José Antonio del Moral

CLAUSURA EN BAYONA

 

DESENCANTO FINAL PESE A LA OREJA QUE CORTARON EL JULI Y GALLO

 

La muy escasa aunque bonita presencia y el pobre juego de las reses de Garcigrande enfriaron el gran ambiente con que se inició el tercer y último festejo. Pero más aún se enfrió y hasta se enfadó el público por lo mucho que pinchó Sebastián Castella que habría cortado oreja con fuerza del noble aunque muy remiso segundo toro. Lo mismo que Julián López del complicado cuarto con el que anduvo en maestro. Gallo, que tuvo el lote más potable, también perdió el trofeo que nadie le hubiera discutido si hubiera matado bien al tercero, el mejor del envío.

 

Plaza de toros de Bayona (Francia). 2 de septiembre de 2007. Tercera y última de feria. Tarde agradable con lleno absoluto. Seis toros de Garcigrande, terciados y algunos de bonitas hechuras aunque en su mayoría pobres de cabeza, sobre todo el sexto que apenas tenía pitones. Salvo el tercero, que mantuvo su docilidad hasta morir, muy descastados y escasos de fuerza. Sosísimo el primero, noble aunque a menos y remiso el segundo, enrevesado el cuarto que fue el peor, sin fuerza alguna el quinto y manso aunque finalmente noble el sexto. El Juli (encarnado y oro): Buena estocada, oreja. Pinchazo, estocada casi entera caída y dos desacabellos, palmas. Sebastián Castella (negro y oro): Ocho pinchazos y dos descabello, dos avisos y silencio. Cinco pinchazos y tres descabellos, pitos. Eduardo Gallo (aceite de oliva y oro): Pinchazo, envainada que hizo guardia y descabello, ovación. Estocada, oreja algo protestada. Bien en la brega Alejandro Escobar y, en pares sueltos, también Escobar, Curro Molina y José Antonio Carretero.

 

La enorme diferencia en cuanto a presencia entre la descomunal corrida anterior y la de Garcigrande pesó lo suyo en el desánimo de los espectadores que, no obstante, si por las justas y bonitas hechuras de varios toros hubieran respondido en juego, el cambio de decoración tan radical no se hubiera notado tanto. Pese a ello, tanto la magistral faena de El Juli con el muy complicado y de extrañas reacciones cuarto, como Sebastián Castella con el segundo al que toreó a la verónica magníficamente y de muleta con exquisito ajuste y notabilísimo temple, la gente hubiera abandonado la plaza bastante más feliz de lo que salió. Pues no bastaron para compensar el fiasco ni la oreja que cortó la primera figura del primero aunque anduvo muy por encima de sus vulgares condiciones y además lo mató bien, ni la que le regalaron a Eduardo Gallo del por todo ínfimo manso que cerró la tarde.

 

Para no ponernos demasiado pesimistas ni tan ácidos cada vez que me toca juzgar la negra y que tanto disgusta, justo es reflejar con más detalle lo bueno que vimos a cago de los ayer tres pinchauvas. Dentro de lo que cabía esperar ante semejante ganado, merece la pena recordar los lances de recibo de Castella al segundo en los que llevó la verónica hecha antes de que el toro le entrara en jurisdicción – yo solo se lo había visto hacer técnicamente a Antonio Ordóñez – razón que explica la dulzura de la difícil y a la vez hermosa suerte a la que, en esta ocasión, solo faltó que el toro siguiera embistiendo como lo hizo al iniciar los viajes. Y es que al final ni siguió los engaños como los había comenzado, defecto que fue acrecentándose en la faena de muleta, ni acudió presto sino muy remiso a los cites del torero y de ahí el mérito que tuvo Sebastián al templar desde tan cerca y tan quieto como se puso, sobre todo en el tramo final de la obra. El desastre que llegó luego con la espada lo echó todo a perder, pero la gente esperó a ver cómo mataba al quinto. Muy flojo este toro, a la irrelevancia del trasteo que le intentó Castella, se añadió un nuevo petardo con la espada y la gente se hartó reconviniéndole con pitos.

 

Eficaz y preciso como casi siempre El Juli con su sabio capote, su faena al cuarto fue técnicamente un prodigio de sitio y de capacidad porque primero con la derecha pareció imposible conseguir nada porque de entrada intentó tratar al toro con suavidad y el bicho le respondió con violencia; luego le metió sobrado y abundantemente en cintura con la izquierda hasta que el animal empezó a protestar y, finalmente, otra vez con la derecha se empeño el madrileño hasta conseguirlo. Fue la faena importante de la tarde pero también Julián falló al entrar a matar.

 

Como asimismo Eduardo Gallo tras cuajar una bonita y dulce faena al segundo que fue el mejor toro de la corrida. Gallo ratificó otra vez más que ya es capaz de aprovechar los buenos toros aunque alguien le debería aconsejar que no grite tanto mientras torea. Y es que no para. El silencio de los tendidos de Bayona delató el gorgojeo del salmantino como, por cierto, también los gritos de los peones y asistencias de cada matador con esos repetidos “bieeen! para animar a sus jefes que tanto rechinan y hasta avergüenzan porque los pegan venga o no venga a cuento.

 

Finalmente decir respecto a esta feria y muy querida plaza que si el 15 de agosto vimos aquí mismo una corrida por todo de lujo de Valdefresno que en su día reflejamos y celebramos como mereció, sentimos no poder hacer lo mismo con las que acabamos de ver en la Clausura. Y es que de la presencia del ganado, tanto por defecto como por exceso, se puede hacer responsables a los organizadores. Pero del juego no se puede culpar a nadie y menos a los que las comentamos. Bastante desgracia tenemos todos, empezando por los propios ganaderos, cuando los toros salen mansos, flojos, descastados o las tres cosas a la vez. Pues eso.