José Antonio del Moral
COLOMBINAS EN HUELVA
GRAN CORRIDA DE CUVILLO Y ASOMBROSOS
MANZANANRES, PERERA Y TALAVANTE
Los dos primeros salieron a
hombros (cortaron dos y tres orejas respectivamente) y el más joven no (solo
cortó un apéndice) por pinchar la faena más celebrada de la tarde frente al
tercer y mejor toro que fue premiado con la vuelta al ruedo. La primera mitad
del festejo fue memorable y la segunda más meritoria para Manzanares por capaz
de triunfar con un peligroso sobrero de José Luís Pereda mientras Perera completó una magnífica actuación y Talavante se estrelló con el garbanzo negro de la corrida
titular.
Huelva. Plaza de
Aunque por la tardía hora del inicio del festejo
volvió a obscurecerse la jornada en su segunda mitad debido a la ya comentada pobre
iluminación de la plaza, la corrida resultó triunfal para la muy joven terna y,
por ello, reconfortante y esperanzadora. En tal acontecimiento, influyeron el
magnífico juego de la mayoría de las reses de Núñez del Cuvillo
y las muchas ganas de los toreros en abierta e ilusionada competencia por ganar
la pelea. En este propósito, José María Manzanares cuajó la faena más clásica
con el primer toro y la más meritoria con un peligroso sobrero del
ganadero-empresario, mientras Miguel Ángel Perera y
Alejandro Talavante se distinguieron en demostrar
cual de los dos era más capaz de torear con mayor quietud, intensidad y ajuste.
La creciente complacencia y el alegre entusiasmo del público con cuanto fue
sucediendo, puso todo lo demás hasta casi completar una de las corridas más
entretenidas y felices de toda la temporada. Y es que fue una pena que el sexto
toro no diera el mismo juego que sus hermanos, lo que impidió que Talavante pudiera acompañar en su salida a hombros por la
puerta grande a sus compañeros y al mayoral de la ganadería titular. Difícil es,
por tanto, preferir en esta crónica a unos sobre otros porque en cuanto a
estilos, el del alicantino Manzanares no tiene nada que ver con el de los extremeños aunque los tres se mostraran pletóricos y, por
tanto, admirables.
José María Manzanares anda ya circulando,
definitivamente contrastada su inmensa y natural capacidad, por la órbita sideral
de lo inconmensurable no solo por sus maneras imperiales, sino por el valor sin
tacha que soporta sus muchas virtudes técnicas hasta el punto de ser ahora
mismo el que, entre los más jóvenes valores, más aúna la magia y la ciencia, el
arte y el valor, lo apolíneo y lo dionisiaco, el genio y la entrega. Así, hizo
realidad lo más hermoso posible que se pueda imaginar frente al toro que abrió
plaza y lo más en principio imposible con el sobrero de Pereda. Un toro al que
sus todavía tiernos compañeros quizá no hubieran podido sacar el partido que
José Mari sacó, demostrando a todos que estamos ante un torero de amplísimo
registro y de larga duración.
Y ante el tan precoz magisterio del gran torero
alicantino desde su canon griego cual Partenón ateniense que domina todo sobre
la colina, asistimos a la singular batalla torera entre dos paisanos que
parecieron dos guerreros tartésicos más pendientes
uno del otro en superarse que de emular al joven que les acababa de marcar la
pauta por lo clásico. Y es que tanto Perera como Talavante son de los que se distinguen por lograr la mayor
intensidad del toreo ligado dentro de los terrenos de los toros, intentando
hacerlo con la mayor quietud que sus oponentes permitan, lo que a veces les
impide templar por completo todas las embestidas, pero no emocionar por tanta y
tan persistente cercanía a los astados.
Confieso con satisfacción personal que a Miguel
Ángel Perera nunca le había visto tan bien como ayer
estuvo frente a su primer toro, desde luego un estupendo animal, con el que
anduvo no solo tan valiente como acostumbra sino con eso que yo mismo le he
señalado como demérito tantas veces. Que toreó trasmitiendo felicidad y
regocijo con lo que hacía, que se sintió mucho por dentro y nos hizo sentir,
que se emocionó con su propio hacer y por eso nos emocionamos viéndole torear
más suelto, menos atenazado, más definitivamente quien debe ser él mismo, una
vez desatado de sus complejos más recónditos. De ahí que la gente pidiera la
segunda oreja aunque la espada no le había funcionado igual que la muleta. Su
segundo toro no fue tan bueno y, consecuentemente, tampoco la faena aunque de
nuevo se esmeró Perera en lograr parecidos
propósitos, razón por la que pudo redondear una tarde que él y todos vamos a
recordar como quizá la que le sirva de palanca para lanzarse de una vez hasta
donde quiere instalarse.
Y como para Talavante
fue el bombón más dulce de la corrida, su faena al tercero fue la más
celebrada. Los aficionados de Huelva recordaban la que hizo aquí mismo el año
pasado y por eso la recibieron sin sorpresa ni con la preocupación con que le
vemos los que asistimos a muchas más corridas de este desconcertante torero que,
una vez parece un ángel radiante y al día siguiente un diablo mal herido. Talavante, por fortuna, venía en buena racha y a fe que lo
demostró a tope de sus increíbles posibilidades en quietud, cercanía y temple con
este tercer toro que cuajó de cabo a rabo en su versión más dulce y a la vez
más honda, sobre todo al natural. Solo que, por culpa del puntillero que
levantó al toro cuando ya estaba casi muerto, Talavante
tuvo que descabellar tres veces y perdió la segunda oreja. También la puerta
grande porque con el parado sexto, solo pudo intentarlo infructuosamente.