanco y oro): Buena estocada, silencio. Pinchazo muy hondo trasero y bajo, división de opiniones. Juan Carlos Cubas (amapola y oro): Estocada, dos orejas. Media estocada caída, aviso y oreja. Juan Ávila (blanco y plata vieja): Pinchazo y estocada contraria, silencio. Estocada contraria, dos orejas. Cubas y Ávila salieron a hombros. En la brega destacó "Denis" y en palos Raúl Mendiola.
Aunque las orejas no siempre son referencia fiel de lo sucedido en las corridas – ayer no debieron concederse la segunda que cortó Cubas al segundo novillo ni menos otra segunda del sexto al español de Valencia, Juan Ávila – no sería justo ocultar que el primer festejo de la Feria del Señor de los Milagros resultó entretenido, brillante en varios momentos y enormemente positivo para arrancar un ciclo que, por demasiado espaciado, requería un animado inicio. A la respuesta que los aficionados limeños dieron por adelantado asistiendo en mayor medida de lo esperado en esta clase de espectáculos menores, se añadió la bonita y sobrada presencia de las reses lidiadas, el buen juego de tres pese a la poca fuerza de la mayoría y la indudable disposición de la terna de actuantes. Muy jóvenes los tres, dos de ellos peruanos, y el debutante español que salió con tantas ganas de vencer a sus colegas como estos entre sí. Luego, el mayor o menor oficio y arte de los tres y la siempre impredecible suerte puso a cada cual en su sitio. Razón profunda y atrayente de la fiesta brava por incierta e irrepetible cada tarde y en cada toro.
Por lo que respecta a quien subscribe, los tres me estaban por descubrir aunque de los tres había oído hablar. De las novilladas y de los novilleros no se deben sacar conclusiones definitivas. Pero cada vez que vemos torear a alguien por primera vez, es inevitable emitir la impresión que nos causan. Así, me gustó el desparpajo, la alegría, la capacidad de trasmitir de Fernando Roca Rey en los recibos de sus dos novillos con el capote en sendas largas cambiadas a porta gayola y en algunos lances que siguieron. Pero no lo que llegó a continuación por dos motivos. Uno ajeno al matador y otro de su propia aportación. Ninguno de sus dos novillos fueron, creo, los que le van o más le convienen porque se cayeron o pararon demasiado, si bien el segundo que hizo cuarto tuvo arrancadas más aprovechables pese resultar cortas. ¿Qué pasó entonces?. Pues que Fernandito no estaba tan puesto o toreado como tan poco fáciles ejemplares requerían para sacarles mayor partido aunque con este cuarto a veces se colocó en el sitio corto que pedía y acertó a templarse algo. Por eso su proverbial simpatía se trocó en rictus de tristeza a medida que la lidia de sus novillos fue avanzando y, sobre todo, cuando tuvo que encarar el mal trato que le dieron la mayoría de sus paisanos, sin duda a la espera, como yo, de verle mejor de lo que estuvo. Tiempo al tiempo sin embargo.
Contrastó mucho para su bien y para el mejor desarrollo de la tarde, el entusiasta apoyo del público a Juan Carlos Cubas. Contrató aún más el mayor oficio de éste. Y contrató como base fundamental para lograr el triunfo, el mejor juego de sus dos oponentes aunque el segundo se le rajó un poquito. Aparte de la experiencia resolutiva que exhibió con el segundo, me llamó la atención su fibra torera y, aunque no terminó de convencerme del todo, lo consiguió con el quinto al que toreó de muleta rematadamente bien por ajustado a sus buenas condiciones, por el ritmo que imprimió a cuanto hizo y por el gusto y sentimiento que le echó. Fue lástima que el espadazo con que mató fuera defectuoso y que, por ello, tardara el bicho en doblar por lo que escuchó un aviso aquí fatídico aunque, de todas formas, la segunda oreja que le dieron del anterior novillo yo se la hubiera dado tras matar al quinto. En cualquier caso, enhorabuena porque con este triunfo ha calentado al rojo vivo su próxima alternativa en Acho.
También triunfó el debutante Juan Ávila. Pero aun reconociendo la valiosa situación que sin duda aprovechará de cara a España, su salida hombros nada menos que por la puerta grande de este importantísimo escenario, a mi no me pareció tan merecida, y lo que es peor, no me gustó su estilo de torero. Nada que objetar a su firme valor, a sus ganas – excesivas por alargar demasiado sus trasteos hasta hacerse pesado – , pero sí lo que, por ahora, me parece increíble tras leer y escuchar los muchos elogios que se han hecho de este valenciano tosco y pueblerino que, en mi opinión, anduvo por bajo del estupendo sexto novillo pese a lo mucho que berreó y reculó. El entusiasta feísmo del toreo de Ávila rompió los esquemas que me lo habían descrito como un valor seguro e inminente.