José Antonio del Moral
SEMANA GRANDE DE
SAN SEBASTIÁN
IVÁN FANDIÑO SE ARRIMÓ MÁS Y
MEJOR CON LOS CEBADAS QUE PADILLA Y CORTÉS
Y además sorprendió a no
pocos con sus buenas maneras, más propias de un torero andaluz con desparpajo
que de un vasco de Ordicia, pueblo donde nació. Por
lo demás, muy pobre inicio de la feria donostiarra, con poco público en la
plaza y una desigual y en parte correosa corrida de Cebada con la que Juan José
Padilla y Salvador Cortés pegaron muchos gritos y muchos pases sin atreverse a
torear en serio.
San Sebastián. Plaza de Illumbe.
12 de agosto de 2006. Primera de feria. Tarde medio nublada en plaza cubierta
con calor y menos de media entrada. Seis toros de Cebada Gago, bien aunque
desigualmente presentados y de juego desigual sin que ninguno rompiera a
excelente ni a imposible. Algunos blandearon y mansearon
pero llegaron a la muleta con movilidad en distintos grados. Tardo aunque noble
el primero, muy complicado el segundo, noble el tercero, manejable aunque
incierto el cuatro, manejable sin clase el quinto, y asimismo manejable el
sexto. Juan José Padilla (naranja y plata): Media caída, silencio. Dos
pinchazos, un tercero hondo caído, casi entera perpendicular caída y
descabello, silencio tras algunos pitos. Salvador Cortés (lirio y oro): Dos
pinchazos y bajonazo trasero, silencio. Estocada caída y seis descabellos, dos
avisos y silencio. Iván Fandiño (malva y oro):
Pinchazo y buena estocada, petición insuficiente y gran ovación. Madia tendida
y descabello, ovación.
Breve ha de ser esta crónica sobre una corrida
que resultó un aburrido tostón, por otra parte anunciado en una feria que en su
mayor parte es atractiva. La gente por eso se quedó en su casa o prefirió
pasearse por
Salvador Cortés, por su parte, pechó con el peor
lote, sobre manera el manso y complicado segundo, y aunque luchó mucho, no
terminó de hacerse con el toro ni con la situación. Aburrió al personal con
incesantes gritos al citar como si en vez de estar toreando estuviera jugando
un partido de balonmano – situación que con el quinto resultó interminable – y,
para colmo, anduvo fatal con los aceros a la hora de matar. Solo se le aplaudió por el esfuerzo deportivo
que hizo en su primero.
El vasco Iván Fandiño
fue el único de la terna que agradó al cónclave. Primero por su disposición,
luego por sus muy buenas maneras y, fundamentalmente, por el desparpajo con que
toreó a sus dos toros de los que quizá habría logrado cortar oreja si los
hubiera matado al primer envite. Hoy, supongo, cambiará totalmente la
decoración. Por la ausencia de Morante, se anuncia un interesante mano a mano
entre José María Manzanares y Alejandro Talavante.
Veremos.