FERIA DE SAN PEDRO EN BURGOS
"EL CORDOBÉS", FELIZ Y A HOMBROS EN LA SUPLENCIA DE PONCE
LLENAZO EN LOS TENDIDOS Y BONDADOSÍSIMA AUNQUE AL LÍMITE DE FUERZA LA CORRIDA DE ANTONIO BAÑUELOS EN LA QUE MANUEL DÍAZ SE LLEVÓ LO MEJOR DEL ENVÍO Y CORTÓ DOS OREJAS, NINGUNA "EL JULI" POR FALLAR A ESPADAS Y UNA EL LOCAL "JAROCHO" QUE MOSTRÓ BUENAS MANERAS
Burgos. Plaza del Plantío. 3 de julio de 2004. Octava y última de feria. Tarde excelente, sin viento y lleno total. Seis toros de Antonio Bañuelos de preciosa presentación y desigual juego pese a la bondad que exhibieron los seis toros por su demasiado justa fuerza que mostraron en distintos grados. Por más completo destacó el cuarto que fue muy aplaudido en el arrastre. Mansito y rajado el que abrió plaza, muy apagado el segundo, bravo de salida aunque remiso y cortito de viajes el tercero, con fijeza y clase el quinto aunque muy mermado por su extrema debilidad y sumamente colaborador el sexto aunque asimismo mermado por su escasa fortaleza. Manuel Díaz "El Cordobés" (corinto y oro): Estoconazo y cinco descabellos, palmas. Estocada trasera caída, aviso y dos orejas. Salió a hombros. "El Juli" (grana y oro): Estocada trasera caída, leve división de opiniones. Pinchazo, otro hondo y tres descabellos, aviso gran ovación. Roberto Martín "Jarocho" (grana y oro con remates negros): Estoconazo, oreja. Pinchazo, media ladeada muy caída y descabello, aviso y ovación.
Lo que estaba preparado como gran final de feria y de fiestas quedó a medias. La anunciada participación de las dos máximas figuras obró el milagro del llenazo, consumado incluso sin la participación del convaleciente Enrique Ponce por aquello de que cuando la gente se hace la idea de ir a los toros y elige una corrida como favorita del serial, muy pocos devuelven las entradas aunque haya sustituciones. La de ayer, ciertamente conveniente para la empresa aunque no aceptable por la menor categoría de "El Cordobés" respecto a la que ostenta el gran ausente, lejos de restar ambiente lo amplió porque a Manuel Díaz le quieren en Burgos como si de aquí fuera. De modo que, arreglado el fiasco poncista de cara a la taquilla, la tarde se presentó de perlas: Una corrida de lujosa presentación y noble para hartarse aunque, ¡ay!, demasiado floja. De todos modos, el ganadero de la tierra echó toros para formar un alboroto de los grandes. Toros que, como sobre todo el cuarto, Ponce hubiera indultado según su saber y entender para seguir cumpliendo con el quinto mandamiento, pecado que últimamente casi nunca venía cometiendo. Pero vayamos al grano de lo acontecido.
Muy templado anduvo "El Cordobés aunque demasiado periférico y distante en sus dos toros mientras toreó por lo clásico entre la práctica indiferencia del gentío, sin embargo entregado por completo al simpático diestro cuando al final de sus dos trasteos se tiró por las suertes que también y tantas veces sirvieron para triunfar a su antecesor. Rajado y refugiado en tablas aunque muy noble el toro que abrió plaza, si hubiera doblado tras la estocada que propinó Manuel y no hubiera tenido que repetir con el descabello, las dos primeras orejas habrían caído en el bote cordobesista. Las cortó tras matar pronto y mejor al gran cuarto con el que, tras ligar varias tandas sobre ambas manos, se explayó a tope y en su salsa más apetecida por las masas, ranazos incluidos.
"El Juli", asimismo feliz al ver el papel agotado, no lo fue con su apagadísmo primer toro, al que lanceó en el recibo a pies juntos sin moverse del sitio que eligió junto a los tableros mientras el animal iba o venía, para después limitarse a dar correctos, aislados e intrascendentes muletazos que no compensaron a la parroquia de su enfado manifiesto cuando vieron que Julián no tomaba los palos para banderillear. El toro no repitió nunca sus viajes y el torero tampoco se esforzó en que lo hiciera como tantas veces lo consiguió en su lustro de más gloria. Se desquitó en parte con el nobilísimo quinto que, por muy mermado y al límite de fuerzas – ni sangró en el simulacro de puyazo que le colocaron – hubo de torear a media altura y extremando el temple hasta grados de exquisito mimo para que no se parara ni se le echara en plena faena. Había estado muy brillante por verónicas ganando terreno y muy lucido y celebrado en su ahora poco prodigado quite por "lopecinas". Pero esta faena, pese a resultar magistral por como llevó mecido y metido al toro y por como resolvió con garbo el arrimón final que se pegó, no tuvo el colofón apetecido a espadas y se le fue un seguro triunfo pese al nuevo enfado de la gente cuando, por segunda vez, no quiso banderillear. En cualquier caso y aun reconociendo la inteligente habilidad de Julián con este quinto toro en su intento de volver a ser quien fue, no le va a resultar fácil de conseguir con estos materiales bóvidos tan justitos y bajo la ley del mínimo esfuerzo y exposición.
Esfuerzo que, por cierto, sí hizo el local "Jarocho" abocado a triunfar por pura necesidad. Valiente y firme anduvo con el tercero que le pegó dos sustos. Uno al iniciar su faena con un pase cambiado y otro cuando intentó el natural y el toro se le fue a la axila como una bala. La faena, no obstante, la resolvió de menos a más y como mató bien, se ganó una oreja. Otra le hubiera cortado al mejor aunque también débil sexto con el que "Jarocho" evidenció muy buenas maneras antes de fallar con los aceros.