José Antonio del Moral
FERIA DE
OTRA TARDE TRIUNFAL AUNQUE
POR RINCÓN Y SERAFÍN MARÍN, QUE NO POR JOSÉ TOMÁS
Con una pareja y
discretamente presentada corrida de Núñez del Cuvillo
que se dejó torear en líneas generales, el maestro colombiano se despidió por
todo lo alto cortando tres orejas y el catalán se vino inesperadamente arriba
con vuelta y dos orejas por valentísimo y certero. Ambos salieron a hombros
tras superar a José Tomás que, pese a su mediana actuación, podría haberles
acompañado de haber matado bien. Lo hizo mal y, aunque se mostró tan firme y estoico
como casi siempre, no resolvió adecuada ni precisamente sus celebradísimas
faenas por lo que recibió un baño profesional de sus colegas entre la decepción
de sus miles de incondicionales que llenaron la plaza y la abandonaron
cariacontecidos aunque inasequibles a cualquier desaliento.
Barcelona. Plaza Monumental. 23 de septiembre
de 2007. Tarde soleada aunque progresivamente nublada y algo de viento durante
la lidia del primer toro. Casi lleno con el cartel de no hay billetes y algunos
asientos sin ocupar en el graderío alto. Seis toros de Núñez del Cuvillo, dignamente presentados en lote muy parejo aunque
con distinto pelaje y alguna desigualdad respecto a sus cabezas. Bajaron en
volumen el primero que se tapó por la cara y el tercero. El más serio con mucho
fue el sexto. Dieron juego desigual e incompleto aunque en general noble por
uno u otro pitón. Huidizo el primero que fue el más fácil y lucido. Noble, algo
soso y finalmente aplomado el segundo. Sin
clase el tercero aunque mejor por el lado derecho. Trasmitió mocho por
el pitón derecho el cuarto, bastante menos claro por el izquierdo. Muy noble
aunque sin repetir por el izquierdo el quinto que presentó dificultades por el
derecho. Y díscolo aunque finalmente posible por el pitón derecho el sexto.
César Rincón (rosa y oro): Estocada recibiendo, dos orejas. Estoconazo
perdiendo la muleta, oreja y apoteósica vuelta por su despedida. José Tomás
(grana y oro): Dos pinchazos y dos descabellos, tibia ovación. Dos pinchazos,
otro hondo y dos descabellos, aviso y vuelta para satisfacer a sus
incondicionales. Serafín Marín (púrpura y oro): Pinchazo hondo y descabello,
aviso, ligera petición y vuelta al ruedo. Gran estocada, dos orejas. Rincón y
Marín salieron a hombros. Los tres espadas fueron obligados a saludar tras el
paseíllo y Cesar Rincón recibió entre ovaciones una placa conmemorativa de la
efeméride.
La pólvora la cargan los diablos y los estoques de matar a
los toros, también. De ahí que se esfumara el previamente asegurado triunfo de
José Tomás en la última corrida de la corta aunque intensa campaña de su
reaparición. Porque nadie podrá dudar que, de haber matado simplemente pronto a
sus dos toros, el de Galapagar hubiera salido a hombros. Pero lo que casi nadie
esperaba es que los que sí salieron y, además, con todo derecho fueron Cesar
Rincón y hasta Serafín Marín que actuó para sustituir a José María Manzanares y
se arrancó por peteneras rompiendo el cuadro en pedazos. Y el caso fue que tan
inesperado cambiazo no se produjo por culpa de los toros ni, por supuesto,
porque a Tomás le faltara ese clímax que solo se produce en las plazas cuando
torea él. Se reprodujo y de qué modo…
Reconozco al respecto que solo por comprobar la idolatría que
profesan a José Tomás la mayoría de los que van a verle, merece la pena pagar
el precio de la entrada. Jamás torero alguno gozó de tanta y tan rendida
admiración y aquiescencia. Si torea porque torea, si se pasea sin medida ni tiempo
porque así es él. Si le enganchan la muleta los pitones de los toros, porque
esta falta es una virtud más que le adorna. Si cita por fuera porque nadie se
da cuenta y si se cruza porque todos lo advierten, cosa que no ocurre cuando lo
hacen los demás. Un caso digno de estudio este extraño fenómeno de masas y de
medios propagandísticos sin parangón que nos ha regalado la madre naturaleza.
Y así una tarde y otra y otra. Y así, después, con lo que se
escribe y se dice de él esté como esté. Aunque no por lo que puede verse en los
vídeos que también proliferan y que, por cierto, casi todos dejan en evidencia
al torero y en el mayor de los ridículos a sus panegiristas. Se explica por eso
que Tomás no quiera de ninguna manera que le televisen sus corridas y hace bien.
De haberlo consentido, ayer hubieran visto y oído los
telespectadores la pobre presentación de su primer toro, la escasísima fuerza
que tuvo – fue protestado con palmas de tango por algunos atrevidos - y su
bobalicón embestir por el lado derecho. No anduvo mal Tomás con el capote –
tampoco para volverse loco como la mayoría – ni fue un desastre su inacabable
faena. Pero sí premiosa hasta aburrir. Continua y sucesivamente paseada,
entrecortada, ensimismado el personaje consigo mismo hasta provocar que alguien
le gritara “!menos pasear y más torear¡”. Cuando la
banda de música atacó un pasodoble, muchos la mandaron callar para disfrutar
mejor de lo que llaman los eternos silencios de José Tomás. Otra ridiculez que
no ocurre con nadie salvo con el “divino”. Pero claro, uno no se deja
hipnotizar, toma notas y cuento al final. De cuarenta y cinco pases, incluyendo
las inevitables manoletinas, venticinco limpios y
veinte enganchados. Y como para mí el temple sigue siendo muy importante,
dictamino: Se le fue el toro y aún más por pinchar.
También los supuestos telespectadores hubieran podido ver
luego que con el quinto anduvo inspirado y lento con el capote en algunas
verónicas del recibo, así como en un precioso quite por faroles que remató con
una gaonera y larga sensacional. Que Serafín Marín le replicó con una tanda de
gaoneras bastante mejores que las que suele dar el de Galapagar, y que en la
faena de muleta que inició en los medios con estatuarios y continuó con
naturales sueltos más limpios que los que suele recetar, se empecinó en torear
después con la derecha, lado por donde el toro no iba ni obedecía igual y que
lo hizo tan quieto y tan a merced del animal que por poco se llevó el torero un
par de revolcones entre los gritos y los suspiros de alivio de los
espectadores, encantados y a la vez electrizados por la tremendista impavidez
del sumo hacedor. Sustos propios y ajenos que le llevaron a cortar
repentinamente el trasteo en vez de volver al natural y resolver
contundentemente lo que buscaba, triunfar. Pero alarmado por cómo podría entrar
a matar pasando el peor pitón, no se confió con la espada y otra vez se le fue
una segunda y definitiva oportunidad. En fin, que qué le vamos a hacer. Y que
el año que viene, Dios dirá.
También fue – había sido – cierto que Cesar
Rincón acababa de cuajar su tarde más redonda de esta temporada de su
definitivo adiós. Extraordinario anduvo con el primer toro. Sensacional en un
quite por ajustadísimas y a pesar de ello limpias chicuelinas
en su réplica a las sucias gaoneras en otro anterior quite de Tomás. Y un toro
con el que, por irse de naja tras cada tanda, Cesar pudo citarlo para cada una
desde lejos como tanto le gusta y él domina como nadie en esta distancia. Muy
torero, inspirado y acoplado en cada reacción de su oponente que mató en la
suerte de recibir, abriendo la tarde con dos orejas y la puerta grande
asegurada. Ratificó Cesar su gran triunfo con otro menor aunque más meritorio
porque el cuarto toro no fue igual y tuvo que apostar muchísimo hasta sacarle
partido con la mano derecha con la que anduvo otra vez sensacional. Otra
estocada certera y otra oreja. Y una ovación indescriptible para despedirle
tras la vuelta al ruedo. Encantador estuvo el público con Cesar Rincón y él
entregado y emocionado con tan merecido homenaje.
El colmo triunfal lo consumó contra todo pronóstico
Serafín Marín quien, lógicamente animado por sus paisanos, no se contentó con
este apoyo sino que se entregó por entero a lo que tanto le hacía falta,
triunfar junto a dos grandes y salir a hombros. Un poco nervioso anduvo con el
tercer toro que empezó rehusando la pelea y terminó sometido a la muleta del
catalán por el lado derecho. De haber doblado tras el pinchazo hondo… Necesitó
descabellar y como tardó Serafín en que descubriera para despenarlo y encima
sufrió un desarme al intentarlo la primera vez, se enfriaron los ánimos que
acababa de calentar.
Pero con el más serio e imponente sexto no se
enfrió nada. Ni el toro en su díscolo y en principio incontrolable embestir, ni
el torero rehecho y más decidido que nunca, ni el público ya decantado a favor
del lidiador local como no podía ser menos. Y de menos a muy más transcurrió la
faena que fue grande y enormemente meritoria en su tramo final por redondos
completamente arrebujado y acoplado con el toro que murió raudo después de las
manoletinas más ceñidas y emocionantes de la jornada. Inmensamente feliz para
Cesar Rincón y para Serafín Marín y francamente decepcionante para Tomás y,
sobre todo, para sus acérrimos, ayer derrotados sin aviso previo. Bien que me
alegro por lo mucho que me hacen sufrir ellos a mí que no por el torero que no
tiene culpa de que sus adoradores siempre quieran estar por encima de su más
escueta realidad y de las de todo el mundo.