José Antonio del Moral
SEMANA GRANDE DE
SAN SEBASTIÁN
NO HAY QUIEN PUEDA CON
Con lleno hasta la bandera
de un público preconcebidamente enfebrecido y ante una corrida de Garcigrande tan noble como justita de trapío y de fuerza,
vivimos la locura colectiva con José Tomás.
Por una faenita entrecortada y absolutamente vulgar rematada – eso sí –
con buena estocada, se pidieron clamorosamente dos orejas y como el presidente
se negó a dar la segunda, se armó un injustificado motín en el que hasta
participaron conocidos aficionados. Pero el presidente bajó luego la guardia de
su rigor y concedió las dos orejas del flojísimo quinto toro que no fueron tan
pedidas como antes aunque al final de otro trasteo sin importancia y sucio, sí que
pisó brevemente Tomás sus famosos terrenos desde donde dio media docena de muletazos
limpios y volvió a matar certero. Finito no pudo hacer nada con el inservible
primer toro que se echó y cortó una oreja protestada del cuarto – un sobrero de
Manuel Santos - pese a que su faena fue bastante mejor que la primera del de
Galapagar. El Cid anduvo en Cid toda la tarde y cortó la oreja del sexto tras
celebrada faena y pese fallar una vez con la tizona. Por descabellar una sola
vez al tercero con el que también anduvo entonado, casi nadie osó sacar su
pañuelo y solo escuchó una ovación.
San Sebastián. Plaza de Illumbe.
16 de agosto de 2007. Quinta de feria. Tarde nublada en plaza cubierta con
lleno total. Cinco toros de Garcigrande de justa
presentación y general nobleza aunque muy escasos de fuerza. El que menos la
tuvo fue el primero que se echó a poco de iniciarse la faena de muleta y se
paró. Los que más, el segundo aunque escarbó mucho, el tercero y el sexto. El
quinto resultó tan obediente como cortito de todo. Por devolución del cuarto
por embestir descoordinado de movimientos, se corrió un discreto y altito
sobrero de los Herederos de Manuel Santos que resultó también flojo y muy
noble. Finito de Córdoba (berenjena y oro): Dos pinchazos echándose el toro
entre la bronca del público, silencio. Estocada trasera desprendida, petición
no mayoritaria y oreja protestada con reconvenciones al palco por concederla.
José Tomás (esmeralda y oro): Buena estocada, oreja con clamorosa petición de
la segunda y enorme bronca al palco por no concederla. Buena estocada, dos
orejas. Salió a hombros. El Cid (burdeos y oro):
Estocada casi entera desprendida y descabello, ligera petición y ovación.
Pinchazo y estocada baja, ovación. Muy bien en la brega Juan Montiel como también Alcalareño que fue muy ovacionado en
palos al igual que su compañero de cuadrilla El Boni.
Entiendo que la mayoría de los que ayer
abarrotaron la plaza de Illumbe acudieron en la
creencia de que serían testigos privilegiados de todo lo que se viene diciendo
y escribiendo sobre lo que José Tomás le hace a los toros. Como también que,
cada vez que se hizo presente más o menos acertado el de Galapagar con capote y
muleta, también la mayoría se comportara como si estuvieran presenciando en
directo el milagro más inaudito de la mismísima Virgen de Lourdes. Dio igual
ocho que ochenta, pases limpios o enganchados. Todo fue valorado como
excepcional y las ovaciones se sucedieron vinieran o no a cuento. Hoy y en días
sucesivos, seguro que podremos seguir leyendo y escuchando toda clase de
versiones admirativas al respecto de lo sucedido. Seguro que yo mismo creería
parte o todo lo que se diga y escriba si no hubiera estado presente en el
evento. ¡Ahí es nada, tres orejas tres y en una plaza de primera¡. Algo grande habrá pasado, ¿no? Pero como estuve y lo vi todo, paso a relatar mi versión de los hechos.
Con un primer toro sin presencia ni la más
mínima casta, abrió Finito la tarde frustrado nada más iniciar su faena porque
el animalito se echó sin que la gente le dejara intentar seguir. Ni matarlo
pudo porque el toro volvió a echarse tras dos pinchazos y hubo de ser
apuntillado.
Tan gran decepción se trocó enseguida en clímax
dramático cuando José Tomás fue cogido de lleno y luego revolcado por el
segundo toro – bastante más aparente que el anterior – al dar una chicuelina demasiado ajustada. Solventado el gran susto sin
consecuencias por fortuna y tras el primer encuentro con el caballo, Tomás
quitó por gaoneras tancredistas que remató con una
larga que tumbó al toro en la arena. Muy escarbador el flojo animal en
banderillas, siguió escarbando en la brindada faena que Tomás inició con tres
estatuarios sin moverse y cerró impávido con tres manoletinas sin que en la
parte central del trasteo aconteciera nada desde el famoso y comprometido sitio
que ha hecho famoso al torero de Galapagar. Ningún muletazo siquiera discreto,
ni una sola tanda de más de dos pases. Pero todos coreados como inmensos. Tuve
que frotarme los ojos para cerciorarme de lo que estaba sucediendo. Una estocada
de buena ejecución y rápidos efectos desató el delirio y la clamorosa petición
de trofeos. Pero el presidente solo accedió a dar la primera oreja y se armó la
tremolina. Pocas veces he visto perder los papeles a tanta gente tenida por
moderada ni hacer el ridículo a tantos aficionados y supuestos entendidos.
Y El Cid en Cid con el justito tercero.
Ampulosos lances a la verónica. Magnífico Alcalareño en banderillas. Estimable
faena no del todo conseguida porque el toro, tardo y mirón, no se dejó así como
así en todas las cosas que quiso hacerle el de Salteras. Estocada caída y
descabello. Casi nadie se manifestó a favor ni en contra. Como si El Cid no
hubiera podido hacer nada.
La afrenta presidencial la pagó luego un
templadísimo Finito que, dicho sea en honor a la verdad, lo bordó técnica y
artísticamente con el noble y flojo sobrero de Manuel Santos que reemplazó al
devuelto cuarto. Parte del público así lo debió ver y parte no porque, tras la
efectiva y no mala estocada con que mató Juan Serrano, hubo una nutrida aunque
no general petición de oreja y el usía la concedió imagino que para reconocer
que esta faena de Finito había sido mucho mejor que la de José Tomás. Increíblemente,
se reprodujo la bronca contra el palco por su sabia decisión y a Finito le
protestaron la oreja cuando la paseó.
Y otra vez el “genio” en acción con un quinto
muy poquita cosa, la verdad. Castañito, con poca cara y menos fuerza, echando
la cara arriba y sin apenas celo hasta el punto que ni con el capote ni en la larga
primera parte de la faena pudo José Tomás hacerle nada digno de aplauso aunque
observé cómo intentó torear, primero con la derecha y luego con la izquierda,
haciendo lo que nadie hace más que él, arrancar el muletazo antes de que se
arranque el toro. No le salió ni se acopló. Y con la izquierda se hartó de
enganchar hasta que, cruzándose a pies juntos y a pasitos de perdiz, dejó que
el toro le llegara a las mismas zapatillas y así dio un natural que, sin moverse,
ligó al de pecho. Y lo mismo con la derecha, también a pies juntos, en tres y
el de pecho, únicos momentos genuinos en los que José Tomás fue el esperado mesías convenciendo por igual a tyrios
y a troyanos aunque los primeros y, una vez muerto el toro de muy buen espadazo, aprovecharon para desquitarse, volvieron a pedir
la segunda oreja para que Tomás pudiera salir a hombros, el celoso presidente
no tardó en rendirse y todos tan contentos. Y es que no hay quien pueda con la tomatosis.
Incluso a El Cid se le vio alegre y feliz
mientras duraron sus labores capoteras y muleteriles
con el también noble y fácil sexto toro que toreó a su placer con los ánimos ya
calmados y más que satisfechos por lo que hasta le concedieron su oreja
compensatoria pese al pinchazo y al bajonazo con que mató. ¡Pues qué bien¡.