TEMPORADA 2003
ADIOS DESDE LIMA A MI AMIGO GABRIEL
Las relaciones de amistad y de afecto que cada cual elegimos voluntariamente en nuestras respectivas vidas son el tesoro más preciado que podemos guardar en nuestro más particular armario. Yo, como imagino todos, tuve – tengo y tendré siempre - entre mis mejores amigos a Gabriel Aguirre Borrell, ayer fallecido en su casa de Madrid. La esperada aunque para mi muy triste noticia la acabo de recibir en Lima que tan lejos se ve desde España y tan cerca cuando la añoramos desde esta antigua ciudad de los reyes en donde estoy para ver las corridas de la bicentenaria plaza de Acho y para curarme, si puedo, de las heridas que también dejaron maltrecha mi alma cuando, a principios del pasado verano, murió mi madre en Córdoba. Dos muertes tan íntimamente cercanas y temidas que, al llegar la de Gabriel, han terminado por partirme el corazón por la mitad. Y es que tanto mi madre como Gabriel han sido dos de las pocas personas que más me han ayudado en las travesías de los muchos desiertos que he tenido que pasar y que sigo pasando en la difícil e ingrata profesión de escritor y de crítico taurino que ejerzo desde la muy costosa independencia en la que sigo empeñado cueste lo que cueste.
Pocos hombres he conocido con mayor sentido de la amistad, de la magnanimidad, de la esplendidez y de la dignidad como a Gabriel. Ni más inteligentes, agradables, simpáticos y más o menos secretamente bondadosos. Tampoco tan aficionados pendientes desde adentro o desde afuera de cuanto ocurre en la Fiesta. Aficionado hasta las cachas, práctico en su juventud, sabio hombre de negocios, mundano donde los haya habido, ganadero por circunstancias familiares y en el último tramo de su vida dedicado por entero a sostener el prestigio de la histórica ganadería de su suegro, don Atanasio Fernández, hasta el último minuto de su existencia luchó por lograrlo sin desmayo. Testigo de lo mucho que quiso y admiró a don Ata - como yo – quiero dejar constancia de ello y, sobre todo, del calor que siempre encontré de los dos como de sus muy queridas familias a las que envío mi más sentido pésame, sobre todo a las dos Natis (madre e hija) que tanto han velado por él desde su permanente cercanía, paciencia y cariño.
¡Cuánto nos hemos acompañado mutua y últimamente Gabriel!. Tu desde tus achaques que pretendías ocultarme. Yo desde mis avatares profesionales que siempre quisiste remediar. ¡Cuánto hemos disfrutado siguiendo a nuestro torero Enrique Ponce que no paró ni cesa de darnos satisfacciones como disgustos a sus detractores hasta el punto de haberse pasado a nuestro bando!. ¡Cuánto con vuestros éxitos ganaderos!. ¡Cuánto con las tertulias delante de la chimenea de "Campocerrado"!. ¡Cuánto con nuestro continuo viajar por España, Francia y América!. ¡Cuánto con los inolvidables e interminables almuerzos y cenas junto a los amigos y a no pocos enemigos!. ¡Cuánto con nuestras infinitas conversaciones telefónicas!. Cada vez que suene el timbre de mi móvil me parecerá escuchar tu voz al otro lado. "Qué ha pasado por ahí?"... Te echaré tanto de menos, mi viejo y muy querido amigo, que nunca, nunca, nunca podré olvidar tu compañía. Lloro ahora mismo en Lima y sin consuelo por tu muerte al tiempo que, por dentro, doy gracias Dios y celebro haber tenido la suerte de quererte y respetarte. Que en el Cielo sigas igual que fuiste entre nosotros.