José Antonio del Moral
FERIA DE CLAUSURA EN BAYONA
¿CORRIDA DE TOROS O
ESPECTACULAR BESTIALIDAD?
El Fundi,
Domingo López Chaves y Javier Castaño, con la ayuda
de sus respectivas cuadrillas de picadores y banderilleros, sacaron adelante la
corrida más dura y difícil del año con indiscutible valor y profesionalidad ante
un público que no siempre les hizo justicia. La excelente estocada de El Fundi en el cuarto le valió la única oreja del festejo pero
tanto éste como sus compañeros merecieron más atención, respeto y afecto
después de que algunos de los descomunales marrajos fueran fuertemente
aplaudidos en el arrastre.
Plaza de toros de Bayona (Francia). 1 de
septiembre de 2007. Segunda de feria. Tarde soleada y fresca con dos tercios de
entrada. Seis toros de Antonio San Román, sobradamente presentados con tres
descomunales y muy ofensivos. Todos con fuerza en distintos grados de genio,
que no casta, presentando enormes dificultades salvo el segundo que se dejó y
humilló por el pitón izquierdo. Los tres últimos muy especialmente, fueron
infernales y no aceptaron el toreo que los tres espadas intentaron practicar
formalmente hablando. El Fundi (esmeralda y oro):
Pinchazo, otro hondo y descabello, ovación. Buena estocada y descabello, oreja.
Domingo López Chaves (marino y oro): Media estocada
desprendida y cuatro descabellos, silencio tras pitos injustos. Pinchazo hondo caído atravesado, otro
pinchazo, un tercero parecido al de la
primera agresión y dos descabellos, silencio tras algunas palmas tras gran ovación
el toro en su arrastre. Javier Castaño (fuscia y
oro): Dos pinchazos y estoconazo desprendido, ovación
tras otra más al toro en su arrastre. Pinchazo, estocada y descabello, palmas.
Hay gustos para todo y no voy a discutir sobre
si la corrida de ayer emocionó a centenares de personas porque el caso fue que
muchos disfrutaron y salieron encantados con lo visto. Pero lo que sí quiero
decir por lo que respecta a mi personal opinión es que si tuviera que ver todas
las tardes que acudo a los toros espectáculos como el de ayer, yo no sería
aficionado. Como lo soy, solo puedo afirmar que quizá haya que ver de vez en
cuando como en
La lidia, trascurrió así como mera lucha a la
defensiva aunque los tres espadas intentaron torear en el sentido más moderno
del término, lográndolo en escasísimas ocasiones a riesgo, claro estuvo, de
sufrir serios percances y sin contrapartidas artísticas posibles salvo el algún
remate que ejecutaron con lo que se llama torería y donaire. Se cumplió, eso
sí, con lo que anuncian los carteles. Los toros fueron picados, banderilleados y
muertos a espada. Pero faenas no hubo ninguna propiamente dicha. Hubo mantazos
con los capotes, puyazos obligadamente duros, algún derribo y caídas
espectaculares, trasteos sobre las piernas, tragantones, pisotones, carreras,
infinitos sustos y estocadas de todas clases porque algunos toros no se dejaban
matar así como así. Y es que el genio predominó de manera abundante sobre la
casta y los lidiadores tuvieron que aplicarse metidos en el fango del
sufrimiento y del dolor con tanto desprendimiento de sus propias vidas como
eficacia para dar fin a lo que se propusieron en un verdadero zafarrancho de
combate.
Gran parte del público, netamente torista, prefirió el peligro a la nobleza hasta el punto de
que los toros más complicados y difíciles fueron los
más aplaudidos en el arrastre, como cuantos más apuros sufrían los toreros, más
y mejor fueron recibidos y aplaudidos. La lidia decimonónica felizmente
superada que ayer revivió en Bayona para que no se olvide y quede claro hasta
qué punto los ganaderos han logrado el milagro de la bravura y los toreros
aprovecharla hasta grados de increíble por bellísima creatividad.
Los méritos de la terna y los de sus respectivas
cuadrillas fueron incuestionables y, aunque en matices difíciles de exigir,
unos acertaron más que otros, hoy debemos quitarnos el sombrero ante El Fundi, Domingo López Chaves y
Javier Castaño. Valientes sin tacha, luchadores sin cuento, héroes en nada y
por nada afligidos, dignísimos toreros a los que vimos tragarse el miedo como
quien se bebe un vaso de agua mientras los reactores surcaban el cielo en este
ya avanzado siglo XXI.
La veteranía y el oficio de El Fundi, tantas veces puesta de manifiesto, ayer creció
muchos enteros aunque solo en los tercios de banderillas, aparentemente fáciles
por precisos y limpios – sobre todo en el del cuarto toro -, y en su estocada a éste pudo reencontrarse
consigo mismo el de Fuenlabrada. Inaudito fue que
algunos espectadores no entendieran que a su primero tuviera que descabellarlo
tras dos pinchazos porque era materialmente imposible pasar más veces por el
fielato de su buidos pitones so pena de caer atravesado, ni que se desplantara
satisfecho al final de su meritísimo trasteo al cuarto.
De López Chaves decir
que, con el más posible segundo, anduvo técnicamente acertado aunque sin
cruzarse inmediatamente después de cada pase, lo que le impidió ligar más las
tandas y que apenas vendió lo que hizo, mientras que con el violentísimo quinto
sí que dejó claro su coraje porque lo escenificó mejor aunque el público ya
había tomado claro partido por el toro tras el descomunal derribo del caballo y
la tremenda caía que sufrió el picador en el segundo encuentro.
Y de Javier Castaño, que se jugó la vida en sus
dos toros con pasmosa naturalidad e ilimitada entrega. Más brillantemente con
el tercero que con el sexto porque éste último terminó parándose. Fue una pena
que pinchara a los dos porque se mereció triunfar. De todas maneras, fue
impresionante verle buscar la gloria como un naufrago aún a sabiendas de que
podría ahogarse.