CORRIDAS GENERALES DE BILBAO
José Antonio del Moral
CASI TODO MAL MENOS EL ENTRADÓN
INFUMABLE CORRIDA DE "PUERTO DE SAN LORENZO", ZARRAPASTROSO EMPACHO DE PADILLA QUE A POCO TRIUNFA TRAS ATENTAR GRÁVEMENTE CONTRA EL ARTE DE TOREAR, FATAL RIVERA ORDOÑEZ, SOLO BIEN "EL JULI" CON DOS INVÁLIDOS QUE NO PUDO SOSTENER EN PIE Y LLENO DE NO HAY BILLETES ENTRE LOS ABONADOS Y LOS MILES DE ADVENEDIZOS QUE APLAUDIERON TODO
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 24 de agosto de 2005. Quinta de feria. Tarde excelente con lleno de no hay billetes. Cinco toros de "Puerto de San Lorenzo" incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto improcedentemente tras ser masacrado en varas. Bien aunque desigualmente presentados entre los más agradables y los sobrepesados. Por devolución del muy flojo tercero, un segundo sobrero de Rivera de Campo Cerrado, serio y noble aunque muy flojo. Los demás dieron muy deslucido juego. Unos por sus medias o nulas arrancadas y otros por demasiado flojos como el sexto. Juan José Padilla (ferroviario y azabache con golpes dorados y cabos esmeralda): Estoconazo desprendido, ovación. Estocada muy trasera desprendida, petición insuficiente y vuelta seguida de división de opiniones al palco por no conceder el trofeo. Rivera Ordóñez (lirio y oro): Estocada, silencio tras amago de bronca. Cinco pinchazos y estocada, aviso y silencio. "El Juli" (nazareno y oro): Estocada trasera, gran ovación. Pinchazo, media y descabello, palmas.
Anteayer dijimos que si Ponce hubiera visto los tres magníficos toros de "Torrestrella" que les tocaron a su sustituto Juan José Padilla y a "El Fandi" se habría tirado de los pelos. Muy al contrario, ayer se habría alegrado de no estar en Bilbao y no solo por lo mala que salió la corrida de "Puerto de San Lorenzo". De haber presenciado el atentado que Padilla cometió contra el arte de torear en su zarrapastrosa faena o lo que fuera aquello con el cuarto toro, le habría entrado un patatús. Porque no se puede perder la compostura ni el sentido de lo que se ha dado en llamar "torería" en mayor medida de la que el jerezano derrochó encantado de haberse conocido, supongo que llevado de su irrefrenable deseo de cortar oreja como fuera o como fuese. Si en la crónica anterior respetamos y hasta alabamos su actuación con los dos toros de Álvaro Domecq, en ésta no podemos hacer otra cosa que rasgarnos las vestiduras dialécticamente hablando aún a sabiendas de que no servirá de nada. Y es que han sido tantos y tan desmesurados los elogios que se le han dedicado a Padilla en los últimos días a raíz de haber indultado un toro de Victorino en San Sebastián y de su triunfo más reciente en Bilbao, que debe haberse creído que a él le vale igual ocho que ochenta.
Ya en su muy celebrada ocasión de anteayer hizo cosas que no deben tolerarse a ningún torero como fue ponerse a charlar y a intercambiar gestos y risas con los espectadores mientras se lidiaban los toros de sus compañeros. Pero enfrascarse en trapazos de rodillas o en pie haciendo ostentación de destoreo como si fuera pura quintaesencia, no es de recibo por mucho que se lo aplaudieran los incautos que acababan de leer como se le proclamaba Lendakary o torero gigantesco. Dejemos las cosas en su lugar y en la medida que corresponden no sea que la plaza de Bilbao termine como la de cualquier coso de carros, carretas y carretones. En casi el mismo plan con el primero aunque más comedido, Padilla inició una corrida en la que casi nada bueno ocurrió salvo el entradón que cubrió las gradas al completo.
Porque, ¿qué decir del otro sustituto que tuvimos que tragarnos en vez de del lesionado Rincón, el señor Rivera Ordóñez?. Pues que comprendiendo su mala suerte, no se puede llevar años sin venir a Bilbao y cuando le llaman lo haga dejando u ordenando que su picador matara a su primer toro en dos puyazos intolerables por muy malo que le pareciera iba a ser. Mal hizo la presidencia en cambiar al toro cuando se cayó porque su invalidez no fue natural sino provocada. No contentos con ello y a pesar de la bronca, lo mismo sucedió con el sobrero al que también le mataron en varas a Rivera. Lo más curioso fue, sin embargo, que tras un leve amago de bronca, la gente guardó un piadoso silencio una vez rematado el moribundo con la espada. Y como el quinto salió molido de antemano y no hubo ocasión de hacer nada para bien, Rivera se eternizó con el estoque. ¡Toda una sustitución de lujo, sí señor, y que venga Dios y lo vea de cara al próximo año!.
Respecto al único superviviente de la terna, don Julián López "El Juli", decir que fue quien medio se salvó de la quema porque aún si poder triunfar, lo intentó con la sabiduría, el temple y la compostura propias de una figura del toreo sin necesidad de recurrir a ningún otro subterfugio que tratar de llevar a los toros sin que se cayeran. Desgraciadamente, ambas reses perdieron las manos varias veces. Veremos qué le depara a "El Juli"la corrida de esta tarde.