FERIA DEL CORPUS EN GRANADA
ENRIQUE PONCE Y "EL FANDI" DERROCHAN PUNDONOR Y VERGÜENZA TORERAS AL MATAR UNA DESLUCIDA CORRIDA DE PABLO ROMERO BAJO UN DILUVIO UNIVERSAL
EL VALENCIANO CORTÓ DOS OREJAS Y EL GRANADINO PUDO CORTAR TRES DE NO HABER FALLADO CON LA ESPADA. FINALIZADA LA CORRIDA, PONCE NO QUISO SALIR A HOMBROS EN SOLIDADRIDAD CON SU HEROÍCO COMPAÑERO Y AMBOS RECIBIERON EL HOMENAJE DEL PÚBLICO, AGRADECIDO Y EMOCIONADO POR LA ENTRAGA DE AMBOS
Granada. Plaza Monumental de Frascuelo. 12 de junio de 2004. Sexta de feria. Tarde amenazante con tormenta, ventarrón y aguacero desde la lidia del tercer toro hasta el final con lleno absoluto. Se corrieron cinco de Pablo Romero, de dispar presencia y algunos de bonitas hechuras que resultaron mansos, flojos y desrazados aunque en las manos de los dos toreros que los lidiaron resultaron manejables, sobresaliendo por su mayor movilidad y celo el sexto aunque se vino pronto abajo. Por devolución del primero, se lidió un bonito ejemplar de "Alcurrucén" que manseó con poder y sacó genio. Enrique Ponce (marfil y oro): Estocada trasera y descabello, oreja. Dos pinchazos, estocada y descabello, palmas. Estocada caída, oreja. "El Fandi" (negro y oro): Dos pinchazos y estocada en dos tiempos, ovación. Tres pinchazos y estocada, palmas. Estocada corta y cinco descabellos, gran ovación al abandonar la plaza junto a Ponce que se negó a salir a hombros.
Si de la corrida anterior nos llevamos el imborrable recuerdo de la apoteosis de José María Manzanares, la que nos ocupa en esta crónica también la recordaremos siempre por el inagotable derroche de pundonor, sentido de la responsabilidad y vergüenza toreras que Enrique Ponce y "El Fandi" manifestaron a lo largo y a lo ancho de una de las corridas más desagradables por dramáticas que soportamos tanto los dos contendientes y sus cuadrillas como los espectadores hasta que finalizó el festejo como consecuencia del incesante diluvio que calló. Y para los dos toreros mucho más porque la corrida de Pablo Romero apenas dio opción al lucimiento y entre como fueron las reses y que el piso de la plaza fue convirtiéndose en barrizal pese al buen drenaje que se construyó en su día, la lidia sucedió en creciente dificultad pese a lo cual, vivimos lo que pocas veces se puede contemplar y sufrir.
La corrida empezó con una faena importantísima aunque no lucida de Ponce frente al muy difícil sobrero de "Alcurrucén" al que esta vez mató con eficacia y prontitud después de sacar partido de su oponente en una faena de enorme exposición pese a la ciencia que la tapó aunque bien es cierto que, en esta ocasión, a Ponce se le notó el esfuerzo. No cabía otra opción que arrancar la tarde a revienta calderas porque allí estaba "El Fandi" como siempre dispuesto a no dejarse ganar la pelea. Guerra que ambos mantuvieron a pesar de la lluvia y del pobre juego de las reses de Pablo Romero, algunas verdaderas burras sin celo ni casta, a las que el valenciano sacó muletazos inverosímiles y el granadino también, cada cual a su modo y manera. "El Fandi", además, con sus brillantes y esta vez dificilísimos tercios de banderillas.
La mayor suerte y certeza de Ponce con la espada le deparó doble cosecha de trofeos por lo que tenía asegurada la puerta grande y "El Fandi" no. De ahí el incalculable mérito del "volcán" de Granada cuando al salir el sexto echó toda la carne en el asador hasta cuajar la actuación más brillante y completa del mojado festejo. Algo mejor el toro que los anteriores y "El Fandi" a por todas, cuanto llevó a cabo con capote, banderillas y muleta fue de por sí motivo para que cortara dos orejas – la entrega incondicional del torero que se jugó la vida en cada momento y la emoción de público corrieron parejas - pero falló otra vez con un pinchazo hondo y repitió golpes con el descabello perdiendo lo que ansiaba aunque a la postre se encontró: honor y gloria ampliamente reconocidos pese a fallar con los aceros.
El señorial detalle de Ponce al negarse a salir a hombros y pedir a "El Fandi" que le acompañara hasta la puerta de cuadrillas cuando abandonó la plaza, terminó por ponernos la carne de gallina a los que, agradecidos por lo que ambos habían aguantado y lo mucho que hicieron pese a no necesitarlo, nos embargó de emoción. Que Dios les guarde y les premie en sus respectivas vidas como se ganaron y merecen. ˇVaya par de toreros!.