SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN

José Antonio del Moral

POR LOS SUELOS LA SUPUESTA SERIEDAD DE ILLUMBE

OTRA MIXTA SIN MÁS SENTIDO QUE SU TIRÓN TAQUILLERO CON PABLO HERMOSO DE MENDOZA EN MÁXIMO PROTAGONISTA AL CORTAR UNA OREJA CICATERA Y OTRA PUEBLERINA MIENTRAS MIGUEL ABELLÁN Y SEBASTIÁN CASTELLA SE FUERON DE VACÍO ANTE UN ESCANDALOSAMENTE FLOJO ENVÍO DEL MARQUÉS DE DOMECQ

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 17 de agosto de 2005. Cuarta de feria. Tarde bochornosa en recinto semicubierto con más de tres cuartos de entrada. Dos toros para rejones de "Los Espartales", bien presentados aunque reglamentariamente despuntados, muy noble el primero y manso a más de parado el cuarto. Cuatro para la lidia a pie del Marqués de Domecq, bien aunque desigualmente presentados y nobles aunque muy flojos, destacando por más enterizos el segundo y el quinto, y por su manifiesta invalidez tercero y sexto que debieron ser devueltos a los corrales. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla musgo): Rejonazo fulminante, oreja con fuerte petición de otra y gran bronca a la presidencia por no concederla. Rejonazo en el chaleco contrario, oreja pueblerina. Miguel Abellán (blanco y plata): Cuatro pinchazos y descabello, aviso y ovación. Dos pinchazos y otro hondo caído, ovación. Sebastián Castella (verdín y oro): Estocada caída, silencio. Estocada caída, palmas.

Otra corrida mixta que en San Sebastián siempre concita bastante más público que las formales con seis toros para la lidia y el toreo a pie. Tanto viene siendo así y tan bien se lo pasa la gente con el rejoneo, que para el año próximo la empresa debería convertir la Semana Grande taurina en masivo certamen de rejoneo dando sitio a un matador de toros en cada festejo, justo al revés que ahora hace con estas mixturas que, como bien saben los lectores, a mí me sientan como un tiro. También ayer, pese a la magnífica actuación de Pablo Hermoso de Mendoza con el buen toro de apertura con el que hizo toda clase de virguerías. No vamos a entrar una vez más en los detalles de cuanto Pablo logra sobre su espléndida cuadra de equinos, aunque sí señalar que sobre esta clase de lidia – ya he dicho muchas veces que es de menor tono y categoría por la sencilla razón de que el toreo a pie se hace a cuerpo limpio y ante reses en puntas –, los espectadores se limitan a aplaudir con entusiasmo todo lo que los jinetes hacen - y más a Pablo -, sin entrar en si lo que hacen es bueno, malo, regular, admisible o inadmisible. Y como del llamado arte de Marialba la mayoría sabe aún menos que del que inventó Pepe Hillo, da vergüenza ver como se lo pasa el público en lo que cada vez más es un viva Cartagena en el que todo vale. Por ejemplo, ¿qué tuvo que ver lo que Hizo Hermoso con el buen primer toro que lo que medio logró con el manso y casi parado cuarto al que, además, mató de alevoso rejonazo?. Absolutamente nada. Bueno, pues la presidencia premió ambas actuaciones con una oreja como si hubieran sido iguales. Imagino que ese señor tan serio que se acomoda en el palco de Illumbe – que, además, parece el púlpito de uno de esos "obispos" integristas del Irán que ahora nos quieren matar a todos con bombas atómicas – negó la segunda oreja al navarro en la creencia de que el toro se descordó con el rejón de muerte. Pues no, señor "obispo" del Irán. Los matarifes nos aseguraron que el medio rejonazo en lo alto había atravesado el corazón del animal y de ahí su muerte súbita. Para qué vamos a seguir explicando la que se armó cuando el animal murió tan fulminantemente. Si hubiera sido por muchos, a Pablo le deberían haber canonizado allí mismo.

Por cierto que, hablando de canonizaciones, quien sí la merece en plena vida es Enrique Ponce que ayer no quiso torear en Málaga porque su primera corrida de esa feria – la previamente reseñada de "Parladé" – ya estaba liquidada por "El Juli" tras haber sido desechada la que había preparada para éste de Daniel Ruiz. Intolerable falta de respeto a Ponce por parte de "El Juli", de sus compañeros de cartel y, sobre todo, de la empresa que ni siquiera agradeció a Enrique que el año pasado reapareciera precisamente en la Malagueta tras larga convalecencia por su muy grave cornada en Alicante. Este vergonzoso proceder no tiene más nombre ni debería tener más consecuencias que una destitución o una dimisión tan súbitas como la muerte del toro de Pablo Hermoso. Aunque respecto a la canonización que merece el maestro valenciano se debe fundamentalmente al extremado candor e infinita paciencia y aguantoformo que sostiene con su familia política. Porque si los empresarios de Málaga se han atrevido a agraviarle de esa manera, se debe también al muy dañino precedente que ha supuesto su exclusión de las ferias de Valladolid y de Salamanca por culpa de su suegro y apoderado - el impresentable Victoriano – al querer valerse del prestigio de su yerno para imponer a su otro torero, Miguel Abellán, que es que a quien, mira por donde, le tocaron los dos toros más enteros del Marqués de Domecq de ayer en Illumbe y, además, se le escaparon con la espada tras dos ramplonas aunque muy tesoneras labores de las que solo podemos salvar su buen recibo de capa al segundo toro de la tarde. Jornada en la que, para mayor escarnio de él mismo y de su colega de a pie, tuvo la osadía de brindar su segundo toro a Hermoso de Mendoza para rendirle increíble pleitesía, mientras que a Castella quiso jorobarle con un improcedente quite tras ser picado el tercer toro pese a su manifiesta flojera hasta dar con el bicho en la arena. Así escribe su particular historia el señorito Abellán.

Los otros dos toros del Marqués debieron ser devueltos a los corrales si es que la presidencia de IIlumbe quiere que esta plaza sea verdaderamente seria. Porque lo que no se puede aguantar es el gato por la liebre. Y es que la seriedad no es que dos inválidos tomen dos puyazos porque lo dice un estúpido reglamento. Es el sentido común lo que se ha de imponer de una vez. Y si los dos toros que le tocaron a Sebastián Castella doblaron varias veces las manos antes de ser picados, era ridículo obligar a que tomaran un segundo puyazo. ¡A ver si se entera usted, señor "obispo iraní"¡. A consecuencia de ello, los empeños de Castella resultaron a la par que ímprobos infructuosos además de injustamente recriminados por los veinte "listos" del ya dichoso coso de Illumbe, cada vez más por los suelos entre la poca calidad del ganado y el calamitoso influjo "apaolacista" que le tienen hecho unos zorros.