José Antonio del Moral

COLOMBINAS EN HUELVA

OTRA VEZ GRANDIOSO PONCE EN MUY LARGA TARDE-NOCHE CON OREJAS PARA LOS TRES ESPADAS

Tres horas tres duró el festejo en el que hubo de todo. La imposible devolución del primer toro, un insólito apagón que dejó el recinto a obscuras durante la lidia del quinto y cinco orejas de muy distinta condición. Frente al peor lote de una desigual corrida de Santiago Domecq, el valenciano cortó dos del sobrero aunque debió cortar tres. De las dos que cortó El Cid por su vulgar aunque emocionante faena frente al toro más complicado de su lote que toreó en tinieblas, realmente exagerada la segunda. Y la que cortó del sexto El Fandi - impresionante en banderillas como siempre - quizá la más equilibrada y meritoria.

Huelva. Plaza de la Merced. 3 de agosto de 2006. Primera de feria. Tarde-noche calurosa con lleno. Cinco toros de Santiago Domecq de justas y bonitas hechuras aunque con distintos pesos. Ninguno fue completo aunque casi todos nobles por uno de los dos pitones en diversos grados de fuerza y de casta. Por su gran clase por el lado derecho, destacó el segundo. Y por su mayor bravura y raza el tercero aunque, mediada la faena de muleta, cambió radicalmente a peor. Los más complicados por su genio fueron el cuarto y el quinto. Y el que menos duró por rajado y descastado, el sexto. Ordenada la devolución del noble aunque renqueante primero que, negado a obedecer a los bueyes, tuvo que matarlo finalmente Enrique Ponce de pinchazo hondo y descabello, se corrió un sobrero de La Dehesilla manejable aunque enseguida rajado. Enrique Ponce (carmelita y oro): Buena estocada, dos orejas. Media tendida trasera y descabello, aviso, petición insuficiente y vuelta clamorosa. El Cid (amapola y oro): Dos pinchazos y estocada que asomó, gran ovación. Estoconazo caído muy trasero, dos orejas. El Fandi (marino y oro): Pinchazo, estocada trasera caída y dos descabellos, ovación. Estocada, oreja y petición de otra. Ponce y El Cid salieron a hombros. A cabaallo destacó Antonio Saavedra, en la brega Mariano de la Viña y en palos los hermanos Tejero y El Boni.

Una corrida clásica en la siempre alegre feria de Las Colombinas con reses bonitas, cartel muy variado y el mucho público deseando disfrutar a tope. No importó a nadie lo larguísimo que resultó el festejo, mediado con un insólito apagón de las luces que mal iluminaban la noche - la corrida empezó a las ocho de la tarde - e iniciado con la devolución del primer toro y en qué hora sacaría su pañuelo verde el presidente porque no hubo modo ni manera de que regresara a los corrales ni tampoco de apuntillarlo desde un burladero por lo que, finalmente, tuvo que matarlo Ponce. Por cierto, disgustado por lo mucho que le había gustado el toro pese a renquear ostensiblemente. Ponce había estado seguro de lucirse a placer y, en racha de aciertos, nada más salir el sobrero de La Dehesilla - de bastante peor condición que el devuelto - se aplicó a fondo hasta lograr la mejor faena de la jornada hasta cortar dos orejas que no tuvieron nada que ver con las que se cortaron después.

Pero como la Fiesta es así de caprichosa, también aleatorios los trofeos concedidos. Si por el público hubiera sido, se habrían cortado más de los cinco cosechados y los tres espadas hubieran salido a hombros. Dada la prodigalidad de la segunda oreja que le dieron a El Cid del quinto toro, no entiendo por qué se le negó a El Fandi la segunda del sexto. Pero bueno, son ganas de enredar por parte de un palco que, como tantos otros, en su intento de ponerse serios terminan por ser injustos.

Sea como fuere, lo cierto y verdad es que Ponce anduvo muy por encima del rajado sobrero de Pereda al que lidió junto a su magnífica cuadrilla con ciencia infusa y paciencia digna del santo Job hasta enjaretar una faena señorial que además culminó de buena y efectiva estocada. !Menudo Comienzo¡. Mientras disfrutábamos viendo como Ponce se entendía con este toro, pensé yo qué interesante sería clonar reses de idéntica condición para que los demás espadas pudieran demostrar sus respectivas habilidades. A lo mejor se veía la copla con alguno. Pero el toreo es así, con la suerte siempre de por medio.

Siguió El Cid con un segundo toro netamente mejor por el lado derecho y el de Salteras, muy templado, muy bien por verónicas y aún mejores medias en el recibo, se puso en los medios para empezar su faena por el lado malo en inconclusos y feos naturales. ¿Cómo es posible no haberse dado cuenta antes de que el toro era superior por el pitón derecho?. Lo comprobó El Cid cuando, acto seguido, se arrancó por excelentes redondos. Hasta que volvió a intentar los naturales, me gustó mucho El Cid con este toro. Como en sus mejores ocasiones. Una pena que no se confiara con la espada pese a entrar precisamente por el lado más proclive del animal. Perdió por ello una merecida oreja.

Y tercer acto con el valiente, brillante, variado capotear de El Fandi en el recibo por largas de rodillas, en el galleo por chicuelinas y en un quite inspiradísimo con cinco suertes distintas y ligadas. Profeta en todas las plazas del mundo con sus banderillas y muy bravo el toro en la muleta, los primeros compases y rondas por el lado derecho resultaron a pedir boca por templados y técnicamente irreprochables hasta que, puesto y dispuesto al natural, el toro se negó y cambió radicalmente a peor hasta desmerecer cuanto El Fandi acababa de lograr con nulos resultados por pinchar.

Dispuesto Ponce a redondear su tarde en Huelva como viene sucediendo desde hace ya 17 años, el bravucón y muy complicado cuarto dio ocasión al gran torero para que la gente se diera cuenta de su maestría. Pues si en las manos de Antonio Tejero el animal pareció indomeñable, en las de Ponce, de seda. De todos modos malo por su genio el toro, resultó muy difícil en palos y después para la muleta que Ponce manejó como látigo dúctil y maleable hasta metérselo en cintura pese a su mirada asesina y a su embestir descompuesto. Faena seca, larga, empeñosa, increíble tras haber logrado ya triunfar por lo grande. Faena digna del enorme sentido de la responsabilidad y de la indeclinable afición y ambición del gran torero. A la media estocada tendida trasera y al descabello se debió agarrar la presidencia para no dar la oreja que se pidió. Negado el despojo, la gente obligó a Ponce a dar una vuelta al ruedo con palmas por bulerías.

Las mismas que después acompañaron a El Cid mientras paseaba las dos orejas del tampoco fácil quinto. Lo dejó El Cid sin picar mientras duró el eclipse de las luces repentinamente apagadas y el que picó al final fue el toro entre tinieblas. Por eso y por la también peligrosa obscuridad, la mucha emoción del trasteo de El Cid aunque nada tuvo que ver con su anterior faena. Citando por las afueras y en varias ocasiones con la muleta retrasada, se vio al torero a merced del toro en demasía y a sus muchos paisanos asustados en plena noche ya vencida, temiendo una cogida que, por fortuna, no llegó. Hasta que, un muy trasero espadazo dejó al toro para el arrastre de inmediato y se desató la pasión del gentío. Encantados casi todos los paisanos de verse reflejados en un torero como cada cual que había en los tendidos.

No es el caso de David Fandila, tan atacado por los puristas y por los cursis que han puesto de moda decir que hay que ver qué malo es El Fandi para presumir de buenos aficionados, como adorado por la mayoría que, lejos de verle como si fueran ellos mismos, se quedan boquiabiertos cada tarde con sus portentosas y espectaculares evoluciones en banderillas. Tras otro lío con el capote, el desideratum con los garapullos que esta vez preparó con originalidad y arte sorpresivos para el casi parado sexto toro y para cuantos allí estuvimos.

Mientras El Fandi siga como sigue, inasequible al desaliento, completamente desinhibido, sin complejos de ninguna clase y fresco como una lechuga, muchos panes y disgustos les restan comer y sufrir a sus ridículos detractores. Algunos quizá ignoren que siempre hubo figuras de este mismo corte. Por ejemplo, el mexicano Carlos Arruza. O más tarde, Miguelín. Como también no saben darse cuenta de que lo mismo o más que tanto celebramos todos por cuanto logran los caballos que monta Pablo Hermoso, lo hace El Fandi a cuerpo limpio y a pie frente a reses en puntas. Pues eso. La templada limpieza de sus intentos muleteros con el toro rajado en tablas y prácticamente parado, tampoco pasó desapercibida. Francamente meritorio y muy por encima de las circunstancias anduvo el granadino.