SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN

José Antonio del Moral

DE MAL EN PEOR, OTRA DE TRÁMITE

LOS DOS MEJORES TOROS DE LA BIEN PRESENTADA AUNQUE MANSA Y FLOJA CORRIDA DEBUTANTE DE "MIRANDA DE PERICALVO" LE CORRESPONDIERON A MATÍAS TEJELA Y SE LOS DEJÓ IR. EL TERCERO POR FRÍO Y EL SEXTO POR ITINERANTE Y POR LA ESPADA. EN TAN CALAMITOSA OCASIÓN, RIVERA ORDÓÑEZ Y SALVADOR VEGA DIERON UNA DE CAL VOLUNTARIOSA Y OTRA DE ARENA DEMASIADO EXPEDITIVA FRENTE A LAS PEORES RESES DEL ENVÍO

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 19 de agosto de 2005. Séptima de feria. Tarde lluviosa por fuera y bochornosa de sauna en recinto cerrado con algo más de media entrada. Seis toros de "Miranda de Pericalvo", muy bien aunque desigualmente presentados y de vario juego con predominio de los mansos y flojos. Por más enteros y nobles, destacaron el tercero – que fue con mucho el mejor del envío – y el sexto. Y por más difíciles, cuarto y quinto. Los otros dos, manejables sin apenas fuerza. Francisco Rivera Ordóñez (verde botella y oro): Estoconazo trasero, ovación. Dos pinchazos, perpendicular algo atravesada y descabello, silencio tras algunos pitos. Salvador Vega (grana y oro): Estocada caída, gran ovación. Cinco pinchazos y estocada, silencio tras algunos pitos. Matías Tejela (fuscia y oro): Media estocada desprendida, aviso y ovación. Dos pinchazos y estocada, palmas. Se lucieron en palos Joselito Gutiérrez y Raúl Núñez.

Ya solo quedan dos corridas y la feria sigue de mal en peor. Unas veces por el deficiente juego de los toros, otras porque los buenos que saltan se les escapan a los toreros. Pero lo peor es que a la plaza cada vez va menos público. El desánimo cundió ayer en tan gran medida que ni una faena más que aceptable aunque algo fría como la primera de Tejela no le pareció digna de oreja a un solo espectador, así como que las dos francamente asustadizas y expeditivas de Rivera y de Vega con sus dos últimos toros – los peores cuarto y quinto – tampoco merecieron el enfado del gentío en forma de bronca. Dos silencios sepulcrales acompañaron a ambos espadas tras no querer ver ni en pintura a sus difíciles enemigos y con eso está dicho casi todo en cuanto al decaído ambiente tanto para bien como para mal. "¿Por qué cabrearse?", dirán algunos, "bastante tenemos con subir al cerro y bajar cada día más tristes". Algo que habla mucho de lo que está pasando en Illumbe una tarde tras otra. Si no se pone pronto remedio habrá que ir pensando en no volver pese a lo que amamos a la inigualable ciudad de San Sebastián, siempre presente entre nuestras favoritas del mundo entero.

La ganadería de "Miranda de Pericalvo" que siempre se distinguió por la excelencia de sus novilladas – recordemos las muchas lidiadas en los últimos sanfermines -, debutaba en festejo mayor con una corrida de toros muy bien presentada pese a lo que se salió de peso y grandura el cuarto toro, precisamente uno de los dos peores. Imponentes la mayoría, nos sorprendió por inesperada su mansedumbre y falta de fuerza. No obstante y pese a lo muy pronto que se paró el primero y a lo que gazapeó el segundo – ya quedó dicho que tanto Rivera como Vega anduvieron muy animosos con ambos y lo mucho que se lo agradeció el público – el tercero resultó un toro superior y a tono con la fama que traían al romper en una templada y a veces degustada faena de Matías Tejela, sobre todo cuando muleteó por redondos que ligó a largos de pecho de pitón a rabo hasta terminar con ajustadas manoletinas y media estocada algo caída de la que el animal tardó en doblar hasta sonar un inoportuno aviso, lo que enfrió al público, afectado por la inoportunidad presidencial. ¿A qué el aviso si el toro ya estaba moribundo?.

El cuarto fue desarrollando peligro sordo poco a poco y Rivera, progresivamente desconfiado, macheteo sobre las piernas tras sus cautelosos intentos iniciales y lo mató como buenamente pudo. Aún peor el quinto, Vega dio un recital de incompetencia y hasta de pánico. Es cierto que el toro se puso a la defensiva y muy peligroso. Pero Vega evidenció su temor como si en vez de ser un matador con varios años de alternativa fuera un principiante sin ninguna experiencia y atenazado por el pavor hasta pegar un mitin con la espada. Desesperados, muchos espectadores abandonaron sus localidades como casi todas las tardes para colocarse cerca de las puertas de sol y así llegar antes a los autobuses sin guardar las largas y frecuentes colas, produciéndose la inevitable batalla entre los huidos y los guardias de seguridad que, obedientes a sus jefes, tratan un día y otro de imponerse a la descontenta y apresurada marea con toda clase de modales. Vergonzoso espectáculo que terminaría si las corridas fueran triunfales y el servicio público para bajar a la ciudad, más abundante.

Así las cosas y pese a lo que renqueó de patas el también flojo sexto de la tarde, también éste mejoró su condición en el último tercio como prueba que Tejela lo brindara al cónclave en busca del desquite. Pero la debilidad del bicho obligó al matador a plantear un trasteo intermitente y demasiado itinerante aunque por empeñoso fue del gusto de la parroquia. Hasta la música sonó bastante antes que en su mejor faena anterior. Pero cuando pareció que Tejela por fin podría tocar pelo, pinchó dos veces antes de enterrar el acero y la tarde se fue a hacer puñetas definitivamente.