José Antonio del Moral

COLOMBINAS EN HUELVA

 

RESURGE EL MEJOR SALVADOR VEGA EN TARDE TAMBIÉN FELIZ PARA JESULÍN Y EL CORDOBÉS

 

Magistral y muy serio anduvo en su emocionante despedida de Huelva Jesulín que cortó un par de orejas frente al único lote que presentó ciertas dificultades de la muy buena corrida de Pereda. También muy serio, concentrado y en buen torero El Cordobés sin que al final faltaran sus cosas, cortando otros dos apéndices. Pero de cara al inmediato porvenir, la gran sorpresa de la tarde la dio Salvador Vega al que vimos totalmente recuperado, entregado, de nuevo ilusionado, muy capaz y tan inspirado como en sus mejores tardes. Al tercer toro le cuajó una gran aunque pinchada faena, al peor sexto otra meritísima, y de ambos cortó oreja por lo que salió a hombros junto a sus compañeros.

 

Huelva. Plaza de La Merced. 2 de agosto de 2007. Primera de feria. Tarde medio calurosa con brisa. Media entrada aunque la mayoría de sombra y en festejo televisado. Siete toros de La Dehesilla, incluido el sobrero que reemplazó al superclase quinto, devuelto precipitadamente por perder las manos en el tercio de banderillas. De buena presencia y bonitos de hechuras salvo el sexto que fue el único difícil. Justos de fuerza y en general nobles en distintos grados de bravura aunque alguno con superables complicaciones como el primero y el cuarto. Por mejores, destacaron segundo, tercero y el sobrero. Jesulín de Ubrique (mandarina y plata): Casi entera arriba algo trasera, oreja. Estoconazo trasero, oreja y petición de otra con vuelta apoteósica y palmas de despedida por bulerías. Manuel Díaz El Cordobés (marino y oro): Estocada casi entera, oreja y petición de otra. Pinchazo saliendo prendido, otro rebotado y estocada, oreja. Salvador Vega (grana y oro): Media ladeada atravesada volcándose saliendo golpeado y casi entera, oreja. Buena estocada, oreja. Los tres espadas salieron a hombros.  

 

La brisa del Atlántico alivió la gran temperatura que estos días reina en la baja Andalucía pero no el salado y soleado ambiente que cada tarde invade la vieja y nueva plaza de la Merced que vivió la primera corrida de las Colombinas con esa alegría que caracteriza a su público. Una alegría que cae cual bálsamo sobre los protagonistas hasta contagiarles entusiasmo y ganas de torear, sabiéndose queridos y admirados. Todo esto lo notamos, sobre todo, los que acabamos de ver toros en el norte.

 

Pero esta alegre pasión de las plazas andaluzas no las quita verdad ni conocimiento, sino que los impulsa y transmite tal y como pudimos comprobar con todo lo que hicieron Jesulín de Ubrique, El Cordobés y Salvador Vega a quien hacía mucho tiempo no veíamos torear y ayer redescubrimos en su mejor ser y estar después de casi dos años muy bajo de ánimo y ayuno de los mejores sentimientos que le motivaron frente al toro. Fue la gran buena nueva de la tarde. Como un fogonazo espiritual que nos sorprendió y al mismo tiempo nos alegró la vida a todos los que tanto admiramos el original arte del malagueño cuando se destapó en sus primeras y más felices tardes, como tanto nos disgustó cuando, de pronto, pareció desaparecer del mundo más sublime del toreo.

 

La corrida de toros del ganadero-empresario José Luís Pereda fue de las mejores que le hemos visto en su plaza. Bonita y variada dentro de su general bondad con el único lunar de un toro sexto, más basto que sus hermanos y descoordinado de movimientos que debió ser devuelto a los corrales por el mismo presidente que, antes, cometió el gran error de precipitar la devolución del quinto por perder las manos en el tercio de banderillas después de haber embestido con clase excepcional en el capote. Ignoro lo que le pasó por la cabeza al venerable presidente, pero se equivocó de medio a medio aunque con la suerte de que tanto a El Cordobés como a Vega no pareció importarles demasiado el fiasco impuesto por el palco.

 

Y es que la tarde venía embalada con un Jesulín de Ubrique tan serio como capaz hasta el punto de protagonizar quizá su mejor actuación en lo que va de su temporada de despedida. Muchos homenajes está recibiendo Jesulín allá donde actúa por última vez. Pero la despedida que le dio la plaza de Huelva seguro que la guardará Jesús en su memoria para siempre. Había andado muy bien con el primer toro al que corrigió con exacta técnica y espontáneo templar los defectos que sacó. Pero con el de salida muy complicado cuarto que, tras mejorar, se rajó, aún estuvo mejor el de Ubrique. Más templado y poderoso que nunca, metió el toro en la canasta desde el principio hasta el final de su prolija faena y más el público que se le entregó totalmente tras entrarlo a matar hasta provocar las lágrimas de Jesulín cuando la gente, en pie, batió en su honor palmas por bulerías mientras el torero, agradecido, cogió un puñado de arena en los medios del ruedo y lo besó emocionadísimo.

 

No le fue a la zaga El Cordobés, también serio, muy formal y en buen torero con sus dos toros. Tanto con el magnífico segundo como con el sobrero después de haber lanceado perfecto por verónicas al animal injustamente devuelto. He visto poco este año a Manuel Díaz, pero las pocas veces que he podido hacerlo he comprobado su actual cuajo torero. Se le ve a gusto, seguro de sí mismo, resuelto y acertado en administrar su repertorio. Tanto fue así que con el sobrero que también se prestó al lucimiento, solo al final de su formalísima faena se prestó El Cordobés a dar rienda suelta sus ranazos y desplantes que el público siempre espera de él. Formó un lío a este toro Manuel y, de no haber fallado con la espada en dos agresiones que le pudieron costar sendas cogidas, a sus manos hubieran ido las dos orejas del toro. Pero cortó una y pudo salir a hombros con sus colegas.

 

También Salvador Vega podría haber cortado dos orejas y no solo una al muy buen tercer toro de haberlo matado más correctamente de cómo lo hizo. Y es que Salvador, desde que se abrió de capa en el recibo hasta el final de su faena de muleta, lo bordó. Así, como suena. Lo bordó. Si precioso fue el quite por chicuelinas bajas, maravillosa su faena en la que nos reconciliamos con el mejor Vega. Otra vez dispuesto, de nuevo con sitio, centrado, valiente y, como en sus mejores tardes, con esa especial capacidad de improvisar suertes que en sus manos parecen hallazgos sorpresivos cual flores de distintos colores que surgen repentinas e intercaladas con el toreo más fundamental que Salvador también sabe interpretar con personalidad propia.

 

Y si, artísticamente, Vega protagonizó la gran faena de la tarde, con el peor toro de la corrida demostró que en su evidente recuperación puede andar más valiente que nunca porque con este sexto se enfadó como había que enfadarse, apostó hasta sacar muletazos que el toro pareció no tener y mató como mandan los cánones. Ya tenemos en plena forma a Salvador Vega otra vez. Que falta hacía y, a partir de ahora, podrá y deberá llenar los huecos que están dejando algunos toreros que al principio de temporada parecía que iban a arrasar y van quedando más o menos exangües en el siempre duro caminar.