José Antonio del Moral

CORRIDAS GENERALES DE BILBAO

 

EDUARDO GALLO LEVANTA OTRA TARDE BAJO MÍNIMOS FRENTE AL ÚNICO JANDILLA CON CLASE

 

Fue el sexto de una corrida tan bien presentada como deslucida aunque también el segundo toro se dejó sin mayores estímulos. Juan Bautista le cortó una oreja que no tuvo nada que ver con la bastante más merecida que concedieron al salmantino. Ambos anduvieron con ganas aunque en tono menor con sus otros dos toros, mientras El Juli, que se llevó el peor lote con un cuarto muy enrevesado y gazapón, protagonizó su actuación más negra de la presente temporada.

 

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 22 de agosto de 2007. Quinta de feria. Tarde fría, ventosa, con chubascos intermitentes y más de tres cuartos de entrada. Siete toros de Jandilla incluido el sobrero que reemplazó al quinto, devuelto por derrengado. Muy bien aunque desigualmente presentados. Salvo el noblote y encastadito segundo y el aún mejor sexto que además embistió con clase, muy deslucidos por faltos de fuerza y de raza. El más débil – tanto o más que el devuelto - fue precisamente el sobrero. Y los peores, el que abrió plaza por corto de viajes a la defensiva y el cuarto que no cesó de andar ni de acometer sin fijeza, incierto y sin ninguna formalidad. El Juli (encarnado y oro): Estocada trasera perdiendo la muleta y saliendo perseguido aunque inmediatamente fulminado, ovación. Media de parecida guisa y tres descabellos, aviso y silencio. Juan Bautista Jalabert (plomo y oro): Estocada caída, oreja tras petición ruidosa que no mayoritaria. Estocada caída, aviso y palmas. Eduardo Gallo (salmón y oro): Pinchazo y estocada, palmas. Casi entera desprendida, oreja.

 

Tras el prolongado chubasco que precedió al inicio del festejo, muy seguro debió sentirse El Juli cuando, una vez inspeccionar el encharcado ruedo junto al empresario y el presidente, decidieron tirar para delante con la corrida mientras los empleados medio arreglaban el piso echando arena sobre los terrenos más mojados. Pero ni desde los peores augurios podíamos imaginar que El Juli tendría pésima suerte con su lote y, aún menos, que anduviera tan insolvente con los dos toros que le correspondieron, sobremanera con el cuarto al que no logró someter aunque en el arranque de la brindada faena pareció que todo sería coser y cantar.

 

Muy andarín, incierto e informal este cuarto toro, El Juli anduvo queriendo mucho e increíblemente no pudiendo durante el demasiado tiempo que empleó, sin duda en la creencia de que más pronto que tarde acabaría por sojuzgar a su oponente. Cada vez más gazapón y a peor el animal, Julián recorrió gran parte del anillo para poder entrarlo a matar, cosa que al menos consiguió de media estocada aunque tuvo que descabellar tres veces. A tan insólita escena, le había precedido otra labor de encomiable mérito aunque en su mayor parte sucia y en nada brillante salvo la esperanzadora larga cambiada de rodillas con que recibió al toro que abrió plaza. Hasta El Juli salió de la plaza sorprendido consigo mismo. Y es que, como dice el refrán, una mala tarde la tiene cualquiera.

 

Hasta la salida del último toro, la corrida bajo mínimos por mal clima y decepcionante juego, como la anterior, no deparó mayor interés que la fácil y limpia aunque vulgar faena de Juan Bautista con el simplemente noble segundo. Coronada con estocada caída, sorprendió que la gente – no todos – pidieran la oreja y más que la concediera la presidencia de Vista Alegre, que este año por lo que llevamos visto parece más condescendiente que nunca a la hora de ordenar a la banda que toque y en la concesión de trofeos. Cuestión ayer peliaguda porque cuando Eduardo Gallo terminó de buena estocada casi entera con el sexto toro al que de menos a muy más supo aprovechar notablemente templado y firme la gran clase que tuvo, solo accedió el presidente a conceder un apéndice, sin duda merecido aunque si comparamos la faena de Gallo con la de el francés una oreja y otra no tuvieron nada que ver.

 

Tanto Juan Bautista como Eduardo Gallo se mostraron sueltos aunque sin conseguir nada que merezca la pena destacar frente a sus otros dos toros – asimismo mediocres – pero de nuevo debemos celebrar la recuperación profesional de Eduardo Gallo a quien ya vimos muy bien en Santander y ayer otra vez con ese sexto que le cupo en suerte. Abramos, pues, nuevo crédito al salmantino tras varios años dilapidando excelentes oportunidades.