José Antonio del Moral
COLOMBINAS EN
HUELVA
RESURGE EL MEJOR SALVADOR
VEGA EN TARDE TAMBIÉN FELIZ PARA JESULÍN Y EL CORDOBÉS
Magistral y muy serio anduvo en su
emocionante despedida de Huelva Jesulín que cortó un
par de orejas frente al único lote que presentó ciertas dificultades de la muy buena
corrida de Pereda. También muy serio, concentrado y en buen torero El Cordobés sin
que al final faltaran sus cosas, cortando otros dos apéndices. Pero de cara al
inmediato porvenir, la gran sorpresa de la tarde la dio Salvador Vega al que
vimos totalmente recuperado, entregado, de nuevo ilusionado, muy capaz y tan
inspirado como en sus mejores tardes. Al tercer toro le cuajó una gran aunque
pinchada faena, al peor sexto otra meritísima, y de ambos cortó oreja por lo
que salió a hombros junto a sus compañeros.
Huelva. Plaza de
La brisa del Atlántico alivió la gran
temperatura que estos días reina en la baja Andalucía pero no el salado y
soleado ambiente que cada tarde invade la vieja y nueva plaza de
Pero esta alegre pasión de las plazas andaluzas
no las quita verdad ni conocimiento, sino que los impulsa y transmite tal y
como pudimos comprobar con todo lo que hicieron Jesulín
de Ubrique, El Cordobés y Salvador Vega a quien hacía
mucho tiempo no veíamos torear y ayer redescubrimos en su mejor ser y estar
después de casi dos años muy bajo de ánimo y ayuno de los mejores sentimientos
que le motivaron frente al toro. Fue la gran buena nueva de la tarde. Como un
fogonazo espiritual que nos sorprendió y al mismo tiempo nos alegró la vida a
todos los que tanto admiramos el original arte del malagueño cuando se destapó
en sus primeras y más felices tardes, como tanto nos disgustó cuando, de
pronto, pareció desaparecer del mundo más sublime del toreo.
La corrida de toros del ganadero-empresario José
Luís Pereda fue de las mejores que le hemos visto en su plaza. Bonita y variada
dentro de su general bondad con el único lunar de un toro sexto, más basto que
sus hermanos y descoordinado de movimientos que debió ser devuelto a los
corrales por el mismo presidente que, antes, cometió el gran error de
precipitar la devolución del quinto por perder las manos en el tercio de
banderillas después de haber embestido con clase excepcional en el capote.
Ignoro lo que le pasó por la cabeza al venerable presidente, pero se equivocó
de medio a medio aunque con la suerte de que tanto a El Cordobés como a Vega no
pareció importarles demasiado el fiasco impuesto por el palco.
Y es que la tarde venía embalada con un Jesulín de Ubrique tan serio como
capaz hasta el punto de protagonizar quizá su mejor actuación en lo que va de su
temporada de despedida. Muchos homenajes está recibiendo Jesulín
allá donde actúa por última vez. Pero la despedida que le dio la plaza de
Huelva seguro que la guardará Jesús en su memoria para siempre. Había andado
muy bien con el primer toro al que corrigió con exacta técnica y espontáneo
templar los defectos que sacó. Pero con el de salida muy complicado cuarto que,
tras mejorar, se rajó, aún estuvo mejor el de Ubrique.
Más templado y poderoso que nunca, metió el toro en la canasta desde el
principio hasta el final de su prolija faena y más el público que se le entregó
totalmente tras entrarlo a matar hasta provocar las lágrimas de Jesulín cuando la gente, en pie, batió en su honor palmas
por bulerías mientras el torero, agradecido, cogió un puñado de arena en los
medios del ruedo y lo besó emocionadísimo.
No le fue a la zaga El Cordobés, también serio, muy
formal y en buen torero con sus dos toros. Tanto con el magnífico segundo como
con el sobrero después de haber lanceado perfecto por verónicas al animal
injustamente devuelto. He visto poco este año a Manuel Díaz, pero las pocas
veces que he podido hacerlo he comprobado su actual cuajo torero. Se le ve a
gusto, seguro de sí mismo, resuelto y acertado en administrar su repertorio.
Tanto fue así que con el sobrero que también se prestó al lucimiento, solo al
final de su formalísima faena se prestó El Cordobés a
dar rienda suelta sus ranazos y desplantes que el público siempre espera de él.
Formó un lío a este toro Manuel y, de no haber fallado con la espada en dos
agresiones que le pudieron costar sendas cogidas, a sus manos hubieran ido las
dos orejas del toro. Pero cortó una y pudo salir a hombros con sus colegas.
También Salvador Vega podría haber cortado dos
orejas y no solo una al muy buen tercer toro de haberlo matado más
correctamente de cómo lo hizo. Y es que Salvador, desde que se abrió de capa en
el recibo hasta el final de su faena de muleta, lo bordó. Así, como suena. Lo
bordó. Si precioso fue el quite por chicuelinas
bajas, maravillosa su faena en la que nos reconciliamos con el mejor Vega. Otra
vez dispuesto, de nuevo con sitio, centrado, valiente y, como en sus mejores
tardes, con esa especial capacidad de improvisar suertes que en sus manos
parecen hallazgos sorpresivos cual flores de distintos colores que surgen
repentinas e intercaladas con el toreo más fundamental que Salvador también
sabe interpretar con personalidad propia.
Y si, artísticamente, Vega protagonizó la gran
faena de la tarde, con el peor toro de la corrida demostró que en su evidente
recuperación puede andar más valiente que nunca porque con este sexto se enfadó
como había que enfadarse, apostó hasta sacar muletazos que el toro pareció no
tener y mató como mandan los cánones. Ya tenemos en plena forma a Salvador Vega
otra vez. Que falta hacía y, a partir de ahora, podrá y deberá llenar los
huecos que están dejando algunos toreros que al principio de temporada parecía
que iban a arrasar y van quedando más o menos exangües en el siempre duro
caminar.