FERIA DE MARIA PITA EN LA CORUÑA

José Antonio del Moral

"EL CORDOBÉS" Y PEPÍN LIRIA, A HOMBROS. RIVERA ORDÓÑEZ PINCHÓ LA GRAN FAENA DE LA TARDE

CON MUCHO AMBIENTE Y UNA SOSA CORRIDA DE JUAN PEDRO DOMECQ SE CERRÓ CON UN TERCER ÉXITO LA FERIA GRACIAS A LA DISPOSICIÓN Y AL GRAN MOMENTO DE LOS TRES ESPADAS

La Coruña. Plaza del Coliseo. 6 de agosto de 2005. Tercera y última de feria. Tarde calurosa con tres cuartos de entrada en recinto cubierto. Seis toros de Juan Pedro Domecq, justamente presentados y de juego desigual aunque en su mayoría deslucido. Por más encastados, sobresalieron segundo, cuarto y sexto que fue el mejor. Manuel Díaz "El Cordobés" (fuscia y oro): Pinchazo y media estocada, ovación. Gran estocada, dos orejas. Pepín Liria (verde inglés y oro): Media tendida desprendida, dos orejas. Media caída, ovación. Rivera Ordóñez (grana y oro): Trasera muy caída, leve división. Seis pinchazos y estocada baja, gran ovación. De las cuadrillas destacaron Carlos Casanova e Hipólito.

Muy buen final de feria con un cartel en principio poco o nada atractivo por el extraño coktail torero que suponía juntar tres toreros tan distintos a la vez que desgastados. Pero en la Coruña cayó muy bien y la gente acudió en mayor cantidad que las dos jornadas anteriores. Claro que también debió influir que era sábado y los excelentes resultados artísticos de los dos primeros festejos. Sea como fuere y a pesar de que la corrida de Juan Pedro no fue de las de tirar cohetes – la camada de este año está resultando pésima – el casi fue que los tres espadas lograron una tarde realmente espléndida gracias al buen momento que atraviesan.

De tal modo, Manuel Díaz "El Cordobés" por el que no parecen pasar los años, demostró que es un hombre por completo feliz como bien pudo apreciarse en su soltura, facilidad, donosura y hasta elegancia tanto en la faceta clásica de su toreo como en la que más gusta y más esperan los públicos llegado el momento de dar rienda suelta a los muy celebrados efluvios ranísticos. No sería justo ignorar que, aparte tales excesos actorales, Manuel Díaz parece y es un torero cuajado, experto, dueño ya por entero del sentido del temple y realmente sereno. Hasta con regusto y compás toreó. Sobre todo al cuarto toro que fue el mejor de su lote y al que, además, mató perfectamente. Las dos orejas que le dieron fueron las más legítimas de las concedidas.

Por que la que le regalaron a Pepín – la segunda del segundo toro – se debió – creo – a su amistad con el muy querido Alcalde de la Coruña, Francisco Vázquez a quien brindó su segundo toro. Más que estimable la primera faena de Pepín aunque de más a menos al compás del decreciente brío del toro tras un valiente prólogo con largas de rodillas y cierre con estocada no del todo correcta. Con una oreja hubiera sido suficiente. Salió a por todas con el quinto, pero este animal se vino pronto abajo y no ofreció demasiadas oportunidades a Liria pese al que lo intentó por activa y por pasiva.

La actuación de Rivera Ordóñez pasó de la cruz y enfado del torero con un tercer toro apenas proclive en el primer tramo de su faena, a la radiante cara del sexto que fue el más bravo del envío. Magnífico anduvo Francisco a la verónica que interpretó primero rodilla en tierra y luego en pie despatarrado. Gran juego de brazos, temple, firmeza, ritmo y mucha gracia en los remates. Y en el mismo tono su faena de muleta que se hizo grande desde el principio al final. Muy bien Rivera en una versión cuasi perfecta – debió cruzarse más en los cites – tanto por redondos como al natural, y enorme por dobles circulares al final con añadidos por trincheras y ayudados sabrosos. ¡Ay si Rivera estuviera así todas las tardes!. Lo estropeó todo al matar de varios pinchazos y estocada baja. Pero fue tanta la grandeza de lo hecho con capote y muleta, que el público le ovacionó prolongadamente hasta que abandonó el coliseo, al fin y al cabo feliz por haber cuajado la gran faena de la tarde.