José Antonio del Moral
FERIA DE
OTRA VICTORIA DE
Frente a una buena aunque
desigual corrida de Victoriano del Río, la cátedra muletera
de El Juli, la espectacular variedad de El Fandi y la impactante firmeza de Perera
propiciaron un triunfal espectáculo que pudo ser mayor en resultados de no
haber fallado a espadas el madrileño y el granadino en los dos toros que mejor
anduvieron. No obstante, El Juli con sendas orejas y Perera con tres, salieron a hombros mientras El Fandi tuvo que abandonar la plaza a pié aunque arropado por
las ovaciones del público que llenó los tendidos bajos.
Barcelona. Plaza Monumental. 22 de septiembre
de 2007. Tarde nublada con ligera tormenta durante la lidia del quinto toro.
Media entrada larga con los tendidos bajos casi llenos. Seis toros de
Victoriano del Río bien aunque desigualmente presentados con tres primeros
terciados aunque con cara y otros tres más cuajados y definitivamente serios. Todos
se dejaron torear aunque cada cual con sus defectos. El primero con la cara
alta, distraidito y tardeando. El segundo, soso en la muleta tras cumplir bien
en los primeros tercios y ciñéndose mucho por el lado derecho. El tercero por blandear
y reponer aunque fue el de mayor fijeza. El cuarto por su inicial genio hasta
que fue sometido. El cinqueño quinto por incierto e informal aunque fue el más
encastado. Y el sexto por frenarse a mitad del muletazo aunque luego remataba mejor
los viajes. El Juli (grana y oro): Estocada trasera
algo caída, oreja levemente protestada. Pinchazo, trasera perpendicular algo
ladeada y descabello, oreja. El Fandi (turquesa y
oro): Dos pinchazos arriba y buena estocada, aviso y gran ovación. Estoconazo trasero tardando en doblar, oreja y petición
insuficiente de otra. Miguel Ángel Perera (verde
botella y oro): Estocada desprendida, dos orejas. Pinchazo, media y descabello,
oreja. El Juli y Perera
salieron a hombros. Tras el paseíllo, los tres matadores fueron obligados a
saludar desde el tercio con una cerrada ovación. José Antonio Carretero fue muy
aplaudido tras un par al primero.
Un gran espectáculo que pudo terminar aún mejor en
resultados si El Juli y El Fandi
hubieran matado bien a los dos toros con que mejor anduvieron, tercero y cuarto
respectivamente. El granadino, por ello, fue el único que no pudo salir a
hombros aunque solo por puntos, que no por entrega y disposición. Pero la
suerte suprema lo es por derecho propio y así hay que seguir considerándola. No
obstante, la doble lección magistral de El Juli,
sobremanera en su gran faena al cuarto que fue la mejor de la tarde – una
verdadera cátedra -, la variada espectacularidad de El Fandi
en los dos primeros tercios hasta poner la plaza boca abajo en su primer toro
con las banderillas, y el enorme impacto que causó por su absoluta firmeza el
renovado y ya imparable Miguel Ángel Perera, fueron
motivo más que suficiente para que esta primera corrida de la feria de
Bien pueden estar contentos los organizadores y los
aficionados de Barcelona que también pusieron de su parte un entusiasmo y un
cariño por
La corrida de Victoriano del Río, aunque
desigual, bien presentada y buena con los matices que hemos anotado en la
ficha. Ninguno de los toros fue extraordinario pero los seis se movieron y se
dejaron torear. Luego, cada matador acertó más o menos en sacar con la muleta
lo que llevaban dentro y en esto, desde luego, quien se llevó la palma fue El Juli. Si su primera faena fue un modelo de exactitud
técnica en la que no cometió un solo error a medida que iba resolviéndolo todo,
la segunda fue una cátedra muletera de inmensas
proporciones, tanto por como El Juli sometió el genio
inicial del animal como luego, pase a pase y paso a paso, por como fue
enseñándole todo el alfabeto, deletreado hasta hacerle escribir como si fuera el
mismísimo Cervantes taurinamente hablando. Y a los que contemplábamos la
excepcional obra, también para que unos y otros no fuéramos luego diciendo por
ahí que el toro había sido lo que no fue aunque terminara siéndolo.
El Juli reeditó así su
incomparable toreo por bajo, alargó en circulo los pases hasta más allá de lo
posible, los ligó con limpísima despaciosidad y al
final nos regaló una sobredosis en forma de circulares y dosantinas
sin moverse un milímetro que todos contemplamos en pie, entregados por completo
ante tanto y tan efusivo magisterio. Tomen nota muchos, pues, porque eso es
torear como si el mismísimo Dios bajara del Cielo para hacerlo. Fue una pena que
el prodigio no lo terminara con una estocada perfecta. Pero ahí quedó la
lección per in sécula seculorum.
Esta monumental faena había sido la respuesta a
la primera del renovado Miguel Ángel Perera que
impactó vivamente a cuantos todavía no le habían descubierto en su más fresca
versión aunque ya había presentado tarjeta de visita en un quite por gaoneras
de verdad – no estrelladas – en el toro anterior. Tan quieto como el que más,
tan cerca como el que más y ambas cosas en dosis superlativas aunque, quizá
llevado de su intención en aplastar todo lo aplastable,
cuando se metió materialmente entre los pitones con la muleta en la mano
izquierda, se enredó un poco porque el toro se defendió por arriba ensuciando
el trance. Menos mal que, acto seguido, Perera dio
unas manoletinas citando en cada una desde lejos por lo que, en cada embroque,
muchos saltaron de sus asientos electrizados. La muy bien ejecutada y efectiva
estocada, aunque desprendida, pusieron en sus manos dos orejas y la seguridad
de salir a hombros por la puerta grande.
Lo que no fue óbice para que volviera a
arrimarse como un león con el más complicado sexto en el que también convenció
a la mayoría pese a cometer el error de amontonarse en su cercano y hasta
angustioso torear a un toro que no aceptaba ese sitio ni esa incondicional
quietud porque era un toro para perderle un par de pasos tras cada pase. No le
dio Perera el hueco que pedía y por ello esta faena
no tuvo el mimo impacto que la anterior aunque otra vez al final por bernardinas cambiadas se arregló la cosa y cortó otra oreja
pese al pinchazo que precedió a una media y al descabello que necesitó
después.
Por pinchar dos veces antes de recetar la mejor
estocada de la tarde, perdió El Fandi la oreja que
hubiera necesitado para acompañar a sus compañeros en la salida a hombros. Sin
embargo, por lo que respecta a su variada exhibición con el capote tanto en el
recibo como en su galleo y en el quite, y en un tercio banderillero colosal –
se notó que David Fandila ya los había protagonizado
más veces en Barcelona porque el público estuvo con él – el granadino se llevó
la plaza más de calle en estos primeros tercios que sus dos compañeros. Y eso
siempre se paga en la muleta, sobre todo El Fandi
que, como he dicho muchas veces, con las banderillas los domina y hasta los
agota. De ahí el soso y declinante embestir del noble segundo con el que se
acopló desigualmente aunque también por lo mucho que se ceñía el toro por el
lado derecho y lo altivo que embistió por el izquierdo.
El quinto fue el toro más bravo y encastado de
la corrida pero también el más incierto porque tan pronto se venía al cuerpo
del torero como obedecía a sus toques. A otra vistosa y variada exhibición con
el capote de El Fandi, le siguió un accidentado
tercio de banderillas porque en su segundo par, los palos tropezaron con otro
del primero y uno de ellos golpeó violentamente en el cuello del torero que
salió doliéndose de las cervicales. Pese a ello, colocó otro par de poder a
poder y, tras pedir un cuarto, volvió a fallar nuevamente dolorido y
evidentemente mermado.
Para colmo, empezó a llover y el viento a soplar
mientras El Fandi empezaba su faena de rodillas en
los medios, lo que no arredró al torero que continuó su labor unas veces
acosado por el toro y otras más certero y templado hasta que lo empapó en su
muleta en una magnífica tanda por redondos finalmente ligados que, al igual que
una contundente estocada aunque trasera, resolvieron las batalla con la oreja
que buscó a costa de exponer una barbaridad entre la comprensión de la mayoría
y la incomprensión de sus pertinaces enemigos que, haga lo que haga, le
detestan.