José Antonio del Moral

CORRIDAS GENERALES EN BILBAO

PONCE MUY POR ENCIMA DEL MAL, EL CID POR DEBAJO DEL BIEN Y ESTRELLADO UN SERIO MANZANARES

Salvo el manejable segundo y, sobre todo, el buen quinto toro que desperdició El Cid, defraudó la fea y mansurrona corrida de Alcurrucén a tono con las en gran parte deslucidas camadas de los últimos dos años. Tan solo Ponce logró que la gente se ilusionara cuando, magistralmente y con mayor mérito que en su anterior actuación, metió increíblemente en la muleta a sus dos toros que parecieron no tener un pase y terminaron embistiendo. El cuarto, como si fuera excelente. No cortó nada el valenciano por fallar a espadas, pero le obligaron a saludar tras el paseíllo y a dar una clamorosa vuelta al ruedo tras el arrastre de su segundo toro. Manzanares, serio aunque prudente, naufragó con las dos reses más paradas de sus antiguos apoderados.

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 25 de agosto de 2006. Tarde medio nublada con rachas de viento y casi lleno. Seis toros de Alcurrucén, bien aunque desigualmente presentados y en general tan mansos como deslucidos por su escasa raza y su tardanza en medio embestir sin humillar ni andar para adelante. Tan solo el quinto, muy noble aunque a menos, salvó el honor de la ganadería. Enrique Ponce (verde imperial y oro): Media tendida y tres descabellos, ovación. Estocada trasera caída y descabello, petición y vuelta al ruedo clamorosa seguida de bronca a la presidencia. El Cid (añil y oro): Estocada trasera, palmas. Estocada trasera, leve petición y ovación. José María Manzanares (amapola y oro): Pinchazo hondo, buena estocada y dos descabellos, silencio. Pinchazo y estocada, silencio. Bien como siempre en la brega Mariano de la Viña. Y en palos, los hermanos Tejero y Alcalareño. Ponce fue obligado a saludar una vez terminado el paseíllo.

¿Fue la de ayer la última tarde de Enrique Ponce en Bilbao?. Podría haberlo sido si atendemos a algunos gestos del gran torero cuando finalizó su actuación mientras duraba la vuelta al ruedo que dio complacido, reverencioso y feliz tras matar a su segundo toro. No lo había matado bien y tuvo que descabellar pero su faena había sido aún más meritoria que la genial del día anterior desde la otra dimensión que atesora el valenciano, la del poder transustancial frente a reses que, en apariencia imposibles, terminan embistiendo como si fueran buenas y hasta excelentes.

Ponce lo había conseguido en menor medida con el colorao girón que abrió plaza que mató peor, y algunos críticos que se sientan junto a mí en Vista Alegre - casi todos - dijeron que esta faena había sido aún mejor que la de anteayer. Hombre, respondí, según y como. Porque por imborrable en su composición, sin duda alguna la del toro de Zalduendo pese a ser calificada displicentemente con el término de preciosista por unos o mal apreciada por otros, sin duda contrariados por el menor protagonismo de El Juli en la misma corrida. ¿No?. Pero es que como la de ayer frente al cuarto de Alcurrucén le hemos visto a Ponce centenares que, los mismos que ahora las cantan, antes las despreciaban olímpicamente, se quedaban tan frescos y ahí están las hemerotecas para demostrarlo.

La infinita paciencia de Ponce, sus pocas prisas, su sabiduría en saber sobar sin molestar y dulcemente así, así, así a los toros ariscos o remolones hasta que, poquito a poco les va metiendo en la muleta sin dejársela enganchar y ganándoles o, según convenga, perdiéndoles un preciso paso tras cada pase con el engaño siempre puesto por delante; eso que cuando lo hace Ponce parece que no es pero vale millones sin que se enteren los malos aficionados entre los que están no pocos críticos, muchos aficionados que se creen entendidos y hasta el presidente don Matías - ayer se negó cerrilmente a que la magnífica banda de música de Bilbao amenizara esta posiblemente última faena de Ponce en Vista Alegre, víctima de su proverbial encastillamiento y de su desgraciadísimo mal gusto - logró el milagro tantas veces repetido por el valenciano de transformar el agua en vino de alta marca y grado.

Vino que Ponce se bebió con la mano derecha rotundo, hondo, redondo, colosal de medio trasteo en adelante mientras la mayoría del público volvió a manifestar su encantamiento con el gran torero al que ya había homenajeado con una ovación impresionante después de terminado del paseíllo en recuerdo de su tarde anterior. Como en la pasada feria de Sevilla y qué curioso que así haya sucedido en las dos plazas más señeras e importantes de España. Aunque en la de Bilbao sigan acomodándose 14.800 imbéciles y 200 listos.

Una vez más quedó demostrado que el toreo debe ser de menor a mayor entidad e intensidad porque la mayoría de los toros que ahora se lidian así lo requieren y los de ayer más porque la corrida de Alcurrucén fue un petardo aunque algunos toros portaron bondad muy escondida. Atacar de entrada suele deparar la pronta ruina de las embestidas y, de tal manera, muchas faenas que se inician gloriosas terminan en nada o en simplistas buenas intenciones enseguida descoloridas, aburridas, decepcionantes.

Que fue lo que le pasó a El Cid con sus dos toros. Sobre todo y muy lamentablemente con el quinto, el único explícitamente bueno de la tarde al que empezó toreándolo bien a la verónica, por excelentes redondos en la faena y terminó perdido y decadente entre la indiferencia del personal que, no obstante, le obligó a saludar en el tercio cuando el torero se limitaba a hacerlo desde el callejón, triste y derrotado como, sin duda, debió sentirse. Porque el caso es que quiera o no reconocerlo el propio torero, su ánimo más íntimo y su valor ante los toros andan muy debilitados y, en consecuencia, su cabeza no le funciona como antes.

No quiero hoy hacer bromas a propósito de la inconsistente actuación de El Cid por respeto a la bondad de su persona y a lo mucho que debió sufrir mientras decaía irremisiblemente su reconozcámoslo breve estrellato que en esta plaza tan determinante fue logrado con tanto mérito y esfuerzos como en todas y ahora lo viene perdiendo de hito en hito con lo que ello supone en previsibles revisiones de presencia en carteles de fuste y en términos contractuales de inferior valía de los que aún goza. Lo siento muy de veras. Porque si al mismísimo Juli le han querido rebajar los humos varias empresas, imagínense al de Salteras si pretendiera sostenerlos…

Respecto al joven Manzanares, que se estrelló frente a sus dos marmolillos aunque, sobre todo con el tercero, evidenció seriedad de concepto y expuso pasándose de tiempo en el empeño sin lograr que la gente se le entregara porque tampoco el toro rompió a mejor. Los que le hemos visto triunfar clamorosamente en varias plazas este mismo año, no desesperamos. Los que no, le negaron reconocimiento. Tiempo al tiempo para todos.