SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN

José Antonio del Moral

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS EL TUERTO FUE "EL CID"

CORTÓ LA ÚNICA OREJA DEL SEXTO TORO Y PUDO CORTAR OTRA BASTANTE MÁS MERECIDA DEL TERCERO DE NO HABER PINCHADO UNA FAENA MUCHO MEJOR QUE LA PREMIADA EN UNA ENCASTADA AUNQUE DESIGUAL CORRIDA DE "SAN MARTÍN" QUE A MORANTE DE LA PUEBLA LE DIO LA OPORTUNIDAD DE LUCIRSE Y DE ASUSTARSE Y AL RECIENTEMENTE REAPARECIDO "FINITO DE CÓRDOBA" MOSTRAR LA PEOR VERSIÓN DE SU ÁNIMO MÁS DECADENTE

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 18 de agosto de 2005. Quinta de feria. Tarde medio calurosa y casi tres cuartos de entrada en recinto semicubierto. Seis toros de "San Martín" muy desigualmente presentados y varios en juego aunque en su mayoría encastados y en distintos grados de fuerza. Por mejores y más nobles, destacaron el más pequeño segundo, el tercero y el sexto. El primero se paró enseguida, el cuarto quedó inédito por la inhibición de su matador y el quinto, realmente feo de hechuras, fue masacrado en tres mortíferos puyazos por lo que perdió la vista y el imprescindible brío para embestir. "Finito de Córdoba" (salmón y oro): Tres metisacas, Pinchazo, media perpendicular contraria ladeada y tres descabellos, pitos. Sartenazo alevoso, bronca. Morante de la Puebla (rosa y oro): Pinchazo, casi entera y dos descabellos, aviso y gran ovación. Media caída y descabello, gran bronca. "El Cid" (oliva y oro): Cinco pinchazos y estocada tendida, dos avisos y gran ovación. Estocada, oreja. Muy bien en palos "Curro Molina", "El Boni" y "Alcalareño".

El público salió medio conformado con la oreja que cortó "El Cid" del sexto toro, pero los pocos aficionados entendidos que suben cada tarde al "gólgota" de Illumbe volvieron a sus casas tan desolados como en las tardes anteriores. Y es que a pesar de las ganas de "El Cid", la feria sigue sin levantar cabeza porque ni siquiera el torero de Salteras anduvo a la altura de su mejor nivel profesional. Ayer reinó como "tuerto" en el país de dos "ciegos" – "Finito" y Morante – ambos sin el menor sentido de lo que supone la responsabilidad profesional. Si a caso, "Morante" medio se salvó con el ínfimo segundo de la corrida de "San Martín". Encastadito el torillo y noble aunque sin humillar, Morante fue poco a poco confiándose y tras regalarnos varios apuntes y chispazos de su más particular colección de orfebrerías, se cruzó por fin y recetó tres naturales de cartel aunque pronto quedaron diluidos por su varias agresiones con los aceros. La gente, no obstante, ovacionó con fuerza al artista de La Puebla del Río. Pero la decoración morantista cambió por completo con el quinto toro. Un feo por largo y avacado animal que debió mirar muy mal a Morante quien, muy pronto asustado sin disimulo de ninguna clase, ordenó que al toro se lo mataran en el caballo. Masacre en la que colaboró el pretendidamente serio señor Tuduri al admitir un tercer y alevoso puyazo desde su ineficacia presidencial cuando hay verdaderamente debería impedir los desafueros. El toro se echó nada más empezar Morante el funeral que supuso un trasteo ciertamente singular que empezó con un largo paseo y, tras la intervención del peonaje ordenados por su jefe, con un quiero y no puedo pavoroso porque el toro ya no veía nada y Morante tembló cada vez que pensó que debía matarlo. Cosa que al final consiguió sin tantos problemas como el matador creía le sobrevinieran cual envenenados sapos y culebras. La bronca se debió escuchar hasta en Sanlúcar de Barrameda.

Claro que, la de "Finito" tras su expeditivo matar al cuarto debió escucharse en la Mezquita de Córdoba. Viendo ayer a "Finito", no sé por qué ha decidido incorporarse a filas. Mejor sería que continuara en su reposo. Nada que objetar con el muy parado primero salvo el recital de metisacas que "Finito" calcó con inusitado virtuosismo cual experto en tales menesteres. Pero con el quinto, todo. Sin cruzarse nunca, no hay nada que hacer con un animal tan encastado. Te ve continuamente y, tal como te ve, puede cogerte en cuanto te muevas un milímetro. Cosa que solo cruzándose con determinación y firmeza puede remediarse. Pero para eso hay que salir mentalizado para torear. No solamente para acompañar al bóvido desde las afueras aunque sea por soleares…

A los del arte les dio la réplica un "Cid" francamente decidido con el tercer toro ante el que tuvo que exponer. Se adueñó de sus en parte ariscas embestidas y logró imponer su mando sobre el toro qque es de lo que en verdad se trataba el asunto. Pero todo lo estropeó con la espada como en tantas otras buenas ocasiones. Con el noble aunque muy mirón y sin humillar sexto, El Cid ya no fue ni su sombra y volvió a lo de los pasados días. Periférico y tenso muleteó sobre ambas manos aunque, como esta vez sí mató a la primera y el público acababa de enfurecer con los del arte, para nada importó que el de Salteras no estuviera ni de lejos a la misma altura que en su toro anterior.