CORRIDAS GENERALES DE BILBAO
José Antonio del Moral
BUENAS AUNQUE PINCHADAS FAENAS DE "EL JULI" Y DE CASTELLA
Y MUY NOBLE CORRIDA DE "ALCURRUCÉN" EN LA QUE EL MEJOR LOTE SE LO LLEVÓ EL MADILEÑO QUE, DE NO HABER PINCHADO, PODRÍA HABER CORTADO UN PAR DE OREJAS. OTRA PERDIÓ EL FRANCÉS DE SU PRIMER TORO ASIMISMO POR PINCHAR, MIENTRAS A "EL CID" SE LE VIO BAJO DE FONDO Y DE FORMA CON LAS DOS RESES MENOS PROPICIAS
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 26 de agosto de 2005. Sétima de feria. Tarde fresca y algo nublada con más de tres cuartos de entrada. Seis toros de "Alcurrucén" lujosamente presentados y en su mayoría nobles en distintos grados de fuerza y de casta, destancando por mas completos primero, tercero y cuarto. Asimismo noble aunque con menos clase que sus mejores hermanos el segundo, mientras que quinto y sexto se vinieron abajo por bastante más débiles. "El Juli" (amapola y oro): Estocada caída y cuatro descabellos, gran ovación. Pinchazo, otro hondo y descabello, vuelta al ruedo. "El Cid" (grana y oro): Estocada trasera tendida y descabello, palmas con saludos. Tres pinchazos y tres descabellos, silencio. Sebastián Castella (turquesa fuerte y oro con remates negros): Pinchazo arriba y media desprendida, gran ovación. Estocada, ovación.
Mucho morbo creado y recreado sobre la séptima corrida a cuenta del muy apetecible envío de "Alcurrucén", precisamente elegido desde hacía tiempo por la belleza de sus hechuras conforme a lo más característico de la ascendencia "Rincón", propia de la mítica y ya histórica vacada que fundara don Carlos Nuñez. No podían fallar según la versión de los que los habían visto en el campo. Y, a la postre, no fallaron aunque algunos pecaran de salgo sosos. Como no podía ser de otra manera, cuando varias reses de esta misma ganadería propiciaron el triunfo de Cesar Rincón y de "El Cid" el pasado San Isidro, tanto "El Juli" como Ponce pidieron la corrida que los Lozano tenían preparada para Bilbao. No hubo manera de conseguirla. La exigieron los vencedores de aquella feria y hubo que respetarles porque nada más terminar el ciclo, a Rincón y, sobre todo, a "El Cid" no había quien osara molestarles. Pero como tantas veces ocurre en la vida y más en el toreo, las situaciones cambian y dan vueltas imprevistas. De tal modo, Rincón tuvo que tirar la toalla a raíz de las graves lesiones que sufrió el pasado julio en Valencia y "El Cid" llegó a su primera cita bilbaína con bastante brío que cuando parecía intratable tras sus salidas a hombros en Sevilla y en Madrid. Así las cosas, del cartel original quedaron "El Cid" y un cada día más importante Sebastián Castella mientras el hueco fue llenado muy cara y merecidamente por "El Juli" quien, en gesto que le honra, decidió dar la batalla a los dos toreros más recientemente encopetados del actual escalafón.
No pudo empezar mejor la cosa. Estupenda faena de "El Juli" con el primer toro – excelente ejemplar – que toreó sobrado y a placer. Ya estaba la oreja en el bolsillo de "El Juli". Hasta se especuló con que el presidente podría darle dos después de la cariñosa aunque temible regañina que don Matías había recibido del Alcalde tras los postres del almuerzo que acababa de celebrarse en el espléndido comedor de la Vista Alegre, poniendo al polémico presidente a los pies de los caballos delante de la mayoría de la prensa especializada. No hubo ocasión de rectificar. Tres golpes con el descabello de "El Juli" tras un eficaz espadazo dejaron el ansiado premio en fortísima ovación.
Desdibujado y tenso aunque correcto y hasta ésta vez muy pronto al matar "El Cid" con el siguiente toro, enseguida mostró que no estaba para guerrear con nadie, por lo que quien tuvo que responder a "El Juli" con el tercer toro fue Sebastián Castella, recién llegado de cuajar una tarde memorable en Almería. Y otra vez la plaza incendiada en ovaciones y sentidos olés con los primorosos lances a pies juntos del quite de Castella, réplica por gaoneras muy apretadas de "El Juli" en su turno – señal de que el pique ya estaba servido – y otra fenomenal faena a cargo del espada francés en su cumplido deseo de decir un aquí estoy yo a tono con la categoría de tan impar escenario. Definiríamos la faena de Castella con pocas palabras: aplastante seguridad en sí mismo frente al quizá mejor y más bravo toro de la corrida como bien mostró el animal resistiéndose a doblar en hermosa agonía tras escaparse la segunda oreja de la tarde. Otra oreja que parecía inevitable y, desde luego, más que merecida hasta que Castella pinchó repetidamente en un inoportuno adiós a las armas compensado con otra ovación atronadora. ¿Sería en la segunda parte?.
A poco estuvo porque con el cuarto, "El Juli" anduvo aún más sobrado por más fácil que en el anterior. Lección de profesor en la universidad más cara del toreo. Pura delicia por la sensación que dio Julián de estar tan rematadamente a gusto con el toro aún en la máxima y más angustiosa cercanía. Pero de nuevo falló con los aceros y como la gente había disfrutado tanto o más que "El Juli" mientras duró su exposición, el matador terminó su feria dando una feliz vuelta al redondel que debió saberle a rosas.
Lo muy flojo del también noble quinto - que debió ser devuelto - y el toreo periférico y frío de "El Cid" que, además, falló estrepitosamente con la espada, volvieron a dejar la segunda respuesta a Sebastián Castella. Respuesta que dio sin tanta claridad de ideas ni tanto temple como en su anterior faena por puntearle el sexto toro y quedarse demasiado corto en varias ocasiones. Trasteo otra vez valiente pero desigual en limpieza y a menos en brillo que terminó con estocada y empate entre el general desencanto porque la ocasión se había perdido pese a la facilidad que dieron cuatro de los seis preciosos toros de "Alcurrucén". El morbo acumulado desapareció como por encanto y todo el mundo a casa.