José Antonio del Moral
ÚLTIMA DE JAÉN Y DE LA TEMPORADA 2005
DE CÓMO TRES OREJAS SE CONVIRTIERON EN SEIS
MUY FELIZ FIN DE TEMPORADA EN TARDE VARIADA Y TRIUNFALISTA CON UNA MUY DESIGUAL CORRIDA DE PEREDA EN LA QUE A ENRIQUE PONCE Y A RIVERA ÓDÓÑEZ LES CORRESPONDIERON LOS DOS ÚNICOS BUENOS TOROS DEL ENVÍO Y A "EL FANDI" LOS PEORES. PESE A LO CUAL, LOS TRES CORTARON DOS OREJAS Y SALIERON A HOMBROS
Plaza de toros de Jaén. 18 de octubre de 2005. Última de feria. Tarde nublada tras mañana de intensa lluvia con más de tres cuartos de entrada. Seis toros de "La Dehesilla" (José Luis Pereda) de muy dispareja presentación y juego. En su mayoría terciados y enclenques, por su mejor juego destacaron el noble aunque flojo cuarto y en más bonito, bravo, encastado y noble quinto que fue el mejor con mucho. Los demás, apenas dieron juego por débiles, descastados y progresivamente parados. Enrique Ponce (blanco y plata): Media atravesada tendida caída, pinchazo y otra media, silencio. Estocada muy trasera desprendida y algo atravesada, dos avisos y dos orejas excesivas. Francisco Rivera Ordóñez (nazareno y oro): Dos pinchazos, media atravesada y dos desacabellos, silencio. Pinchazo y media estocada, dos orejas, la segunda de regalo. "El Fandi" (negro y plata): Media tendida y descabello, oreja. Pinchazo y estocada caída, oreja para que pudiera salir a hombros junto a sus colegas.
La última corrida de la gran temporada española – tal y como van las cosas cada día me da más pena y hay que escribir con más fuerza las palabras España, español y derivados - resultó un espectáculo feliz, triunfalista y divertido para la mayoría de los espectadores que casi llenaron la plaza jienense que, por cierto, necesita urgentemente ser cubierta y no con telones que pueda llevarse el viento, sino en serio y para siempre. Llovió muchísimo desde el día anterior, durante toda la mañana y todos temimos otra suspensión. Pero las abundantes nubes se descargaron de agua y pudo celebrarse el evento en el que, como desde hace ya 16 años, Enrique Ponce fue el protagonista principal.
Pero, ¡qué diferencia más grande entre lo que Ponce y su entorno fueron durante los diez primeros y lo que son ahora, ya desgastados e irremediablemente disgregados aunque en apariencia todavía unidos. Pero bueno, las personas cambiamos más que el tiempo y así hay que admitirlo y padecerlo aunque clama al cielo ver como se sonríen de mentira Ruiz Palomares y Victoriano para seguir representando el paripé del apoderamiento en este "dúo de la africana" que deja chica a la famosa zarzuela fomentada y consentida por el propio matador. ¡Qué vergüenza!
Muy mal empezó la tarde con un torillo en nada propicio que enseguida se vino abajo. Tan abajo que Ponce tuvo que desistir pronto de aparentar que quería convertir el agua en vino como no hace mucho lograba cada año en esta misma plaza. La cosa continuó casi igual con otro torito mejor que el anterior aunque sin fuerza alguna. Animal que Rivera Ordóñez no logró sostener ni que le pasara suficientemente bien en parte por su manifiesta debilidad, en parte porque este torero no es un especialista que digamos en la media altura y menos en los mimos.
Mal con la espada ambos y un tanto intrascendentes como actores, la gente sesteó aburrida y desilusionada hasta la muy alegre salida del tercer toro que despertó a la parroquia y más cuando "El Fandi" se arrancó nada menos que con cuatro largas de rodillas cuatro que pusieron la plaza boca abajo. Y, ¡oh milagro!, porque tanto el entusiasmo del granadino como el correspondiente del público continuaron al unísono pese a que este tercer ejemplar tampoco valió un duro. Como por arte de magia, "El Fandi" consiguió banderillear tan brillantemente como acostumbra a un animal que no colaboró lo más mínimo esta suerte que necesita de la movilidad del toro para que se resuelva medianamente bien. Prácticamente parado el toro, fue "El Fandi" quien embistió como luego en su inverosímil trasteo muletero logrado gracias a lo mucho que templó, a las pausas que intercaló entre tandas para que en animal durara y a la enorme capacidad de transmisión del matador granadino, tan dispuesto o más que nunca para que la ocasión no se le fuera de vacío. Primera oreja y, a partir de ella, las que luego se concedieron por partida doble a Ponce y a Rivera un tanto alegremente.
Me refiero a la segunda que le dieron al valenciano tras el defectuoso espadazo con que cerró la impoluta y excesivamente larga faena muy de su corte con esta clase de reses bobaliconas y sin fuerza que no aportan emoción alguna aunque permiten que el pitagórico toreo poncista reluzca como bonita cáscara de un fruto sin apenas carne que comer.
Y me refiero a la segunda oreja que también le dieron a un Rivera Ordóñez reciclado en matador banderillero cuando compartió - por cierto bien - con "El Fandi" un segundo tercio al menos sorprendente. Rivera, que asimismo recibió al toro con larga de rodillas, se templó suave por lances a pies juntos y, tras los ya mencionados y celebrados pares con los garapullos, por bajo de la gran calidad de su oponente aunque como consecuencia del revolcón que sufrió, logró el doble trofeo a pesar del pinchazo que precedió a la media definitiva.
De tal modo lanzada la tarde y con un sexto toro casi impracticable, no habría sido justo que "El Fandi" hubiera tenido que salir de la plaza a pie y así lo entendió el público cuando, tras otra labor meritisima de David Fandila en los tres tercios – esta vez también con Rivera como compañero ocasional y sin acierto en un horrible par al quiebro - frente a un animal que incluso sacó peligro en la faena de muleta, demandó el sexto y último trofeo pese al pinchazo y al bajonazo con que mató, que la presidencia tampoco se resistió a conceder para que todos fueran felices y comieran perdices. Y así fue, si así os parece, como y por qué tres orejas legítimas se convirtieron en seis.