FERIA DE MARIA PITA EN LA CORUÑA

José Antonio del Moral

PLETÓRICO CASTELLA, PRODIGIOSO PONCE

EL FRANCÉS, QUE REGRESÓ A LOS RUEDOS VALIENTE E INTACTO TRAS SU GRAVE CORNADA DE VALENCIA, CORTÓ DOS OREJAS, PERDIÓ OTRA POR PINCHAR SU SEGUNDA FAENA Y SALIÓ A HOMBROS. EL VALENCIANO, QUE CORTÓ OTRO APÉNDICE TRAS PINCHAR UNA OBRA SUBLIME, EXTASIÓ A LOS AFICIONADOS. CÉSAR RINCÓN, QUE TAMBIÉN CORTÓ UNA OREJA, AÚN SIN SITIO Y POR BAJO DE SÍ MISMO FRENTE A DOS TOROS MÁS QUE POTABLES DE SU PROPIA GANADERÍA

La Coruña. Plaza del Coliseo. 5 de agosto de 2005. Segunda de feria. Tarde medio calurosa con dos tercios de entrada en recinto cubierto. Seis toros de "El Torreón", discretamente presentados, de juego vario y en su mayoría muy nobles en distintos grados de fuerza. Por más completo destacó el tercero y por imposible el cinqueño segundo. César Rincón (tabaco y oro): Pinchazo y estocada desprendida, ovación. Estocada a la trágala a toro arrancado, oreja. Enrique Ponce (marfil y oro): Pinchazo, otro hondo tendido y descabello, silencio tras algunos pitos. Pinchazo y estocada desprendida, aviso y oreja con vuelta clamorosa. Sabastián Castella (salmón y oro): Estocada casi entera, dos orejas. Cinco pinchazos y estocada baja, ovación. Salió a hombros

Muy satisfactoria La Coruña donde estamos en la gloria para asistir y promocionar su revitalizada feria de María Pita y, de paso, para forrarnos de percebes y centollos, al tiempo de disfrutar de uno de los paisajes más hermosos de esta España a la que tantos quieren disgregar últimamente increíblemente ayudados por el complaciente Gobierno de la Nación. Así, como suena. Lo mismo que los pasodobles en el coliseo de la preciosa ciudad, anteayer testigo de una corrida de rejones en la que los tres jinetes salieron a hombros y Pablo Hermoso de Mendoza dejó escrita una memorable página.

Y después del prólogo a caballo, un cartel de tronío enormemente atractivo que concitó la atención hasta lograr una entrada verdaderamente notable tras varios años de ferias decadentes. Nada menos que Cesar Rincón y Enrique Ponce junto a Sebastián Castella que reapareció tras su grave cornada de hace dos semanas en Valencia frente a una corrida propiedad del diestro colombiano.

Dio gusto ver a Castella como nuevo pese a sus repetidos pinchazos al matar al sexto toro de "El Torreón", el más alto y voluminoso de los lidiados que el francés toreó quizá con demasiada pasión y excesivamente cerca llevado de su incondicional entrega y de sus irresistible ganas de obtener un triunfo de clamor. Por poco lo consiguió porque, ya con el tercer toro, anduvo cumbre y muy acertado en los terrenos, en las distancias, en el temple, en el ritmo, en la variedad interpretativa y definitivamente concienciado del momento que atraviesa en pos de despegar de una vez por todas de ese pelotón que tanto confunde a los que llevan años y años sin lograr salir. Tal y como venimos diciendo desde hace más de un año, Castella es uno de los muy pocos que actualmente están batiéndose el cobre fiel al modelo de los que verdaderamente quieren ser figuras del toreo, sin importarle cogidas ni percances, sabedor de la tremenda dureza que supone el esfuerzo y con esa fe en sí mismo que distingue a los elegidos.

Claro que ayer, tuvo como compañero a uno de éstos últimos, el impar e incombustible Enrique Ponce quien, como casi siempre, dejó su impronta de torero excepcionalmente privilegiado. Y eso que con su primer toro fue imposible por lo malo y parado del animal. Pero con el flojo aunque muy dócil quinto, llegó su prodigiosa lección en la que sublimó su impecable técnica hasta extasiar con su limpio y luminoso sentido estético y artístico. Se le vio muy feliz a Ponce mientras disfrutaba de su propia creación. E incluso radiante mientras paseó la oreja que, de haber matado bien, habría sido dos y quizá hasta el rabo.

No podemos decir lo mismo de Cesar Rincón y bien que lo lamentamos pese a la oreja que también cortó del cuarto toro gracias a una estocada que recetó a la trágala y vendido cuando el animal se le arrancó sorpresivamente. Momento emocionante y enormemente arriesgado que el colombiano superó con la suerte de su lado porque podría haber sido revolcado de muy mala manera. Revolcones, percances que están limitando su campaña hasta el punto de dejarle sin sitio. Como todavía anda Cesar tras su percance en Valencia y su infeliz paso por Santander.

Ya con el primer toro, que fue encastado, no anduvo nada a gusto Cesar aunque sí con muchas tablas y esos recursos imprescindibles para taparse que tienen los buenos toreros. Pero con el cuarto no, como evidenciaron sus constantes paseos, su no "tocar" al toro en los cites y hasta su remisa intención en matarlo, cosa que por cierto y en el último minuto le salvó por acontecer casual y casi dramáticamente. Preferiría ver a Rincón completamente restablecido y temo lo que pudiera ocurrirle cuando, inminentemente, lleguen San Sebastián y la más difícil feria de Bilbao.