FIN DE FERIA Y DE TEMPORADA EN JAÉN

A HOMBROS "EL CORDOBÉS", OREJA PARA CESAR JIMÉNEZ Y PREOCUPANTE FINAL DE PONCE

El viento, la lluvia y una mala corrida de "Los Guateles" frustraron en gran parte la última corrida emblemática de la temporada. Ponce se fue triste y de vacío, Manuel Díaz cortó una oreja de cada uno de sus toros más por bromas que por veras y Jiménez el trofeo más serio de la jornada

Plaza de toros de Jaén. 18 de octubre de 2004. Última de la feria de San Lucas. Tarde muy ventosa con lluvia a partir del cuarto toro y media entrada. Seis toros de "Los Guateles", desigual y muy justamente presentados. Varios en juego con predominio de los flojos y descastados por lo que se quedaron cortos de viajes o se defendieron. Enrique Ponce (burdeos y oro): Pinchazo, media muy tendida y dos descabellos, aviso y palmas con saludos. Pinchazo y media trasera baja, aplausos con saludos. Manuel Díaz "El Cordobés" (negro y oro): Estocada trasera, oreja. Estocada, oreja. Salió a hombros. Cesar Jiménez (blanco y oro): Estocada y descabello, oreja. Pinchazo, estocada y descabello, aviso y palmas.

Desde que Ponce es Ponce, la última corrida de la feria de Jaén se había convertido en emblemática. Años y años de peregrinación de sus más fieles seguidores para ver el último festejo de sus triunfales campañas. Triunfos que en Jaén se repetían inexorablemente y, muchas veces, con apoteosis. Pero ya el año pasado fallaron los toros elegidos, los sustitutos, los remiendos y el valenciano tuvo que marcharse de vacío. Ayer pasó lo mismo y el mal tiempo contribuyó a empeorar los resultados. De tal modo, a Enrique Ponce se lo llevaron el viento, la lluvia y los toros de sus amigos Fernando Domecq y "Litri". Cómo estarían los toritos en principio elegidos de "Zalduendo" que fueron desechados y sustituidos por otros algo más aparentes aunque no menos sospechosos de "Los Guateles". Y es que las "cautelas" que llevamos observando en las últimas comparecencias del gran torero, lejos de beneficiarle, le están llevando a un preocupante precipicio. Preocupación que ayer rompió totalmente la esperada fiesta porque Ponce no solo se vio inerme ante semejantes animalitos, sino que dejaron en ridículo su impecable imagen y su ejemplar trayectoria. Y así se repitió lo de sus últimas tardes en Logroño y Zaragoza. Que hizo como que quería con su primer enemigo en un largo y no siempre limpio destajo imitativo de sí mismo sin convencer a nadie porque a él tampoco se le vio convencido de lo que estaba haciendo pese a recurrir a mirar varias veces al tendido reclamando atención – algo que Ponce nunca hizo y ahora prodiga cual vulgar rejoneador – y, para colmo, no se tiró a matar sino a pinchar como tantas y tantas veces por desgracia le viene sucediendo. Al menos si hubiera matado pronto y bien podría haber disimulado la cosa con la oreja de rigor. Pero es que con el cuarto toro sucedió otro tanto después de haber toreado mejor sobre la mano derecha en intermitentes tandas ligadas entre las muchas pausas que le impuso el vendaval. Rajado tras el primer y único encuentro con los montados, al minúsculo animalito solo le quedó impulso para medio humillar por el pitón de los redondos, se quedó corto por el izquierdo y la faena volvió a quedar en casi nada mientras los espectadores se refugiaban de la lluvia en los graderíos cubiertos. Su acostumbrado brindis a la cuadrilla, apoderados, mozos de espada y conductores incluidos también quedó deslucido porque en el mismo momento de celebrarse empezó a llover. La escena resultó así premonitoria de lo que vino después. Un después que espero y deseo no vuelva a producirse el año que viene. Si los que últimamente disponen la carrera de Ponce continúan empeñados en "protegerle" tanto, mejor sería que se fuera en un ahí queda la carrera más brillante de la historia del toreo en vez de continuar empañándola con estas corridas impresentables que a Ponce solo le motivan para teatralizarse en mueca alejada de lo que en toreo ya representa para la historia.

Lo mejor del mojado festejo corrió a cargo de Cesar Jiménez con el tercer toro. Muy firme y templado, consumó otra de sus faenas marca de la casa y en esta ocasión con notoria firmeza, hondura y temple por redondos. La oreja que cortó fue el único trofeo digno de la corrida. Porque las dos que le dieron a Manuel Díaz, mejor no entrar en los detalles que las propiciaron. Más por bromas que por veras, "El Cordobés, fue el simpático y extrovertido de casi siempre. A Manuel le trajo al fresco el viento, la lluvia y el ambiente. Se los merendó como pez en el agua entre el jolgorio de la clientela.