TEMPORADA 2005
José Antonio del Moral
CASTELLA METE BAYONA EN SU BOLSILLO
TRAS UNA GRAN FAENA, LE CORTÓ LAS DOS OREJAS AL QUINTO TORO DE "ALCURRUCÉN", PUDO CORTAR OTRA DEL SEGUNDO SI LO HUBIERA MATADO A LA PRIMERA Y SALIÓ A HOMBROS COMO ÚNICO TRIUNFADOR DE UNA DESIGUAL CORRIDA EN LA QUE "EL CID" VOLVIÓ A MOSTRARSE BAJO DE FORMA Y SALVADOR VEGA BAJO DE FONDO A MÁS DE MUY IMPRECISO CON LA ESPADA
Plaza de toros de Bayona (Francia). 14 de agosto de 2005. Primera de feria. Tarde agradable con tres cuartos de entrada. Seis toros de "Alcurrucén" muy bien aunque desigualmente presentados y de juego diverso, destacando por mejores primero, segundo y quinto que fue el más completo. El resto, más deslucidos, presentaron salvables dificultades. "El Cid" (palo de rosa y oro): Tres pinchazos y descabello, palmas. Bajonazo, silencio tras ser pitado por la mala estocada. Sebastián Castella (malva y oro): Pinchazo y estocada, gran ovación. Estocada desprendida, dos orejas. Salió a hombros. Salvador Vega (palo de rosa y oro): Pinchazo hondo, otros tres pinchazos y dos descabellos, división de opiniones. Tres pinchazos, media estocada y tres descabellos, aviso y pitos.
Paso a paso, pase a pase, plaza a plaza y una tarde tras otra a pesar de cornadas y percances como el último de hace solo tres días en Beziers donde recibió un profundo puntazo en el glúteo sin que la herida le impidiera seguir en el ruedo hasta cortar tres orejas, ayer le tocó el turno en otro escenario, uno de los tres más importantes de Francia, quizá el más serio e imperial de Bayona. También aquí sumó Sebastián Castella un triunfo más en esta campaña de afianzamiento que lleva protagonizando contra viento y marea en pos de ese puesto de figura que ya toca con las yemas de los dedos. Si en sus últimas actuaciones salió en triunfador incontestable nada menos que junto a Enrique Ponce - la máxima estrella que jamás dejó a nadie que le pisara los talones -, ayer fue con "El Cid", el torero más recientemente en boga, y con Salvador Vega, uno de los que al año pasado más cerca anduvo de alcanzar lo que todos ansían, figurar en los mejores carteles de las ferias con las ganaderías más apetecibles y junto a los más grandes. Pero como tanto "El Cid", última e insospechadamente sin el sitio ni la ilusión que le auparon hasta lo más alto en el primer tramo de la temporada, como Salvador Vega, no del todo dispuesto a dar los pasos que le faltan para que su toreo además de bonito sea contundente, Castella no solo les pegó un baño oceánico sino que logró convencer al mas serio y exigente público de su país natal, donde todavía quedan muchos supuestos entendidos que, inexplicablemente, le niegan o aconsejan bajo cuerda para que otros menos duchos en la materia taúrica, duden.
Y es que tantos y tan repetidos éxitos están dejando en muy mal lugar a los detractores franceses de Castella ante los que, a estas alturas de la temporada 2005, solo cabe afirmar que o son malos, o idiotas, o las dos cosas a la vez que eso fue exactamente lo que dije ante las cámaras del canal de la televisión francesa que está siguiendo al torero por todas las plazas donde actúa y ayer filmaban desde el callejón de la plaza de Bayona.
Imponente y muy armada la corrida de "Alcurrucén", deparó un toro bueno para "El Cid", el que abrió plaza, otro segundo también muy manejable aunque se vino abajo de media faena en adelante, y el más completo quinto. Estos dos últimos para Castella. "El Cid" no acabó de estar a gusto ni entregado con el primero reseñado del que, sin embargo, habría cortado una oreja si lo hubiera matado bien. Y Castella, siempre ganando el imprescindible paso o acción a sus dos toros, decidido y entregado, firme, templado e inspirado, cuajó a los dos desde el punto de vista de las formas y del fondo aunque no en cuanto a la estrategia que debió aplicar en ambos casos, pues a su primer toro lo pasó de faena tras exprimirlo en una segunda parte estando prácticamente parado el animal, mientras que al quinto le entendió a las mil maravillas al dejarle respirar y reponerse tras cada tanda y cortando a tiempo el trasteo, causa por la que Sebastián lo mató como requería su gran faena para ser merecedora de dos orejas que le abrieron la puerta de la gloria.
Respecto a lo negativo, decir que ni los otros tres toros fueron lo mismo que los descritos, ni que "El Cid" anduvo bien con el cuarto – siempre desde las afueras no se puede pretender que la gente trague porque aquí saben o intuyen más que en la mayoría de las plazas españolas -, ni que Vega llegó a convencer como creyó al recetar pases y pases desde la periferia aunque algunos tuvieran la traza y el donaire que le son propios de su bello estilo. Eso sin contar sus garrafales fallos con los aceros que enfadaron a la gente hasta pitarle en desagradable abundancia, por lo que el malagueño salió escaldado.