CLAUSURA EN BAYONA
José Antonio del Moral
JE SUIS DESOLÉ
PESE A LA OREJA QUE CORTÓ "EL CID" DEL CUARTO TORO Y A LA QUE LOGRÓ MIGUEL ÁNGEL PERERA DEL TERCERO, LA GRAN CORRIDA DE "VALDEFRESNO" ESTUVO MUY POR ENCIMA DE LOS ACTUANTES. ESTA VEZ SÍ QUE SE ECHÓ DE MENOS AL AUSENTE ENRIQUE PONCE. NO DIGAMOS CUANDO ENTRÓ EN TURNO DENIS LORÉ, SU MUY BARATO Y HUMILDE SUSTITUTO
Plaza de toros de Bayona (Francia). 3 de septiembre de 2005. Segunda de feria. Tarde en principio muy calurosa y progresivamente nublada y fresca con tres cuartos de entrada. Seis toros de "Valdefresno", bien aunque desigualmente presentados y algunos muy armados. Todos nobles en distintos grados de bravura, de casta y de fuerza. Por más completo, destacó el segundo, un toro realmente extraordinario. También fue muy noble el quinto pese a mansear de salida. Denis Loré (marfil y oro): Dos pinchazos y buena estocada, ovación. Dos pinchazos y estocada, aviso y palmas. "El Cid" (oliva y oro): Dos pinchazos, estocada saliendo rebotado hasta caerse y estocada caída, ovación. Estoconazo, oreja. Miguel Ángel Perera (blanco y oro): Buena estocada entrando muy derecho, oreja. Pinchazo y estocada, palmas.
La segunda sustitución de Ponce en Bayona por Denis Loré se comenta con una sola palabra: Increíble. Aunque para Francia, lógica, el muy cariñoso paisanaje tapó todos los inconvenientes hasta el punto de que el señor Loré fue muy ovacionado pese a sus caóticas actuaciones frente a sendos toros más que manejables que en otras manos hubieran dado bastante mejor juego. El primero iba clarísimamente por el lado derecho y Loré se emperró por el izquierdo. Y al cuatro, que valía por los dos, fue tan irregular en acoplarse que su faena pareció un dislate. Y, además, mal con la espada. En fin, que no podía ser de otra manera porque lo que no puede ser no puede ser y, además, era imposible.
Pero lo peor no fue lo de Denis Loré. Lo peor, lo que nos dejó un tanto preocupados fue ver como a "El Cid" se le escapaba una tarde que él mismo en mejor momento la hubiera traducido en triunfo redondo porque los dos toros que le cayeron en suerte fueron realmente estupendos, sobre todo el segundo que fue de campeonato por hechuras y juego completo. Ya venimos observando y advirtiendo desde hace tiempo que "El Cid" no está soportando bien ni como todos quisiéramos el privilegiado lugar que consiguió al principio de la temporada y, por lo tanto, tampoco le vemos acorde con lo que a una figura se le debe exigir. Y ello incluso pese a que los públicos continúan apoyándole incondicionalmente conforme al estado de gracia que proporcionan los grandes triunfos cuando se consiguen consecutivamente en Sevilla y en Madrid. Pero nuestra obligación es contar lo que sucede en las plazas aislados de cualquier situación que no sea ver como son los toros y qué les hacen los toreros en función del juego que dan los animales.
Pues bien, de la faena de "El Cid" con el extraordinario segundo toro de "Valdefresno" solo dos tandas con la derecha y una postrera con la zurda alcanzaron la misma excelencia que presentó el burel. El desigual trasteo no tuvo buen inicio por sucio ni tampoco buen final por lo mismo en dos circulares enganchadísimos. Y para colmo, los pinchazos. Menos mal que, después, una estocada contundente y efectiva tapó parecidas carencias a las descritas con el quinto, razón de la oreja que salvó a "El Cid" de cara al con él muy amable público pero no del juicio de la profesión, allí presente, que le condenó ipso facto tanto en comentarios in- situ como por la telefonía móvil que, por cierto, es desde que tal medio existe, la más fidedigna y cruel – o benéfica – arma difusora del toreo. Ojeroso, palidísimo, cansado, cariacontecido y horrible gesticulante en las salidas de cada uno de sus esfuerzos, "El Cid" pareció un muy feo remedo de sí mismo.
En cuanto a Miguel Ángel Perera, tan valiente como suele, decir que le salvó su entregada manera de entrar a matar al tercero. Toro que entendió demasiado tarde cuando, tras eternizarse en pases y más pases vulgares a derechas, descubrió que por donde iba bien su enemigo era por el pitón izquierdo. Nunca es tarde si la dicha llega. Pero hay que andar más despiertos. Y pluralizo porque Perera es de los que llevan completo equipo incorporado además de la cuadrilla… Casi lo mismo con el más soso sexto aunque las partes buenas y las menos buenas de su larga y espesa faena se mezclaron a lo ancho de su hacer y terminaron con un feo pinchazo antes de enterrar el acero en lo alto. Perera es como es – tan soso como una endivia sin roquefort – y no parece que pueda ser de otra manera. De tal modo, cuando su incuestionable valor traduce sus hechos idubitablemente (Bono dixit) limpio en su más honda entrega, la formula le vale. Pero si a la sosería del matador se añade la del toro, no hay sal ni pimienta suficientes para compensarlo porque, además, el interesado carece de salero y de picante. Total, que el chico no termina de romper como todos queremos que rompa.
En definitiva, que hay tardes como la descrita en la que terminamos desolados. Una corrida digna de mejor tratamiento porque no fue convenientemente lidiada, ni bien o suficientemente toreada. Y como así lo siento, lo repito en francés: "Je suis desolé".