José Antonio del Moral
FERIA DE SAN PEDRO EN BURGOS
RUINOSA Y DESMORALIZANTE
CORRIDA DE SALVADOR DOMECQ
Ruinosa porque no sirvió
para triunfar, ni tampoco para jugarse la cornada con un mínimo de
contrapartidas de posible lucimiento, tal o como ahora se entiende tal
cuestión. Y desmoralizante, porque tanto Antonio Ferrera,
a quien ni le valieron sus atléticos pares de banderillas ni sus alardes
demagógicos de cara a la galería con la muleta pese a la vuelta al ruedo que
dio tras matar al cuarto toro, como aún menos a Cesar Jiménez y a Miguel Ángel Perera que se salvaron de milagro de ir a la enfermería al
intentar torear en serio a base de exponer sin cuento ni medida, ingenuamente
fieles a sus respectivas fórmulas.
Burgos. Plaza del Plantío. 27 de junio de 2007.
Tercera de feria. Tarde agradable aunque de nuevo fría al final con algo más de
media entrada. Seis toros de Salvador Domecq, bien
presentados incluso con varios toros de muy buenas hechuras que en su mayoría
no se correspondieron con el pésimo y hasta imposible juego que dieron cuando
no el evidente peligro que desarrollaron como las reses lidiadas en segundo,
tercero y sexto lugares. Los otros tres, se vinieron pronto abajo o se pararon.
Antonio Ferrera (amapola y oro): Estocada, ovación.
Pinchazo y estoconazo trasero, petición insuficiente
aunque ruidosa y vuelta al ruedo. Cesar Jiménez (danubio
y oro): Estocada trasera y descabello, silencio. Buena estocada, leve petición
y ovación. Miguel Ángel Perera (añil y oro): Estocada
trasera, silencio. Buena estocada, ovación.
Ni por donde cogerla en resultados la en su mayor parte
podrida, desesperante y en varios casos muy peligrosa corrida de Salvador Domecq pese a su buena y hasta bonita presencia. Nada que
objetar, pues, al envío ganadero respecto al agradable aspecto exterior de sus
reses, lo que en el sorteo y apartado hizo concebir esperanzas a los que allí
estuvieron representando a los espadas actuantes. Una verdadera pena porque los
tres llegaron a Burgos más que ilusionados. Ferrera
para ratificar las buenas actuaciones que lleva coleccionando en la presente
temporada. Cesar Jiménez para ver si por fin levantaba cabeza tras haberse
librado de la quema con el último toro que mató en el pasado San isidro y
revivir después su esperada aunque aún tibia recuperación. Y Perera, ilusionado con repetir sus últimos éxitos en
Alicante y Badajoz.
Otros toreros más y mejor instalados en el escalafón
superior de la actualidad y, no digamos, los que fueron figuras hace veinte o
treinta años, no habría tenido con estos mismos toros tantas contemplaciones
como derrocharon los de ayer. Vamos, que aquellos se hubieran limitado a
machetear y a matar de mala manera y cuanto antes, en vez de eternizarse en
ofrecer pruebas fehacientes de la absoluta imposibilidad de lucirse a costa de
sufrir no pocas veces la voltereta e incluso alguna cornada. No mereció, por
ello, la tarde que entremos en excesivos detalles porque, si aburrida y hasta
insoportable resultó la corrida en la plaza, más lo sería esta crónica si fuera
prolija en describir minuciosamente lo sucedido. No obstante, debo hacer
mención de la positiva actitud de la terna.
Antonio Ferrera, muy en el Ferrera de sus peores por más demagógicas ocasiones porque,
lógicamente en este caso, lejos de mostrarse tan sosegado y formal como dicen
que ha estado en sus últimas actuaciones, no encontró mejor ocasión posible que
dar rienda suelta a la más meteórica de sus versiones que, como en él suele ser
habitual, vino acompañada de toda clase de subterfugios escénicos de cara al
personal más fácil de cautivar, sobre todo con el cuarto toro, y dicho sea en
los términos más suaves que uno sea capaz de utilizar al respecto. El solo
hecho de estar delante de estos toros y, encima, poniendo cara de encontrarse
feliz y dispuesto, es tan motivo de elogio como de evitar más censuras.
Cesar Jiménez, por su parte, anduvo heroico
aunque como, casi siempre, tanto valor y disposición las envolvió en el
transparente celofán de su estilo y manera de comportarse en la plaza. Sobre
todo con el segundo toro con el que anduvo muy por encima de su terrible
condición. Con el quinto, de principio le salieron bien las cosas en su
conocida formula de empezar la faena citando de rodillas desde los medios. Se
animó así el torero y se animó también la parroquia, pero enseguida se vino el
toro abajo y, aunque Cesar consiguió pegar algún muletazo suelto con buena
factura, no pudo lograr continuidad y menos redondez a tanto empeño. Y menos
mal que lo mató fenomenal.
Respecto a Miguel Ángel Perera,
anduvo en el inequívoco tono de valiente sin tacha que de él siempre se espera
y a fe que lo tuvo aún a costa de sufrir varios amagos de cogida. Algo torpe
por ingenuo y demasiado confiado con el tercero que hasta le desbordó y desarmó
repetidamente aunque, también a la hora de matar, anduvo hecho un jabato. Como
asimismo en su estocada al sexto que fue un barrabás de creciente peligro con
el que Perera volvió a jugársela sin cuento aún
después de sufrir serísimas y preocupantes coladas. ¡Qué le vamos a hacer, muchachos¡ Otra vez será.