José Antonio del Moral

FERIA DE SAN PEDRO EN BURGOS

 

FINAL DIVERTIDO Y TRIUNFAL AUNQUE TAURINAMENTE INDEFENDIBLE

 

Fuera del abono y de cualquier serie, con la plaza hasta los topes de un público absolutamente dispuesto a pasarlo en grande como fuera, los llamados toreros mediáticos lograron el propósito que últimamente les anima y más a las empresas cada vez que les juntan: Ofrecer un espectáculo tan inclasificable como divertido. Frente a una corrida de toros de dos ganaderías en su mayoría flojos, prácticamente dio igual que embistieran o no, como tampoco que las respectivas actuaciones de los alternantes, resultaran correctas o incorrectas. Jesulín de Ubrique con dos orejas y El Cordobés con tres salieron a hombros, mientras Rivera Ordóñez lo hizo a pie por simple mala suerte. Pinchó al tercer toro con el que anduvo demasiado cauto y si llega a matar pronto al que cerró la tarde, que fue apuntillado tras derrumbarse sin remedio en plena faena de muleta, le habían dado de todo o más.

 

Burgos. Plaza del Plantío. 30 de junio de 2007. Sexta y última de feria, fuera de abono. Tarde calurosa con lleno a reventar. Cuatro toros de Joquín Barral y dos (tercero y quinto) de La Palmosilla. Inevitablemente desiguales de presencia, algunos con sobrada romana y alzada, otros más bonitos, todos pobres de cara y en su mayoría nobles en distintos grados de fuerza de la que escasearon mucho en líneas generales. El primero apenas sirvió por enclenque y embestir a tropezones. El segundo, tan noble como tardo, terminó parándose. El tercero, muy brusco y corto de viajes. El cuarto, muy noble aunque sin apenas fuerza. El quinto, asimismo noble aunque prácticamente inválido. Y el sexto otro tanto aunque terminó echándose por lo que tuvo que ser apuntillado. Jesulín de Ubrique (grana y oro): Estocada trasera caída, oreja. Sablazo en el costillar, pinchazo muy hondo y descabello, ¡oreja¡. Manuel Díaz El Cordobés (blanco y oro): Estocada, oreja. Pinchazo y estocada, ¡dos orejas¡ Francisco Rivera Ordóñez (azul prusia y oro): Pinchazo y estocada, ruido de las peñas. No pudo matar al sexto, gran ovación. Jesulín y El Cordobés fueron sacados de la plaza a hombros en loor de multitudes.  

 

Tan imposible como inútil resulta escribir en serio de esta especie de corrida en la que tanto solo la presencia de seis reses supuestamente bravas y de tres matadores con sus cuadrillas vestidos de luces tuvo que ver con un festejo normal. Desde luego, no creo que lo que digamos o escribamos sobre ella les importe un comino a los más de doce mil espectadores que abarrotaron la plaza, sencillamente porque se divirtieron de lo lindo y a su total placer. De modo que, si lo hacemos, es para dar simple y espero que entretenida constancia de lo sucedido porque, si nos lo tomáramos en plan formal, tendríamos que presentar inmediatamente la dimisión y marcharnos a casa derrotados. Como también los que ocuparon el placo presidencial que debería haber sido ejercida por empleados de la empresa especialmente nombrados al efecto. Ver al señor presidente tener que sacar el pañuelo blanco para dar orejas, fue de vergüenza ajena aunque, reglamentariamente, legítimo. Así fue como así les pareció mejor a todos los presentes esta especie de carnaval en el que, como decían las coplas antiguas, todo pasa, hasta el alcalde con la calabaza.

 

Para mayor regocijo del personal, Jesulín de Ubique hizo su despedida en Burgos y la gente se volcó tanto con él que incluso le regalaron la oreja del primero al que toreó a trapazos entre una polvareda inabordable que no dejó ver casi nada a nadie, y otra del brindado cuarto toro pese a matarlo de infamante sablazo en las costillas, un pinchazo y un descabello después de una faena más templada aunque recetada por lejano fax. Otro tanto o más revuelo se armó con la celebración del 39 cumpleaños de El Cordobés que, a su vez, fue profusamente homenajeado tanto con la enorme tarta que las peñas le hicieron partir antes del paseíllo como con las tres orejas que le dieron en medio de un delirio colosal. Una del primer toro sin dar un solo pase en serio y dos en la que brindó en medio de una monumental ovación antes de sostener y enmendar las febles embestidas de un animal que se había derrumbado al salir de una revolera en el recibo de capa. Exponiendo lo mínimo, se complació llevarlo primero más o menos formalmente, y después en arrebatamientos teatrales, caricaturas de sí mismo y desplantes de opereta bufa que tanto gustan a sus fieles, ranazos incluidos.   

 

Los dos toreros terminaron recogiendo sendos puñados de la arena del ruedo que besaron con tanta gratitud y unción como si fueran el brazo incorrupto de Santa Teresa y la Sagrada Sabana de Turín. La repanocha en bicicleta. El recopostiófono más delirante que uno haya vivido jamás. Lo de las pasadas Fallas de Valencia cuando también llenaron la plaza en día inapropiado que jamás había logrado llenar nadie y sobre lo que escribí titulando “!Hay gente p´a to¡”, quedó ayer en mantillas. ¡!Viva Cartagena y salga el sol por Antequera¡. Sí señor.

 

Rivera Ordóñez tuvo menos suerte y ello aparte de que ya no anda Francisco dispuesto a jugarse un solo alamar. Con su primer y más incómodo toro apenas se atrevió aunque, al final de su trasteo, logró meter a la gente en el canasto con pases mirando al tendido, pero lo pinchó. Y con el sexto, un terremoto formó en banderillas que colocó como buena o malamente pudo intentando imitar a El Fandi. Más templado aunque también prudente con la muleta que en su toro anterior – el último animal también se dejaba más –, poco faltó para lograr la apoteosis pero el animal se echó repentinamente y, como no hubo manera de levantarlo, tuvo que ser apuntillado. ¡Vaya por Dios¡.