José Antonio del Moral
FERIA DE DAX
(FRANCIA)
POR FIN UNA FAENA LIMPIA DE
JOSÉ TOMÁS
Templada de principio a fin aunque
solo genial en una tanda con la mano derecha y de escasa duración,
magníficamente cerrada con la espada y justamente premiada con dos orejas, tuvo
lugar frente a un extraordinario y muy cuajado toro de Antonio Bañuelos que fue
el mejor de la corrida. El público regaló otro apéndice del peor segundo toro al
de Galapagar por una faena sucísima en su primera
mitad que remató con escalofriantes chicuelinas y
otra buena estocada, despreciando después la encomiable labor de Sebastián Castella en la que anduvo muy por encima del tercer toro
aunque luego lo pinchó. Restaurado el equilibrio ambiental, el torero francés
perdió la segunda oreja del noble aunque muy apagado sexto, por lo que no pudo salir
a hombros junto a Tomás por el bajonazo con que mató tras una faena de bastante
mayor calado que la anterior. Así perdió Castella la
esperada batalla entre ambas figuras en la que por delante actuó de mero
comparsa El Fundi quien cortó una oreja del primer
toro gracias a la contundencia con que mató, quedándose luego con las ganas de
tocar pelo en el cuarto, un toro que salió galopando con mucha clase y que
enseguida se paró.
Dax (Francia). Plaza
del parque de Teodoro Denis. 11 de agosto de 2007.
Primera de feria. Tarde medio calurosa con lleno total. Seis toros de Antonio
Bañuelos, bien aunque desigualmente presentados. De vario juego y nobles en
distintos grados de bravura y de fuerza. Blando de manos por lo que se defendió
el primero; asimismo escaso fuerza el segundo que empezó echando la cara arriba
al final de los pases; sin humillar nunca y muy soso el tercero; bravo y con
clase el cuarto aunque enseguida se paró; magnífico por todo el quinto; y
cortito de viajes aunque muy noble y a menos el sexto. El Fundi
(esmeralda y oro): Estoconazo desprendido, oreja.
Pinchazo y casi entera, ovación. José Tomás (rosa y oro). Buena estocada,
oreja. Gran estocada, dos orejas. Sebastián Castella
(marino y oro): Tres pinchazos y estocada, aviso y palmas. Estocada baja,
oreja. José Tomás salió a hombros. Destacó en palos Curro Molina. Tras el
paseíllo, fue obligado a saludar José Tomás que invitó a sus compañeros a
compartir la ovación.
Ambientazo en Dax.
Impecable su luminosa plaza de toros, más si cabe desde que los habitantes de
la ciudad balneario visten durante sus fiestas de blanco y rojo. Como en los Sanfermines. Expectación incontenible en los prolegómenos
de la corrida que amenizó la estupenda banda de música, Hamoníe
Al público le complació ver actuar por delante
al muy querido en Francia El Fundi. Mero aunque
triunfal trámite en su que hacer con el capote, las banderillas, la muleta y la
espada con la que hizo lo mejor frente al enterito primer toro que se defendió
algo por su blandura de manos. Perfecto en su papel, pues, de telonero,
enseguida empezó lo que la gente ansiaba que empezase. José Tomás se templó muy
quieto con tres lances y media verónica en los medios tras fijar al segundo
toro y electrizó al gentío en su especial y preparado quite por gaoneras tras
el puyazo de rigor. Con impávidos estatuarios inició su faena y, nada más tomar
la muleta con la mano derecha, enganchón tras enganchón tras enganchón al
intentar pasarlo por redondos. Más limpio con la izquierda aunque sin poder
ligar más de dos seguidos, surgieron insulsos los naturales hasta que el toro
desarmó al torero tras un par de zurdazos, también dejándose enganchar. ¿Dónde
y para qué está el temple? No basta con la quietud. Hasta que, de pronto, Tomás
le coge el ritmo ya mermado al toro y receta un ramillete de derechazos a pie
justos y de trincheras intercaladas con más naturales devolviendo la alegría a
los tendidos. Alegría que se convierte en éxtasis dramático con las inevitables
y siempre emocionantes manoletinas. Buena y efectiva la estocada y oreja. Algo
debe tener el agua cuando la bendicen.
Muy soso y sin humillar una sola vez el segundo
toro. Castella, que se había inhibido en el recibo,
pudo comprobarlo en su ajustado quite por chicuelinas,
de modo que en su faena se esmeró sobre todo en templar llevando la muleta como
convenía hacerlo, a media altura y siempre cosiendo un pase a otro sin un solo
enganchón. Y ello con suma aunque por lo visto inconveniente facilidad porque
nadie le jalea, nadie mueve un músculo. Como tampoco el torero que, ante tanta
frialdad, prolonga excesivamente la faena en busca de aplausos que nunca llegan
y, aún menos, cuando pincha desencantado tres veces antes de agarrar la
estocada.
El Fundi, encantado de
poder lucirse a placer con en capote en el recibo del que parece excelente
cuarto, pasa veloz en banderillas – por cierto, ¡vaya
par de fantásticos valses con que la banda amenizó sus dos segundos tercios¡ -
y decide brindar la faena a sus dos colegas. Ovación de gala por el detalle. Y
ovación de lujo también para rubricar una primera ronda con la derecha que al
toro le atraganta tanto que se para acto seguido. Acabado prematuramente este
carbón, sueltan al quinto que va a ser el mejor.
Y, en efecto, lo es. Tanto para el capote –
esculturales las verónicas de José Tomás en el recibo – como para la muleta que
el serio animal – el primer toro con aspecto de tal que ha matado Tomás en su
reaparición por el momento – toma con obediente celo y no poca casta. Un toro
de lío, pensamos. Buena y casi totalmente limpia la faena sobre la mano derecha
en su tramo inicial, se troncha al ser desarmado el toreo con la izquierda,
cambia el engaño roto por otro y recomienza el trasteo mucho mejor citando
desde lejos para el natural hasta que, de nuevo con la derecha, se aquieta por
completo metido en el terreno del toro, liga tres de enorme factura, se le mete
el bicho por dentro sin que el torero mueva una pestaña, aguanta indeciblemente
en un angustioso segundo que parece eterno, da completo el inverosímil cuarto
pase que cose a uno de pecho liberalizador de tan irrespirable tensión y
estalla entera la plaza como en sus mejores tiempos. Momento cumbre de la faena
y de la tarde. Pero en vez de seguir por el mismo o parecido camino, Tomás decide
terminar con el toro dejándonos a todos con ganas de más aunque una gran
estocada compensa la brevedad de lo genial y… ¿cómo no darle dos orejas si
comparamos esta faena con la muy sucia por la que ya le habían dado una? De
todas maneras, reconvengo, esta es la mejor vez que, por el momento, hemos
visto esta temporada al de Galapagar. ¡Ya era hora¡
La réplica de Sebastián Castella
llega acompañada por los problemas que presenta el sexto de salida. Se queda el
toro corto en el capote, parece embestir
con sosería dentro de su nobleza y no admite cercanías. A contra estilo,
entonces, del espada francés quien, no obstante, elige bien los terrenos y da
rienda suelta a una faena marca de la casa con pases cambiados en los medios
para empezar, dos soberbias tandas con la mano derecha que el público esta vez
sí jalea y aplaude a rabiar – imagino que arrepentidos todos de su cicatería
anterior -, cierto bajón al natural y, pese a que el bicho no parecía proclive
a embestir en corto, termina por hacerlo cuando Castella
extrema las cosas como suele cada vez que se propone algo por puros y marmóreos
bemoles. Y cuando todo estaba preparado para que los dos contendientes salieran
a hombros, a Sebastián se le va la mano a los bajos en su estocada, instante en
que su paisanos reaccionan obligando al presidente a darle una oreja. Al menos,
una. Imagino la fría e interior cólera del torero consigo mismo y con tan mala
suerte.